sábado, 13 de marzo de 2010

¿POR QUE FUNCIONAN LAS RELACIONES?

Excelentísimo articulo realizado por Gloria Paz, este ejemplifica el porque del éxito o de el fracaso en las relaciones sentimentales, personalmente lo considero uno mejores que he leído hasta ahora.
Su análisis en mi opinión es muy acertado y es fácil de comprender.
Es un poco largo, pero el tema es recurrente en la vida cotidiana, adicionalmente considero que el tema es de gran ayuda para poder enfocarse en asuntos de vital importancia que no deben quedar al azar.
Su lectura completa es muy recomendada...si esta es realizada con tu pareja, aún mejor.
Disfrútenlo.

Ensalada Filosófica.






Para entender por qué funcionan las relaciones necesitamos entender la dinámica que hace que funcionen tanto como aquella que hace que no funcionen. El psicólogo Fernando Larrea dice que “aunque existen millones de ejemplos de adulterios, engaños, corazones rotos, también hay innumerables situaciones en que las relaciones de pareja duran años o, en muchos casos, toda la vida. Encontrar una respuesta al por qué de estos extremos no es fácil. Una aproximación es la de la funcionalidad de las relaciones o, en otras palabras, para qué sirven. Desde un punto de vista evolutivo, las relaciones de pareja guardan poca semejanza con la idea romántica que nos hemos formado de ellas. Más bien pueden ser claramente definidas como espacios de una guerra entre sexos. Y como cualquier otra guerra, ésta también produce bajas, aunque éstas se cuenten en términos evolutivos, es decir, en la posibilidad de tener descendencia y de que esta descendencia sobreviva y se reproduzca.

En los seres humanos, con su conciencia, simbolismo, memoria social, racionalidad y tecnología, las relaciones de pareja entran en otro espacio, con nuevas dimensiones. Si en vez de la reproducción buscamos el placer físico, si en vez del placer físico buscamos la compañía, si en vez de la compañía buscamos el status social, si en vez de el status social buscamos un ancla psicológica... o si en vez de algunos de estos fines buscamos cada uno de ellos y otros más, ¿no es acaso difícil determinar por qué funcionan ciertas relaciones? No obstante, podemos encontrar ciertas explicaciones generales: si partimos de lo que es funcional, veremos que las relaciones funcionan porque ambas partes consiguen al menos parte de lo que se proponen. Y a veces uno tiene demasiado miedo de perder algo, aunque no sea enteramente satisfactorio, por el riesgo de quedarse sin nada. Por supuesto, muchas relaciones no duran solamente por el miedo de perder algo o por pereza o comodidad de buscar algo nuevo. En estos términos, la gente parecería ser fácilmente reemplazable. Todos son números, una contabilidad de beneficios y perjuicios.

Pero en la vida real, en el mundo interno de cada cual, hay otros factores que cuentan. ¿Qué tan bien nos comunicamos con alguien, qué tanto confiamos en esa persona, qué tanto nos libra de la soledad o da sentido a nuestra vida? Esas son preguntas que son más difíciles de contestar que escribir una lista de los atributos de la otra persona o de las características de la relación. No es que estos elementos no importen, pero no son los únicos que importan. Si analizamos nuestras relaciones nos daremos cuenta de que no son perfectas. Incluso dejando de lado nuestras propias imperfecciones, es fácil llegar a la conclusión de que nuestra pareja no es la persona más guapa, fuerte, inteligente, encantadora, sexy, acaudalada, educada, instruida, considerada, etc., del mundo. ¿Seguimos entonces en esa relación solamente porque sabemos que tampoco somos lo mejor del mundo en nada, o hay más? La verdad es que el amor no es un sentimiento que viene del aire y que un vistazo o unas palabras son suficientes para que aparezca. El amor es algo que se construye, y parte de esa construcción depende del compromiso que uno adquiere y respeta para con la relación. En ese complejo espacio de intercambio vital, el sentirse cómodo, el poder confiar, el comunicarse adecuadamente, el sentir que además uno tiene la oportunidad de amar y cuidar a otro, son argumentos de gran peso para sentir que vale la pena envejecer junto a alguien”.

Ahora, también se puede considerar, en medio de la complejidad de las relaciones humanas de todo tipo, ciertos aspectos que hace que funcionen. Podría hablar directamente sobre el tema en términos concretos y concentrarme en la funcionalidad, pero asimismo considero que, igualmente, se puede tener claro si vamos por el camino de por qué no funcionan las mismas. Esto se debe a que la mayoría de relaciones están más en contacto con aquellos aspectos que causan roce en vez de los que generan armonía. Pero por cualquier vía llegaremos al mismo punto. Puntualmente podría decir que las relaciones funcionan porque hay respeto, amor, sinceridad, confianza, comunicación y espacio. Y no funcionan por la ausencia de una o varias de estas cualidades o por la manifestación de sus contrarios como la violencia (física, emocional, verbal o de cualquier forma), la mentira, la traición, la desconfianza, la posesión, la falta de comunicación y el desamor, entre tantas posibilidades. En tal caso, para sostener esta dinámica de funcionalidad, primero hay que iniciar con uno mismo. Es decir, estas cualidades necesitan estar hábiles y funcionales en la relación de uno con uno mismo antes de que funcionen en las relaciones con otros. Así que primero preguntémonos a nosotros mismos si entendemos lo que es el respeto por uno mismo, el amor por uno mismo. Preguntémonos si somos sinceros con nosotros mismos, si confiamos en lo que somos, si tenemos la suficiente comunicación y espacio para uno mismo. Quedándome solo ahí se puede ver que hay muchos inconvenientes para que funcionen las relaciones con los demás. Para reconocer lo que necesitamos pulir o trabajar en nosotros necesitamos ser, lo que más cuesta a muchos: sinceros con uno mismo. Si no tenemos esta base será muy fácil auto engañarnos y, por ende, será igualmente fácil mentir a diestra y siniestra a los demás. Todo principio de relación, todo principio de vida y existencia parte de la relación con uno mismo para empezar. Es evidente que esta relación con uno mismo está plagada por el adiestramiento social, los prejuicios de qué es bueno y qué es malo, estamos formados por lo que nos enseñan que debemos ser, estamos llenos de miedos y en medio de este aprendizaje, perdimos la noción esencial de lo que realmente somos. Vivimos desconectados de nuestra naturaleza, confundidos entre lo que creemos ser y lo que somos, entre lo que quisiéramos lograr y lo que se espera de nosotros. Vivimos avergonzados de muchas cosas que hacemos y, por eso, las escondemos viviendo muchas veces una doble vida, dando una cara por aquí y otra cara por allá, de acuerdo con las conveniencias de nuestros impulsos desesperados que, en el fondo, están buscando inconscientemente lo que realmente somos. Lama Lobsang dijo: rompe tu propia verdad y podrás verte a ti mismo. El amor nunca piensa. Siéntete. Se tú mismo. Si te ganas a ti mismo lo ganas todo. En gran parte esto significa que necesitamos desaprender lo que hemos aprendido y, de hecho, el reto más grande que tenemos en cada vida es ser uno mismo. La contaminación en que vivimos no solo es atmosférica sino interior. El mismo proceso que se necesita para limpiar la atmósfera lo podemos relacionar con el proceso que se necesita para limpiar el interior. Primero hay que reconocer el problema y luego encontrar los medios para purificarnos. Darle la suficiente importancia al tema es un factor primordial pues, como lo notamos con el ambiente, nos damos cuenta de que existe un problema, pero como aparentemente no impide que sigamos con nuestra rutina, no le prestamos la atención suficiente y silenciosamente nos está acabando. Nos va llenando de enfermedades, de malestares y de una sensación de desolación que va aumentando lentamente con el incremento de la contaminación. Y no hacemos nada porque, aparentemente, es pasable la situación y nos hemos adaptado a vivir en esas condiciones aunque no sean óptimas y lo sabemos. Además requiere que cambiemos nuestros hábitos, restrinjamos nuestras comodidades, trabajemos comunitariamente no solo por el bien individual sino el bien de todos. El ritmo de vida y el tipo de vida moderno no da sino para la satisfacción y la comodidad personal. Por eso, estar dispuestos a buscar soluciones grandes o pequeñas no son nuestra prioridad, porque sabemos que implica cambiar y dejar ir mucho. Igualmente es en el interior. Darnos cuenta del tipo de contaminación que tenemos y sus efectos implica aprender a prestarse atención, aprender a discernir, a conocer lo que sucede en uno y por qué. Esto es más de lo que la mayoría está dispuesta hacer. Entonces, el caos es inevitable. En la medida en que estos cambios no se den en un buen porcentaje, seguiremos todos afectados por esta contaminación pues, si consideramos que un aspecto para que funcionen las relaciones con otros es la transparencia, y nosotros nos engañamos a nosotros mismos por la necesidad de aprobación, de aceptación o amor, tarde o temprano, esa interacción está destinada al fracaso. Aun una relación entre dos personas que se presentan de forma transparente puede no funcionar, pero las consecuencias de esta relación son mucho más benéficas para las partes que si una de las dos personas manejara la situación con mentiras para pretender protegerse. La decepción del engaño es bastante difícil de superar porque la confianza queda quebrantada y eso, una vez perdido, muy difícilmente se puede reconstruir. Ahora, nos cuesta ser transparentes porque estamos contaminados de creencias de qué es lo correcto y lo incorrecto, qué está bien y qué está mal, y como sabemos que para ser aceptados y amados, porque así lo aprendimos, debemos hacer lo correcto y lo bueno, entonces, pretendemos hacer aquello que será aprobado aunque no sea lo natural. Esto de por sí ya crea un conflicto interno que es emanado y percibido por la otra parte aunque en un principio pueda ser disuadido por las palabras correctas de otras personas. Pongámonos a ver cuántas veces decimos cosas porque sabemos que esas son las correctas y, sin embargo, no actuamos de acuerdo con esas ideas. Todos sabemos, por ejemplo, que mentir no es bueno. Aconsejamos a otros y les decimos que no mientan, y a la vuelta de la esquina nosotros estamos mintiendo. La teoría la dominamos, pero vivimos una vida completamente descuajeringada entre lo que sabemos que deberíamos hacer y lo que realmente hacemos. Eso refleja, entre otras cosas, la poca sinceridad que hay en la relación con uno mismo. Refleja que nuestros conceptos de vida no son de fondo sino de forma y que no comulgamos con ellos en la práctica porque, realmente, no los entendemos en nuestro interior. Son teorías que nos transmitieron pero que no las hemos asimilado porque para eso necesitamos contemplarlas, degustarlas, experimentarlas a nivel celular y vivirlas naturalmente. Es muy fácil evadirse a uno mismo, pero eso solo hace que la vida nos estrelle contra el planeta algún rato para sacudirnos por las buenas o las malas.

Según Lama Lobsang: “Si definimos el “principio” como la razón por la que hacemos las cosas o la energía que nos mueve, deberíamos preguntarnos: ¿Cuál es el principio de nuestro trabajo? ¿Cuál es el principio de nuestras relaciones? ¿Cuál es el principio de nuestra vida? Si no conocemos el principio de las cosas perderemos la motivación en el trabajo, en las relaciones y en la vida. Entonces nos encontramos en el camino pero no sabemos si estamos en el camino adecuado. ¿Cómo saberlo? Muy fácil. ¿Es un camino de satisfacción y felicidad? Si es así es el camino correcto, si no es así debemos tener el coraje suficiente para revisar nuestros principios y buscar el camino correcto.
Cuando sepamos que estamos en el camino correcto solo queda mejorar la práctica. En este mundo no vivimos aislados. Nos relacionamos con otras personas. Frecuentemente los problemas que tenemos vienen de estas relaciones. Para tener relaciones satisfactorias que nos llenen de energía en vez de que nos la roben podemos seguir estos 4 pasos:
1. Escuchar con paciencia. Entender la verdad o realidad de la otra persona.
2. Ganarnos con respeto, afecto y atenciones sinceras a la otra persona.
3. Expresar nuestra verdad o realidad.
4. Dar ejemplo. Ser consecuentes con lo que decimos.

Un consejo difícil de aplicar es: “Hacer lo que ya sabemos que debemos hacer y dejar de hacer lo que sabemos que no debemos hacer”. Lo que realmente debemos hacer aunque implique una pequeña dificultad hay que hacerlo. En caso contrario se generará una gran dificultad. De la misma forma lo que NO debemos hacer, aunque nos aporte una pequeña felicidad, no debemos hacerlo. Porqué se convertirá en una gran infelicidad.

No tengo tiempo. Esta es la frase preferida en occidente. ¿Por qué no tienen tiempo? Probablemente porqué invierten tiempo en cosas que no deberían y entonces no queda tiempo para lo realmente importante y significativo en nuestras vidas. Podemos hacer un STOP en el camino y preguntarnos en qué cosas invertimos tiempo.”

Alguna vez, durante un taller sobre relaciones y comunicación que dicté, comenté que muy posiblemente la relación más importante en nuestras vidas podría ser nuestra pareja pues, de ser como creemos que son las relaciones de pareja, se trata de la persona con la que compartimos la mayor parte de nuestra vida de una forma más íntima. Pero, nos sucede que cuando ya la tenemos la descuidamos por completo. En muchos casos, basta tener una pareja para ir en busca de otras más. ¿Qué es lo que realmente buscamos en una pareja? ¿Qué buscamos en una amistad? ¿Qué buscamos en una relación? Está claro que la interacción con cada persona es diferente, es decir, la relación entre A y B no puede ser la misma que la relación entre A y C o B y C. Cada relación es única y eso genera diferentes expectativas, necesidades, deseos, intenciones y sentimientos. Sin embargo, en cada uno de nosotros, hay algo constante que buscamos a pesar de que la dinámica sea diferente con cada persona. Eso que buscamos a pesar de las diferencias necesitamos que sea claro para nosotros. Y no solo claro en cuanto a requisitos sino en cuanto a la capacidad para ser aquello que buscamos en otros. Nuevamente, aquí es más fácil conocer la teoría que realizar la práctica.

Volvamos a los puntos principales que he topado:

RESPETO
Pensemos qué es el respeto. ¿Qué tanto vivo el respeto en mi vida? ¿Qué entiendo por respeto y cómo lo manifiesto en mis relaciones, en mi vida? La teoría es muy fácil. La verdad es que todas las características mencionadas están enganchadas la una con la otra. El respeto, el amor, la sinceridad, la confianza, la comunicación y el espacio están todos unidos y hablar del uno sin la presencia del otro es como caminar con una sola pierna. Posible es, pero no es el estado natural. Según el diccionario de la lengua española, respeto es una veneración o acatamiento que se hace a uno. Es una consideración, una deferencia. Hay personas que respetan a otras por admiración, por liderazgo y quizás, para ejercer el verdadero respeto, necesitamos aprender a no juzgar. Podemos decir: respeto tu forma de pensar, pero en el fondo, sentimos un desagrado o disgusto por la diferencia de los conceptos y eso nos hace repudiar a la persona. Entonces eso no es respeto, son palabras políticas para evitar confrontaciones o problemas adicionales. ¿Se puede respetar a alguien aun cuando exista diferencia de opinión? Se podría en la medida en que no se sostenga resentimientos o actitudes de rechazo. Eso reflejaría la consideración que se le tiene a alguien. Respetar puede implicar dar espacio y guardar silencio en momentos difíciles. Existe, sin duda, un respeto óptimo al que se puede llegar, y cuando se lo comprende de fondo, el respeto es un estado de conciencia como lo serían las otras cualidades a las que me refiero. Al final del camino, todas las cualidades son una y la misma y pueden resumirse en AMOR, no amor. Llegar a ese punto puede costar algunas vidas, así que entretanto sería bueno dedicar un par de semanas a la contemplación del respeto en nuestras vidas para conocerlo mejor.

AMOR
Hablar del amor es algo muy delicado, no tanto por el tema como tal sino por las miles de interpretaciones y sentimientos que evoca los diversos rangos de amor. Lama Lobsang dice: Quien conoce el amor lo conoce todo, quien llega al amor no le hace falta ir a ningún lugar, quien tiene amor lo tiene todo. El amor no se compra ni se vende, TODOS TENEMOS AMOR. Sólo hace falta hacernos conscientes de este tesoro guardado en nuestro interior y compartirlo. Dar y recibir amor. De hecho, esta apreciación del amor de Lama Lobsang está muy distante de lo que la mayoría de nosotros entendemos por amor. La verdad es que nosotros confundimos el deseo con el amor. La mayor parte de la humanidad apenas está entendiendo la noción de amor relacionada con la dinámica sexual concentrada en el segundo chakra. Nosotros creemos que amamos, pero la mayor parte del tiempo no es amor sino deseo porque donde hay verdadero amor no hay deseo y eso si que para nosotros no es fácil de entender. Cuando en nuestro sentimiento involucramos el deseo el amor realmente es opacado por las demandas del deseo, la posesión y las necesidades. Esa es la relación que la mayoría tenemos con el amor. El enamoramiento no es amor pero nosotros lo confundimos por sus efectos mágicos. Puede tomar mucho tiempo comprender la verdad del amor del cual habla Lama Lobsang, algo que se relaciona con una cuestión incondicional y que está siempre ahí porque se relaciona con la esencia, no con la personalidad. Igual, nosotros vivimos más desde la personalidad que la esencia, vivimos en el encubrimiento más que la transparencia. Entonces, es desde ahí de donde nos relacionamos con el amor, un amor que marca la diferencia entre te quiero y te amo. Todo pasa, el pasado, el futuro, todo es impermanente. La vida es apenas una oportunidad para despertar y una opción para experimentar lo que todos buscamos y que, mayormente, tememos: el amor. El amor no pertenece a nadie, está ahí para ser descubierto, para ser explorado en sus miltidimensiones y fluye a través del que abra a recibirlo. Hay muchas dimensiones de esta energía maravillosa. La experiencia óptima es el amor incondicional, el amor universal. El amor personal es apenas una pequeña chispa de lo que es, en grandeza, el verdadero amor. Apenas puedo transmitir en pocas palabras algo que sólo puede ser comprendido cuando sea experimentado. Pensemos nuevamente en cómo ha funcionado el tema del amor en nuestras vidas. ¿Qué consideramos que es el amor? ¿Qué tipo de amor es el que buscamos y por qué? ¿Qué tan desprendidos somos en el tema afectivo? ¿Qué tanto realmente aceptamos a otros y les dejamos ser?

SINCERIDAD
La sinceridad es el bloque constructor de la confianza. Todos esperamos encontrarnos con personas sinceras porque, en parte, nos da tranquilidad y estabilidad pero sobre todo la sinceridad nos permite la libertad de ser lo que somos. Sin embargo existen más problemas con la sinceridad que con la mentira porque la gente quiere escuchar lo que quiere y, por eso, prefiere que se le diga una mentira a que se le diga una verdad. No estamos listos para manejar la verdad porque la tememos. La mentira es más fácil de manejar porque como sabemos que no es entonces, aparentemente, es más ligera. Pero lo ligero se vuelve pesado y lo pesado ligero. A cuanta gente he escuchado decir que prefieren no saber qué hacen sus parejas a sus espaldas porque vivir en la ignorancia es vivir en la felicidad. Sin embargo, que terrible es estrellarse contra el planeta por la decepción al descubrir que la persona amada solo miente. La confianza y la sinceridad van de la mano sin duda alguna. La confianza es necesaria para que las cosas fluyan en una relación. Imagínense lo que es vivir con una persona a la que no se le tiene confianza. Esto genera una cantidad de sentimientos de miedo e inseguridad que no haría agradable la convivencia. La sinceridad promueve la confianza y la confianza estimula la sinceridad. Nuestra naturaleza nos hace confiar en los demás. De hecho hay gente que no confía, pero si eso se da es por alguna experiencia aprendida más que porque no es parte de lo que somos por naturaleza. Así que preguntémonos que tan sinceros somos en nuestras relaciones. Preguntémonos qué pretendemos con las mentiras; qué tanto confiamos en las personas más cercanas a nosotros, sea pareja, amigos, familiares y, por que no, comparemos la sensación de confianza y sinceridad que despliega una relación versus otra. Así quizás podamos identificar cuales relaciones valen la pena y cuales no. Ahora, si entendemos lo que es tener confianza en uno, si somos sinceros con nosotros mismos, cualquier mala experiencia con otras personas puede ser superada con mayor facilidad que si dependemos de los demás para cualquier decisión en nuestras vidas. Confiar en uno no implica que no nos equivoquemos o que cometamos errores o que tengamos una apreciación equivocada de otra persona. Aun cuando hayamos aprendido a ver con el corazón en vez de los ojos, nos podemos equivocar en el manejo de lo que sabemos. Aun cuando nuestra apreciación interior sea correcta, si las personas no están alineadas entre lo que son por dentro y como se comportan en la vida, las acciones provocan reacciones. Pero tener la base de una buena relación con uno mismo es elemental para salir adelante de los golpes de la vida. Esto nos permite aprender a ser gentiles con uno mismo ya que, estos aspectos no están separados del amor. El amor es como el Sol y las cualidades en mención más otras serían como los planetas que giran alrededor y dependen del Sol para la vida.

LA COMUNICACIÓN
La comunicación es la base de cualquier interacción. Si bien hay gente que tiene dificultad para comunicarse, su esfuerzo puede demostrar que no se necesita decir mucho para llegar con un mensaje claro, directo y sincero. La palabra no es la única forma de comunicación pero es la más utilizada. Lo óptimo sería que todos tengamos claro el significado de lo que queremos transmitir y que lo podamos hacer con total honestidad, sino mejor que no haya pronunciamiento. Sin embargo, ese no es el caso para la mayoría, sobre todo porque hablamos por hablar y decimos lo que sabemos que se debe decir pero solemos no ser consistentes con nuestros actos. La mayor parte de nosotros, cuando hablamos, decimos cosas que han sido inculcadas pero no que han sido experimentadas a cabalidad y de forma claramente interna en nosotros mismos. Nos queremos convencer de algo por necesidad y para conformar con lo aprendido, pero si lo que se aprendió y lo que fluye naturalmente en uno no van muy de la mano, esto generará grandes conflictos entre la parte consciente y la inconsciente. Entonces, volvemos a que la primera comunicación que necesitamos comprender es la de uno con uno mismo. Es más fácil escuchar a otros que a uno mismo y ahí radica gran parte de nuestros problemas porque al no escucharse a uno mismo no hay cabida para la confianza en uno, para el discernimiento y la sinceridad, y tampoco hay espacio para el amor ni el respeto. Entonces, consideremos que tan buena es la comunicación con uno mismo. ¿Por qué no puedo comunicar lo que pienso, lo que deseo, lo que quiero? ¿A que se debe la fluidez en la comunicación? ¿Qué hace que la comunicación se bloquee o que no fluya? ¿Qué hace que la comunicación fluya? Observa, escucha, presta atención y quizás puedas descubrir la magia y el poder de la comunicación.

EL ESPACIO
Si las personas no podemos darnos un espacio para nosotros mismos, jamás vamos a comprender con claridad la relación con uno mismo ni con los demás. Las relaciones pueden ser sofocantes si no nos damos nuestro espacio. Necesitamos espacio para desarrollarnos, para conocernos, para estar en silencio, para disfrutar de nuestra propia compañía, y la falta de esto puede ser uno de los motivos por los que muchas relaciones no funcionan. ¿Cuánta gente hay que deja de hacer lo que le gusta para adaptarse a su pareja? ¿Que por miedo a perderla prefiere renunciar a si misma? ¿Es eso lo que hay que hacer? Y si no, ¿entonces por que lo hacemos? ¿Es esa una señal de amor o de necesidad? ¿Por qué le tenemos miedo a estar solos? ¿Cuál es la diferencia entre la soledad y darse un espacio para uno mismo?

Me he concentrado en aspectos que hace que funcionen las relaciones, y para entender mejor este tema también habría que considerar aquellos aspectos que hace que no funcionen pero ese es tema para otra oportunidad. Espero que puedan darse tiempo para contemplar estas cualidades (y otras más) en sus vidas hasta que estén completamente comprendidas, claras y realizables de forma natural.

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