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domingo, 5 de julio de 2026

El síndrome de la esposa que se retira.




Uno de los patrones más preocupantes con los que nos hemos encontrado últimamente, incluso entre nuestros colegas, no es el de la mujer que acude a terapia buscando salvar su matrimonio, sino el de aquella que busca la validación del terapeuta sobre "por qué deberían irse y por qué lo están haciendo". Además, muchas de estas mujeres asisten a terapia sin que sus esposos tengan la más mínima sospecha de que están viendo a un terapeuta. Ellos no saben absolutamente nada al respecto, y la mujer prefiere mantenerlo en "secreto".

Lo que hemos notado es que algunos cónyuges, especialmente las esposas, entran a terapia no para reparar su matrimonio, sino para construir un caso que justifique abandonarlo, y los terapeutas tienen el deber ético de no convertirse en defensores de narrativas unilaterales. Por eso hacemos preguntas... muchas preguntas...

Estas mujeres declaran sufrir abuso emocional, negligencia y maltrato, pero cuando llega el momento de sustentarlo con pruebas, no hay casi nada. Lo que surge en su lugar es un catálogo de descontentos: "Trabaja demasiado, tiene dos empleos, yo me quedo en casa con los niños, ya no soy feliz, necesito encontrarme a mí misma fuera del matrimonio... El sexo ya no me satisface, o incluso, he conocido a este otro hombre...". Y la lista continúa...

Siento escalofríos.

Porque nos damos cuenta de lo que está ausente en esa lista: el miedo, el control y el daño no forman parte de la ecuación. Lo que está presente es una mujer que mide su matrimonio frente a un ideal romántico que ningún matrimonio real ha podido sostener jamás, tratando la brecha entre la fantasía y la realidad como motivos para la demolición. Luego hablan de los trámites en los que ya han estado trabajando en silencio, especialmente en lo que respecta a las finanzas, la custodia de los hijos, la pensión alimenticia, los bienes, entre otros...

Esta es la verdad que pocos están dispuestos a publicar: el descontento no es abuso. Un hombre que se agota en dos trabajos para proveer a su familia no es un agresor ni está ausente intencionalmente. Puede que sea un compañero imperfecto, a veces ausente, pero no es el villano de esta historia, y retratarlo como tal no es simplemente deshonesto, es una profunda injusticia.

Hemos olvidado lo que el matrimonio debía ser.

En algún momento del camino, dejamos de ver al matrimonio como un pacto que transforma a dos personas en algo más grande que ellas mismas, y comenzamos a tratarlo como una relación que existe principalmente para satisfacer las necesidades emocionales del individuo. La pregunta cambió de "¿Cómo nos mantenemos fieles a lo que prometimos?" a "¿Sigo recibiendo lo que necesito?". Ese sutil cambio ha transformado la arquitectura misma del matrimonio.

Durante la mayor parte de la historia humana, el matrimonio se entendió como un compromiso de por vida orientado hacia la santificación mutua, la formación del carácter, la crianza de los hijos, la estabilidad de las familias y el florecimiento de la sociedad misma. El amor nunca se redujo a un sentimiento que aparecía o desaparecía según las circunstancias. Se entendía como una disciplina de la voluntad, expresada a través de la fidelidad, el sacrificio, el perdón, la paciencia, la responsabilidad y la perseverancia. La felicidad solía ser el fruto de ese compromiso, pero nunca su fundamento.

En la cultura moderna se nos ha enseñado a interpretar la incomodidad como incompatibilidad, el sacrificio como opresión, el conflicto ordinario como disfunción y las etapas de insatisfacción como evidencia de que nos casamos con la persona equivocada. En lugar de preguntarnos cómo ser un mejor esposo o esposa, nos preguntamos cada vez más si nuestro cónyuge nos sigue ayudando a "encontrarnos a nosotros mismos fuera del matrimonio".

Sin embargo, el matrimonio nunca fue diseñado para ser una búsqueda perpetua de uno mismo. Es uno de los lugares primordiales donde el ser se pule y refina.

Todo matrimonio duradero se enfrenta eventualmente a la decepción, los malentendidos, las expectativas no cumplidas, el cansancio y el sufrimiento. Estos no son signos de que el pacto ha fracasado. Son las condiciones ordinarias a través de las cuales se cultivan virtudes como la humildad, la fidelidad, el coraje, la paciencia, la generosidad y la misericordia. El carácter rara vez se forma en la comodidad. Se forja al permanecer fiel cuando permanecer fiel cuesta algo.

Esto no significa que debamos aceptar jamás el abuso genuino, la violencia o la traición persistente. Pero tampoco debemos confundir las cargas ordinarias de la vida matrimonial con evidencias de que el pacto en sí ha dejado de ser válido.

No toda etapa de distancia es negligencia. No todo desacuerdo es incompatibilidad. No todo sacrificio es opresión.

Quizás la mayor tragedia de nuestra época no sea simplemente que los matrimonios se estén terminando. Es que hemos olvidado para qué sirve el matrimonio. Quizás lo que muchos matrimonios necesitan hoy no es un nuevo cónyuge. Quizás lo que necesitan es recuperar la comprensión del matrimonio en sí.

En el momento en que permitimos que el "no soy feliz" o el "quiero encontrarme a mí misma" se disfracen de "estoy siendo abusada", no estamos empoderando a las mujeres; de hecho, estamos insultando a cada mujer que carga con heridas reales y que tuvo que luchar para que le creyeran.

Y la salida, cuando llega, rara vez es espontánea. Está planeada.

La "esposa que abandona el barco" (walkaway wife) ensaya su partida y acumula validación para una decisión que ya ha tomado. Viene pidiendo que se redacten y firmen documentos, papeles preparados de manera silenciosa y rápida, para que la separación avance a su propio ritmo y bajo sus propios términos: la custodia, los bienes, la manutención, todo posicionado antes de que el esposo siquiera entienda que su matrimonio está llegando a su fin.

Esta no es una mujer que huye del peligro. Esta es una mujer que diseña una salida con la máxima ventaja y la mínima responsabilidad, pidiendo prestada la autoridad moral del victimismo para santificar una elección que, en su raíz, se debió a su propia "infelicidad".

Nada de esto disminuye la realidad del abuso genuino. Yo misma y mi madre vivimos verdaderamente una violencia doméstica severa. Quienes la sufren merecen cada protección que podamos construir, y es exactamente por eso que esa palabra no puede ser devaluada por quienes la usan falsamente.

Si una mujer ya no quiere seguir en su matrimonio, esa es su prerrogativa. Pero que se haga cargo de ello. Que diga claramente: "Ya no quiero esta vida", y que se marche con su integridad intacta, en lugar de fabricar un monstruo para justificar su partida, instrumentalizando sistemas construidos para proteger a los verdaderamente vulnerables, y quedándose de pie sobre las ruinas del nombre de un hombre, de su hogar y del respeto que sus hijos le tenían, llamando a eso liberación.

El síndrome de la esposa que abandona el barco no es, en última instancia, una historia sobre hombres malos. Es una historia sobre lo que sucede cuando una cultura premia el victimismo con tanta generosidad que, para algunos, resulta más fácil adoptar el lenguaje de la opresión que asumir la responsabilidad de sus propias acciones. La tragedia no es simplemente que los matrimonios terminen. Es que la verdad misma se convierte en una de las víctimas.

viernes, 15 de mayo de 2026

La visita de Donald Trump a China

La visita de Donald Trump a China ocurre en medio de un reacomodo geopolítico mucho más profundo de lo que la mayoría de los análisis mediáticos occidentales están dispuestos a reconocer. No se trata solamente de una cumbre diplomática ni de un intento de “reducir tensiones comerciales”. Lo que está en juego es algo bastante más serio: la manera en que el fracaso estratégico de Estados Unidos en Medio Oriente aceleró una crisis más amplia de la hegemonía estadounidense y obligó a sectores fundamentales del capitalismo norteamericano a reconocer, aunque sea parcialmente y de manera contradictoria, que el centro de gravedad de la economía mundial ya no puede organizarse exclusivamente desde Washington. Esa es la verdadera importancia histórica del viaje de Trump a Beijing acompañado por Elon Musk, Jensen Huang de Nvidia, Tim Cook de Apple y representantes de BlackRock, Qualcomm, Boeing, Citigroup, Goldman Sachs y otras grandes corporaciones estadounidenses. No viajaron únicamente porque China sea “un mercado importante”. Viajaron porque la economía estadounidense descubrió que buena parte de su propia reproducción industrial, tecnológica y financiera depende estructuralmente de la infraestructura manufacturera china que durante años intentó debilitar mediante sanciones, guerras comerciales y bloqueos tecnológicos.

Durante décadas, la hegemonía estadounidense descansó sobre una combinación extraordinariamente eficaz de poder militar global, centralidad financiera basada en el dólar y superioridad tecnológica-industrial. La caída de la Unión Soviética permitió además que esa arquitectura funcionara sin rival sistémico real durante aproximadamente treinta años. Washington podía imponer sanciones, lanzar guerras, controlar rutas energéticas y disciplinar gobiernos sin enfrentar costos equivalentes dentro de su propio territorio.
Sin embargo, el ascenso chino comenzó a modificar gradualmente esa ecuación porque mientras Estados Unidos profundizaba un modelo cada vez más financiarizado —donde enormes segmentos de capital se desplazaban desde la producción material hacia la especulación financiera y tecnológica— China utilizó precisamente la globalización neoliberal impulsada por Occidente para construir la mayor plataforma manufacturera del planeta. Y aquí aparece una de las contradicciones más fehacientes para el discurso liberal contemporáneo: el proceso de industrialización más exitoso de las últimas décadas no fue dirigido por el libre mercado desregulado, sino por un modelo híbrido donde aproximadamente la mitad de la economía permanece bajo propiedad o dirección estatal y donde el Partido Comunista conserva capacidad real para orientar el crédito, definir las prioridades industriales nacionales, subsidiar los sectores estratégicos y planificar el esarrollo tecnológico a largo plazo.

Mientras en Occidente se repetía obsesivamente que la intervención estatal era un obstáculo para la eficiencia económica, China construyó cadenas industriales completas, infraestructura logística gigantesca, refinación química avanzada, sistemas ferroviarios de alta velocidad y capacidad tecnológica suficiente para representar hoy aproximadamente un tercio de toda la producción manufacturera global, superando combinadamente las capacidades de Estados Unidos, Japón, Alemania y Corea del Sur.

Eso explica por qué la estrategia estadounidense de “desacople” terminó encontrando límites materiales mucho más severos de los que prometían los discursos ideológicos de Washington. Ha sido común a ambos partidos y por tanto distintas administraciones estadounidenses —Obama, Trump y Biden incluidos— insistieron en trasladar cadenas de suministro fuera de China mediante estrategias de “friendshoring” hacia India y otros aliados. Sin embargo, cuando las corporaciones intentaron reubicarse descubrieron algo que resulta central para entender el momento actual: China no es simplemente una fábrica gigantesca que pueda reemplazarse fácilmente trasladando plantas a otro país con salarios bajos. China concentra proveedores especializados, redes industriales integradas, infraestructura energética, refinación de minerales críticos, disponibilidad logística y una densidad manufacturera prácticamente imposible de reproducir en el corto plazo. 
Apple por ejemplo, descubrió rápidamente que mover parte significativa de su producción fuera de China implicaba costos enormes y aún más enormes dificultades técnicas. Tesla, a pesar de la glosolalia de su infame CEO, sigue fabricando más de la mitad de sus vehículos eléctricos en Shanghái. Nvidia vio cómo las restricciones tecnológicas impulsadas por Washington destruyeron gran parte de su acceso al mercado chino, empujando simultáneamente a Beijing a acelerar el desarrollo de producción nacional de semiconductores. Es decir: la guerra tecnológica diseñada para contener a China terminó obligando a las corporaciones estadounidenses a presionar directamente a la Casa Blanca para moderar parcialmente la confrontación porque comenzaron a percibir que el conflicto amenazaba también sus propios márgenes de acumulación.

Sin embargo, el viaje de Trump no puede entenderse únicamente desde la relación bilateral con China porque el verdadero detonante inmediato del reacomodo fue el fracaso estratégico estadounidense en Medio Oriente. Desde su triunfo en la guerra del Golfo en los ochenta, Washington mantuvo control decisivo sobre la región no solamente mediante bases militares o superioridad aérea, sino mediante una arquitectura política donde las monarquías del Golfo aceptaban la tutela estadounidense porque la percibían como garantía de estabilidad regional y supervivencia interna. La guerra contra Irán comenzó a fracturar esa lógica. El bloqueo del Estrecho de Ormuz —por donde transitaba aproximadamente el 20% del petróleo mundial— provocó una crisis energética gigantesca: el precio del crudo se disparó, los costos de gasolina aumentaron brutalmente en Estados Unidos y la inflación volvió a acercarse al 14%, prácticamente el doble del objetivo oficial de la Reserva Federal.

El impacto político de esto fue enorme porque la economía estadounidense depende estructuralmente del transporte carretero y del automóvil privado, y cuando aumenta el precio del combustible, aumenta simultáneamente el costo completo de circulación de mercancías, alimentos y bienes básicos. Trump, que había llegado nuevamente al poder explotando el descontento popular derivado del deterioro material y prometiendo restaurar prosperidad para la clase trabajadora estadounidense, terminó enfrentando exactamente el fenómeno opuesto: gasolina más cara, inflación persistente y una nueva presión sobre sectores populares cuyo salario real lleva décadas estancado.

Pero quizá el efecto más importante de la guerra fue geopolítico. Las monarquías del Golfo comenzaron a descubrir que hospedar bases militares estadounidenses ya no necesariamente garantiza protección sino que puede convertirlas directamente en objetivos militares y económicos. Infraestructura petrolera y gasífera valuada en decenas de miles de millones de dólares quedó vulnerable frente a represalias iraníes, mientras Arabia Saudita y otros aliados regionales empezaban a mostrar cada vez más cautela respecto a nuevas escaladas militares impulsadas por Washington. Esto resulta fundamental porque el poder estadounidense nunca funcionó exclusivamente mediante coerción militar directa. Funcionó también mediante la capacidad de convencer a élites regionales de que integrarse al orden norteamericano era rentable y relativamente seguro. Cuando esas mismas élites comienzan a concluir que la relación con Washington puede arrastrarlas hacia destrucción de infraestructura, desequilibrios fiscales y vulnerabilidad regional, la hegemonía comienza a erosionarse desde dentro.

Y precisamente en ese momento China aparece ofreciendo otra clase de relación internacional: comercio, inversión, infraestructura y cooperación tecnológica sin exigir el mismo nivel de subordinación política directa que históricamente caracterizó al orden atlántico liderado por Estados Unidos.

Por eso el ascenso chino resulta tan peligroso para Washington. No solamente porque China produce mucho, exporta mucho o tiene crecimiento tecnológico acelerado, sino porque representa algo mucho más problemático: la posibilidad de que el Sur Global observe un modelo de desarrollo exitoso relativamente independiente de la tutela occidental. China pasó de ser uno de los países más pobres del planeta hace aproximadamente 75 años a convertirse en potencia manufacturera, tecnológica y financiera sin recibir un equivalente al Plan Marshall ni integrarse subordinadamente al núcleo geopolítico estadounidense. Eso tiene consecuencias ideológicas enormes porque durante décadas Occidente presentó su propio modelo como única ruta viable hacia modernización y prosperidad. Hoy muchos países de Asia, África y América Latina observan una realidad distinta: mientras Estados Unidos enfrenta desindustrialización parcial, polarización política extrema, captura oligárquica del aparato estatal y deterioro relativo de infraestructura, China aparece construyendo puertos, corredores logísticos, redes ferroviarias, proyectos energéticos y nuevas plataformas multilaterales como BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái. El problema para Washington no consiste únicamente en perder mercados, consiste además en comenzar a perder capacidad de organizar imaginarios globales de desarrollo alrededor de sí mismo.
Y ahí aparece el verdadero significado del nuevo lenguaje diplomático sobre “estabilidad estratégica constructiva”. 

No se trata de una reconciliación ingenua entre potencias ni del fin de la confrontación estructural entre ambas economías. Lo que refleja es algo más contradictorio y más difícil de asumir para las élites occidentales: sectores decisivos del capitalismo estadounidense entendieron que continuar escalando simultáneamente guerra tecnológica, confrontación energética y desacople económico podría terminar dañando más a Estados Unidos que a China. La imagen de Trump llegando a Beijing acompañado por los principales oligarcas tecnológicos y financieros estadounidenses simboliza justamente eso: el reconocimiento práctico de que el país que durante décadas presentó el libre mercado occidental como horizonte inevitable terminó descubriendo que buena parte de su propia capacidad industrial, tecnológica y militar depende de negociar con una economía parcialmente dirigida por un Partido Comunista. Y probablemente esa sea una de las ironías históricas más devastadoras del siglo XXI.



viernes, 16 de enero de 2026

"LA SOCIEDAD DE LA DESCONFIANZA" - Victoria Camps. Un mundo sin dimensión moral.

“LA SOCIEDAD DE LA DESCONFIANZA”, bajo el subtítulo de “Cómo recuperar la confianza en un mundo sin dimensión moral de la política y la vida cotidiana”, es un libro de la filósofa española Victoria Camps, publicado por ARPA Editores en 2025. 

Una sensación de desconfianza caracteriza nuestra época; pero ¿Qué es la confianza? Es la fe en alguien o algo, sea una persona o una institución, esa fe que parece no existir en el campo político y que escasea en la vida diaria. La hipótesis de Victoria Camps es que el origen de la desconfianza surge del extremo “individualismo” actual, una forma de vivir instalada en nuestras sociedades a la que le sobra egoísmo y le falta cooperación. Vivimos en una era de desconfianza, egoísta y carente de dimensión moral. 

Lo que destaca Camps es que este hiperindividualismo se afirma en la libertad, pero en una visión distorsionada del valor de la libertad. Una visión distorsionada que ha dado forma a un sujeto insensible hacia las necesidades ajenas, que solo se ocupa de sí mismo y no se muestra comprometido con problemas que no le afecten directamente. 

No es la versión liberal de la libertad, sino la visión libertaria. Es una idea reduccionista de la libertad que se afirma en el dominio de la sociedad de mercado que habilita a la satisfacción de todos los deseos, sin mayores límites, lo que queda lejos de lo que la filosofía entiende por libertad, en tanto autonomía moral. 

Autonomía moral es la capacidad de elegir y tomar decisiones, pero previa reflexión en torno a una pregunta esencial: ¿qué debo hacer? La libertad en sentido moral parte de la convicción de que ser libre es poder decidir cómo vivir, ser libre significa poder elegir, bien o mal, acertar o equivocarse, con una única limitación: aquello que prohíbe hacerle daño a los demás. A esa posibilidad de elegir entre el bien y el mal lo llamamos “libertad”.


sábado, 25 de octubre de 2025

DiSCURSO DE Byung-Chul Han, AL AGRADECER EL PREMIO PRINCESA DE ASTURIAS en el área de Comunicaciones y Humanidades 2025.



El filósofo, teólogo católico y ensayista surcoreano, fustigó al neoliberalismo y al correlato socio-cultural.

Este es su discurso completo:
Señoras y señores:
Es para mí un gran honor, a la par que una inmensa alegría, recibir tan alta distinción en esta histórica ciudad de Oviedo.
En la Apología, el famoso diálogo de Platón, cuando Sócrates expone su propia defensa después de haber sido condenado a muerte, explica cuál es la misión del filósofo. La función del filósofo consistiría en agitar a los atenienses y despertarlos, en criticarlos, irritarlos y recriminarlos, igual que un tábano pica y excita a un noble caballo cuya propia corpulencia lo vuelve pasivo, y así lo espolea y estimula. Sócrates compara a ese caballo con Atenas.

Yo soy filósofo. Como tal, he interiorizado esta definición socrática de la filosofía. También mis textos de crítica social han causado irritación, sembrando nerviosismo e inseguridad, pero al mismo tiempo han desadormecido a muchas personas. Ya con mi ensayo La sociedad del cansancio traté de cumplir esta función del filósofo, amonestando a la sociedad y agitando su conciencia para que despierte. La tesis que yo exponía es, efectivamente, irritante: la ilimitada libertad individual que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión. Aunque hoy creamos ser más libres que nunca, la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad. Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria, donde todo se regula mediante prohibiciones y mandatos, sino en una sociedad del rendimiento, que supuestamente es libre y donde lo que cuenta, presuntamente, son las capacidades. Sin embargo, la sensación de libertad que generan esas capacidades ilimitadas es solo provisional y pronto se convierte en una opresión, que, de hecho, es más coercitiva que el imperativo del deber. Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. Ese colapso se llama burnout. Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera. Eso es un espejismo de libertad. La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad.

También he señalado en varias ocasiones los riesgos de la digitalización. No es que esté en contra de los smartphones ni de la digitalización. Tampoco soy un pesimista cultural. El teléfono inteligente puede ser una herramienta utilísima. No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos
de los smartphones. 

Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés. No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos. Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación. Las redes sociales también podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía. Tampoco estoy en contra de la Inteligencia Artificial. Puede ser muy útil si se emplea para fines buenos y humanos. Pero también con la Inteligencia Artificial existe el enorme riesgo de que el ser humano acabe convertido en esclavo de su propia creación. La Inteligencia Artificial puede ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas. Por eso, la tarea acuciante de la política sería controlar y regular el desarrollo tecnológico de manera soberana, en lugar de simplemente seguirle el paso. La tecnología sin control político, la técnica sin ética, puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas.

Últimamente he reflexionado mucho sobre la creciente pérdida de respeto en nuestra sociedad. Hoy en día, en cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. Ya no es posible un discurso sobre el que se base la democracia. Alexis de Tocqueville, autor de un famoso libro sobre la democracia estadounidense, ya sabía que la democracia necesita más que meros procedimientos formales, como son las elecciones y las instituciones. La democracia se fundamenta en lo que en francés se llama "moeurs", es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos, como son el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. La política se reduce entonces a luchas por el poder.

 Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos. 

Y el neoliberalismo ha creado ya una gran cantidad de perdedores. La brecha social entre ricos y pobres se sigue agrandando cada vez más. El miedo a hundirse socialmente afecta ya a la clase media. Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas y populistas.
Creemos que la sociedad en la que vivimos hoy es más libre que nunca. En cualquier ámbito de la vida, las opciones son infinitas. También en el amor, gracias a las aplicaciones de citas. Todo está disponible al instante. El mundo se asemeja a un gigantesco almacén donde todo se vuelve consumible. El infinite scroll promete información ilimitada. Las redes sociales facilitan una comunicación sin límites. Gracias a la digitalización, estamos interconectados, pero nos hemos quedado sin relaciones ni vínculos genuinos. Lo social se está erosionando. Perdemos toda empatía, toda atención hacia el prójimo. Los arrebatos de autenticidad y creatividad nos hacen creer que gozamos de una libertad individual cada vez mayor. Sin embargo, al mismo tiempo, sentimos difusamente que, en realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra. Nos invade una sensación de vacío. El legado del liberalismo ha sido el vacío. Ya no tenemos valores ni ideales con que llenarlo.

Algo no va bien en nuestra sociedad.

Mis escritos son una denuncia, en ocasiones muy enérgica, contra la sociedad actual. No son pocas las personas a las que mi crítica cultural ha irritado, como aquel tábano socrático que picaba y estimulaba al caballo pasivo. Pero es que, si no hay irritaciones, lo único que sucede es que siempre se repite lo mismo, y eso imposibilita el futuro. Es cierto que he irritado a la gente. Pero, afortunadamente, no me han condenado a muerte, sino que hoy soy honrado con la concesión de este bellísimo premio. Se lo agradezco de todo corazón.
Muchísimas gracias.

domingo, 5 de octubre de 2025

What is Janteloven?






If you’ve spent any time in Scandinavia, you’ve likely heard of the concept of Janteloven, or the Law of Jante. Known as Janteloven in both Danish and Norwegian, Jantelagen in Swedish, Jante laki in Finnish and Jantelögin in Icelandic, this concept illustrates a social code specific to the Nordic region.


What is Janteloven?



Janteloven’s social code dictates emphasis on collective accomplishments and well-being, and disdains focus on individual achievements. It is an underlying Scandinavian philosophy principle that applies across Denmark, Norway, Sweden, Finland, and Iceland. Understanding Janteloven is paramount to understanding both the history and modern-day cultures of these countries.


The History of Janteloven: Where Did The Law of Jante Come from?

The idea of Janteloven first found its name through the work of Danish-Norwegian author Askel Sandemose in his 1933 book A Fugitive Crosses His Tracks (En Flyktning Krysser Sitt Spor).

In the novel, Sandemoose tells the story of a fictional small Danish town, Jante, where all individuals are expected to subsume their identity to the group. Though he first articulated the concept, Sandemoose argues that this is something that can historically be found throughout the villages and cities of Scandinavia.




Above: Aksel Sandemose formulated the Janteloven which he published in the book “En flyktning krysser sitt spor” A Refugee Crosses his Track in 1933. The novel is part of a long series centered on the author’s alter ego, Espen Arnakke, a sailor from Jante.



The Ten Laws of Jante

Rule 1 Do not to think you are anything special.

Rule 2 Do not to think you are as good as we are.

Rule 3 Do not to think you are smarter than we are.

Rule 4 Do not to imagine yourself better than we are.

Rule 5 Do not to think you know more than we do.

Rule 6 Do not to think you are more important than we are.

Rule 7 Do not to think you are good at anything.

Rule 8 Do not to laugh at us.

Rule 9 Do not to think anyone cares about you.

Rule 10 Do not to think you can teach us anything.


The ten laws of Jante, written by Aksel Sandemose, are a fascinating look at the wide net this pattern of behavior casts across society. Notice that they’re directed at “you,” and refer to “us,” meaning the culture or community at-large.

  


                                   



Janteloven in Scandinavia Today

How does Janteloven play out in Scandinavia today? In an increasingly globally-connected world, do the old cultural rules still apply? The answer is: it’s complicated (isn’t it always?).

A general aversion to trumpeting individual excellence continues to be prevalent across Scandinavian cultures. Both international and domestic media emphasis tends to be on how strong the region – the society – is, rather than on individuals. Health care, welfare, gender equality, design, even happiness; these are the things that stand out when Scandinavia countries reference their strengths, not particular prominent individuals or celebrities.


But, in a capitalist society, those with the means of production also get the credit for success. Though all Scandinavian countries have a socialist welfare model, their economic model is capitalism and increased global trade only underscores the fact. The result is that the Scandinavian countries encourage a system in which individuals strive to be financially and socially successful, while also eschewing the self-promotion that often accompanies this kind of success.

An example of the way Danes have both reinforced and poked fun at Janteloven is the popular Carlsberg campaign: “Probably the best beer in the world.” Ironically, the campaign features one of Denmark’s biggest stars, actor Mads Mikkelsen. As he goofily cycles around Copenhagen, head bobbing while he rides over the cobbled streets, there’s a charming mixture of self-effacement and pride that typically marks Janteloven. The commercial wants to showcase the best of Denmark, including Carlsberg beer, while gently undercutting the compliments. It ends with the biggest undercut of all “probably.”:






Header image by Gerd Arntz.



This article was originally published July 2018.

sábado, 21 de junio de 2025

"LIBERADO DEL PENSAMIENTO ÚNICO" - Maurizio Pallante - La Revolución Cultural de la Espiritualidad



“Liberado del Pensamiento Único” bajo el subtítulo “La revolución cultural de la espiritualidad”, es un libro del ensayista, licenciado en Literatura y activista ambiental italiano,

Maurizio Pallante, publicado en italiano en 2024, y todavía no traducido al español.El autor plantea la existencia de lo que llama “Pensamiento Único” que es el pensamiento dominante de que la única posibilidad del sistema es impulsar el crecimiento económico para apuntalar la ideología del consumismo. A pesar de la intensificación y empeoramiento de los fenómenos climáticos extremos, los partidos políticos, los empresarios, los economistas y los medios de comunicación, siguen preocupados por el crecimiento económico, siendo que el crecimiento económico es la causa de la crisis ecológica, con su necesidad imparable de mayores recursos energéticos. 

Pallante sostiene que existe un Pensamiento Único que considera que el bienestar significa poseer cosas para satisfacer necesidades materiales, pero eso no le da sentido a la vida. El sentido de la vida está en las experiencias existenciales, como buenas relaciones humanas que satisfagan las necesidades emocionales, sentirse importante para alguien que ames, hacer un trabajo al menos algo gratificante, alimentar tu deseo de conocimiento, poder expresar tu sensibilidad artística, al tiempo que vivir en ambientes saludables. 

Las experiencias existenciales más significativas no se pueden comprar, ni son contabilizadas en el PBI. ¿Qué cosa puede romper ese Pensamiento Único materialista que relaciona Crecimiento con Progreso? La espiritualidad, responde Pallante. 

La espiritualidad entendida como la capacidad de descubrir la maravilla contenida en lo ordinario de la vida, la capacidad de percibir los lazos de interdependencia mutua que conecta a los seres humanos entre sí y con la naturaleza. 

La espiritualidad es lo que nos hace perder la noción de espacio y tiempo escuchando una canción, fascinarnos por una pintura, leyendo un libro, o buscando comprender un conocimiento nuevo, o meditando, o rezando en caso de la fe. Después de décadas comienza a resquebrajarse esta estructura cultural que tiende a dirigir toda nuestra riqueza interior a buscar el sentido de la vida en la posesión de las cosas.

lunes, 12 de agosto de 2024

How Much Sex a Person Has Could Be Linked to Their Mortality Risk

Health10 August 2024
ByCarly Cassella
(kali0/Getty Images)


Women who regularly have sex are likely to live longer, according to a nationally representative study in the United States.

The findings are derived from interviews and physical exams of male and female participants between the ages of 20 and 59, conducted as part of the National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES).

In a study led by Walden University public health scientist Srikanta Banerjee, 14,542 adults were asked, "In the past 12 months, about how many times have you had vaginal or anal sex?" Roughly 38 percent claimed to have sex an average of once a week or more.

Even when accounting for education, ethnicity, and socioeconomic status, female participants who claimed to have sex less than 52 times in a year were three times more likely to die from any cause over the five-year study period.

No such association was found for male participants. Yet sexual activity seemed to be particularly important for men – and women – with poor mental health. Participants who had depression and engaged in sexual activity fewer than 52 times in a year were found to have nearly 200 percent higher chance of dying than comparable individuals without depression, while just 75 percent higher chance for those who had sex more than 52 times a year.

The findings build upon the result of another recent study which found a similar association using different years of the NHANES survey. This analysis combined male and female participants together, however, and didn't take into account the exacerbating impact of depression.

Depression on its own has been linked with an increased risk of premature death, and women are twice as likely to suffer from depression as men.

Previous studies have shown that partnered sex is good for the mental and physical health of both males and females, improving cardiovascular health, reducing distress, boosting happiness and well-being, and protecting brain health.

Even solo sexual behaviors, like masturbation, have documented health benefits, including reduced stress, improved sleep, and boosted mood.

But at this point, no one knows how different types of sexual activity may influence a person's long-term health outcomes. Even in this study, the nature of the sexual activity isn't detailed, with authors conceding the inclusion of a sexual satisfaction subscale could overcome study limitations in the future.

"There is mounting interest in understanding how precisely sexual health affects overall health," write the study's authors.

"Although the connections between physical health, social determinants of health, mental health, and poor health are well known, there is a paucity of research regarding the connection between sexual health and long-term mortality outcomes."

Clearly, there is still much left to learn, but the general takeaway seems to be that regular sexual activity, in the broadest sense, is good for human health. At least, that is, to a certain extent.

The recent NHANES study also found that male participants who engaged in daily sexual activity were six times more likely to experience premature death than females who did the same.

Have fun out there, but listen to your body, and make sure to give it a break when needed.

The study was published in the Journal of Psychosexual Health.

martes, 31 de enero de 2023

Los embudos multidimensionales son la base del marketing actual

Javier Echaleku, fundador y director creativo de Kuombo y autor del libro ‘Marketing online. La gran burbuja del siglo XXI’, revisiona las bases del marketing tradicional, que no es eficiente, y lo reformula a través del embudo multidimensional.

Javier Echaleku Kuombo

Recientemente, hemos asistido a una charla de Javier Echaleku, fundador y director creativo de Kuombo, y hemos descubierto perplejos la forma en la que este experto propone una reformulación del marketing actual, que se ha basado tradicionalmente en una visión unidireccional, para gestionarlo desde una estrategia de embudos multidimensionales.

El marketing, tal y como lo estábamos entendiendo hasta ahora, ya no sirve. Esta es la contundente reflexión que hace este empresario del sector del marketing, publicidad y ventas, con más de 30 años de experiencia en diferentes sectores, profesor en varias escuelas de negocio y universidades públicas y privadas y autor del libro Marketing online. La gran burbuja del siglo XXI.

Echaleku ha revisionado las bases del marketing tradicional a través del estudio de los grandes clásicos como Elmo Lewis y su embudo de la publicidad (AIDA), John Henry Patterson y su embudo de ventas (The Primer), y de otros autores no tan clásicos como Steve Blank y su embudo de necesidades o Dave McClure y su embudo de Métricas Pirata (AARRR).

Con el objetivo de simplificar el problema complejo en el que se ha convertido el marketing actual, Echaleku ha propuesto reestructurar los pilares del marketing tradicional a través del embudo multidimensional.

“Seguimos viendo el marketing como una forma lineal, un embudo unidireccional, cuando la realidad tiene bastantes más dimensiones. Por eso, hablamos del embudo multidimensional. Hoy en día, el mundo ha cambiado tanto que el marketing ya no es lineal, sino que tiene múltiples dimensiones y hay que verlo desde ese plano más multidimensional. No hacerlo, hace que sigamos gastando dinero en estrategias que no funcionan. De ahí esa burbuja, porque quien realmente gana en todo esto son las grandes plataformas publicitarias (Facebook, Google, TikTok…) y los grandes medios online (periódicos, revistas, blogs, medios audiovisuales…), que siguen ingresando cantidades ingentes de dinero con estrategias que, normalmente, ya no funcionan. Se han incrementado mucho los costes por clic (CPC), los costes por impresiones (CPM)… y cada vez es más difícil conseguir llamar la atención a un posible cliente porque el mercado está muy masificado. Esto tiene que explotar en algún momento”, sostiene.

En su opinión, la clave o la solución a todo esto es entender mejor en qué consiste y cómo funciona el marketing actual “y no quedarse anclado con los parámetros del marketing tradicional que no funcionan e intentando aplicarlos a un mundo que ha cambiado. Y, sobre todo, preocuparse en comprender mejor qué es lo que hay detrás de las grandes plataformas publicitarias. Si no sabes lo que es una audiencia personalizada, si no sabes cómo funciona una plataforma publicitaria programática por dentro, si no sabes lo que es un algoritmo, si no sabes lo que es la Inteligencia Artificial… si tú, como anunciante, no lo sabes y te dejas llevar por la promesa de una gran plataforma publicitaria, que te dice que sabe a quién le va a mostrar tu anuncio, estás muerto. Lo primero que debes hacer es preocuparte por entender si lo que nos están ofreciendo es tan real como nos cuentan y, en base a eso, tomar tus propias medidas. La clave está en entender las múltiples dimensiones del marketing actual para saber lo que estás haciendo”.

Internet cambió las reglas

Para Echaleku, al igual que para otros muchos autores, la aparición de Internet y, sobre todo, de las redes sociales, cambió las reglas. “Primero, porque el algoritmo ya no dependía de ti. Segundo, porque la aparente sencillez para acceder a ellas sobrecargó el número de personas que las utilizaban. Y tercero, porque pervirtió el concepto del marketing, haciendo creer a cualquier persona sin formación que podía establecer estrategias que dieran resultado. 

Hoy, al igual que ha desaparecido el proceso lineal y unidireccional en las cadenas de valor de creación y distribución de productos y servicios, los canales de publicidad no solamente son diversos, sino que en una misma campaña de marketing mantienen una relación de interdependencia. Un contenido se transmite a través de las redes sociales, pero puede hacerlo de manera orgánica, pagada o ambas a la vez. Al mismo tiempo, los consumidores visitan no solo webs, sino comparadores y hasta artículos y foros que hablan de un producto y servicio. Y, sin rastro digital, comparten información valiosa con personas cercanas o afines. Todo ello deriva en una nueva manera de entender el marketing, la publicidad y las ventas.

Echaleku asegura que, en la actualidad, se siguen usando las mismas herramientas. “Seguimos necesitando los diferentes embudos (publicidad, ventas, necesidades y métricas), pero se tienen que conectar de una manera diferente como se ha hecho hasta ahora, que ha sido de forma lineal. Ahora, el mercado es mucho más complejo. Hay que coger esos cuatros sistemas, que son cuatro dimensiones diferentes, sacarlos del embudo lineal y entenderlos desde un punto de vista más complejo, que es multidimensional”.

Este experto utiliza un símil más ‘terrenal’ para explicar por qué lo que antes era lineal, ahora hay que verlo desde múltiples dimensiones. ¿Por qué todo esto ha cambiado? “Por ejemplo, en el deporte. Antes se decía que el cardio era magnífico y que había que salir a correr. Ahora, cuando sales a correr, los expertos dicen, uno, que el descanso es muy importante; dos, que tienes que cuidar la alimentación; tres, que como mínimo, una vez a la semana, tienes que hacer ejercicios de fuerza, porque sino vas a tener un problema, y cuatro, que, incluso corriendo bien desde hace tiempo, debes mejorar tu técnica de carrera”.

Al igual que en el ejemplo anterior, antes se creaban y distribuían anuncios de publicidad y contenidos que hablaban de producto en ciertos nichos, con la esperanza de que los públicos objetivos los descubrieran para que tarde o temprano los pudieran comprar. Hoy es todo más complejo. Tenemos que ser capaces de llegar a diferentes públicos que están en diferentes etapas de toma de conciencia de necesidades o búsquedas de soluciones, para primero adquirirlos y luego activarlos, en diferentes momentos, además siendo conscientes de que a la gran mayoría los vamos a perder en el proceso y tendremos que generar nuevas acciones para que los podamos retener y los podamos volver a llevar al complejo proceso de venta. Es como si el inbound marketing hubiera evolucionado a otro nivel en el largo camino de los embudos multidimensionales.

En su opinión, algunos de los problemas por los que el marketing actual no funciona son la masificación de anunciantes y la disparidad de canales de adquisición y de activación. Es decir, ya no hay atajos. Hasta ahora, “cuando utilizabas cualquiera de los cuatro embudos clásicos te servían como atajo. Ya no hay atajos, porque se ha masificado y complicado todo tanto que la tecnología ha hecho que ya no existan atajos. Esta realidad hace que tengas que buscar otros caminos alternativos en un panorama mucho más complicado como es el mercado actual y, para solucionarlo, el embudo multidimensional es el que ayuda a visualizar esos mundos complejos del marketing actual. Los atajos antes funcionaban, pero ya no. Los caminos son más complejos y, aunque tienes que utilizar las mismas herramientas, ahora tienes que usarlas de una manera diferente porque hay muchos más caminos que llegan al mismo sitio”.

Volviendo al símil del deporte, Echaleku plantea: ¿Es que ahora es más complicado correr? “No, es que ahora tenemos más información y entendemos el cuerpo como un mecanismo mucho más complejo y solo correr, que sería el atajo, ya no sirve, porque si solo corres y no musculas, no haces descanso y no cuidas tu alimentación, te acabarás lesionando”.

Métodos lineales para un mercado complejo

Para este experto, los cuatro sistemas ‘clásicos’ siguen en vigor, pero se muestran como métodos lineales, son atajos para cosas concretas (comunicación y publicidad, ventas, gestión y entendimiento de necesidades y métricas y acciones). “Pero el marketing actual, el mercado actual, ya no es un sistema lineal sino mucho más complejo porque el mundo ha cambiado. Y el cómo se relacionan entre sí estos cuatro atajos hace que se forme la nueva autopista que es el embudo multidimensional, donde se interrelacionan los cuatro embudos clásicos”.

“Me quedo con una frase de Javier RecuencoLa mayoría de los problemas sencillos están resueltos. Los problemas complejos necesitan soluciones complejas. El lío viene con los problemas complejos. Y el marketing actual es un problema complejo. Los problemas ‘sencillos’ están resueltos, si por sencillo se entiende la publicidad, las necesidades, las ventas, las métricas y las acciones. Sobre estos temas ya hay mucho escrito y estudiado históricamente. Pero el cómo juntarlas todas en un entorno de marketing actual es un problema realmente complejo que supone un gran reto estratégico y táctico. Y un problema complejo se tiene que resolver con una solución compleja, como es el embudo multidimensional”, subraya Echaleku.

Este experto parte de la idea de cómo visualiza el público objetivo, el buyer persona, que está influenciado de multitud de relaciones online y offline y que tiene a su disposición mucho contenido en un montón de software de Internet, desde plataformas de contenido audiovisual y de texto, portales sectoriales, redes sociales…, utiliza multitud de dispositivos inteligentes con conexión a Internet y usa infinidad de navegadores más los navegadores nativos de las propias redes sociales. Entonces, “una empresa, cuando tiene que hacer una estrategia de marketing, cada vez lo tiene más complicado, porque es una maraña de relaciones e influencias”.

A este conglomerado, le sumas la multitud de fuentes de adquisición de tráfico que hay, más allá de Facebook y Google, normalmente, de pago. Y luego, la diversidad de los canales que puedes crear como anunciante para activar las diversas emociones de tu público objetivo. Y diferentes elementos de activación como descarga de contenido, seguidores, formularios, Whatsapp, etc. Todo esto es muy difícil gestionarlo desde una comprensión lineal del marketing.

La creación del lienzo Sales Funnel Canvas, como metodología y marco de trabajo para visualizar todo el entramado de los embudos multidimensionales en el marketing actual, y que nace como un zoom al bloque de relaciones con los clientes del Business Model Canvas, de Alexander Osterwalder, le ha permitido a Echaleku un aprendizaje que no había sido capaz de visualizar hasta ese momento, “y que ha consistido en investigar mucho más todo lo relacionado con los embudos y darme cuenta de que todo lo que hoy conocemos como embudos de marketing es un conglomerado que no tiene ningún sentido”.

“Si haces una búsqueda en Google de imágenes sobre ‘embudos de marketing’ o ‘embudos de venta’, te aparecen muchas imágenes de embudos entremezclados sin tener en cuenta de dónde nace cada cosa. Es decir, el embudo de necesidades es un contexto y el embudo de publicidad es otro, así como los embudos de ventas y métricas, por lo que si se mezclan sin diferenciar las múltiples dimensiones, y se plasman únicamente como los pasos de un proceso lineal, se termina creando algo confuso que no permite ver el mapa real de los diferentes momentos de un comprador en un proceso de ventas”.

Si buscas ‘embudo multidimensional’, podrás encontrar la propuesta gráfica de Echaleku.

Los cuatro embudos interrelacionados

Este experto recuerda que el proceso de llamar la atención para retener la escucha sería el embudo de la comunicación y publicidad de Lewis. Otro contexto sería el de la gestión de necesidades de Blank, que es el que te hace descubrir una necesidad para luego ofrecerte una solución. Otra dimensión sería la del embudo comercial de Patterson, que es el que te ayuda a entender con qué discurso tienes que hablar en cada etapa. Es decir, en la etapa más fría tienes que utilizar un discurso más de acercamiento para averiguar información y luego, poco a poco, debes ir teniendo un discurso más hacia la venta. Y, por último, la dimensión de las acciones y las métricas de McClure, que es el que te lleva a entender la diferencia entre adquirir, activar y retener, es decir, adquiero usuarios, activo emocionalmente y retengo para no perderlos.

¿Cualquier empresa puede adaptar su negocio a este proceso? Echaleku entiende que, “al igual que las 4 P del marketing (producto, precio, punto de venta y promoción) le sirven a todo el mundo, cuando eres capaz de comprender todas las piezas que se involucran en el marketing, en la publicidad y en las ventas y cómo se conectan entre sí, da igual que vendas un producto en un punto físico, que tengas una franquicia, que vendas por Internet. Esto te ayuda a entender todos los elementos del marketing en la compleja situación actual”.

“Descubro que hay muchas formas de visualizar cómo se conectan los cuatro embudos y planteo mi propuesta. Es lo que yo llamo el embudo multidimensional. Cuando uno ya entiende bien estos conceptos y comprende bien estos cuatro sistemas por separado y ve mi propuesta de embudo multidimensional, es cuando ya puede llegar a entender el marketing actual”.

Este embudo muestra el mapa del viaje que un cliente va a hacer cuando entra a través de tus herramientas de comunicación y cómo va atravesando todos los contenidos que has ido creando.

En su opinión, la evolución de los cuatro sistemas permite ver que el mundo ha cambiado, se ha hecho más complejo en cuanto a plataformas, mecánicas, canales… y se han ido mezclando cosas que no se tenían que haber mezclado. “Son 4 ecosistemas diferentes que te permiten entender mejor lo que es cada uno de estos sistemas (publicidad, ventas, necesidades y métricas y acciones), y aunque alguno de ellos lleva más de 120 años entre nosotros, si los utilizamos por separado nos pueden dar muchas claves de cómo mejorar nuestras acciones de marketing, pero cuando somos capaces de verlos conectados, los resultados son increíbles”.

Echaleku subraya que el mundo del marketing ha dejado de ser un tobogán lineal, por culpa de la gran cantidad de canales que hay, de la mezcla de lo offline y lo online y la diversidad de posibilidades de venta, para convertirse en una multitud de toboganes con infinidad de interconexiones entre ellos. Y cuando llegas a conectarlos, gracias al embudo multidimensional, consigues entender mejor el marketing actual.

“Este embudo multidimensional da visibilidad a un sistema complejo de embudos que muestran múltiples dimensiones. Si el mundo ha cambiado en los canales, ¿por qué no ha cambiado en la manera de entender cómo se conectan todas las piezas del puzzle? Y es ahí dónde actúa el embudo multidimensional sobre el marco de trabajo de Sales Funnel Canvas: ayuda a simplificar la complejidad del marketing actual”.

domingo, 2 de octubre de 2022

SABER VIVIR ‘DESPACITO’: ELOGIO DE LA LENTITUD DESDE LA FILOSOFÍA

La ilusión de la velocidad es la creencia de que ahorra tiempo pero, en realidad, la prisa y la rapidez lo aceleran. En el mundo actual, la lentitud es tremendamente subversiva: necesitamos ir más despacio para poder vivir.




Txetxu Ausín

Pasito a pasito, suave suavecito, poquito a poquito. Es un ritmo machacón que nos ha acompañado en los últimos tiempos y que ha causado furor en todo el mundo.

Quién le iba a decir a Luis Fonsi que con Despacito estaba declarando los principios de un enfoque filosófico para nuestra era, para un tiempo de velocidad y de prisa, para una modernidad velociferina ―en términos del pensador R. Koselleck-, como expone Faustino Oncina: «Cada vez gira más rápido el carrusel del futuro, del futuro presente, al que le es intrínseco una soteriología del ahora, cuyos coetáneos lo quieren todo y lo quieren ya. Ante este penoso ejemplo de autodenigración, ¿qué ocurriría si se redujera la velocidad y redescubriese ese precioso airbag, la lentitud?».


Vivimos corriendo, sumidos en la rapidez, la prisa y lo inmediato; el running es el epítome de nuestro tiempo. Corremos como pollos sin cabeza, viajando hacia ninguna parte, en una rueda sin fin como ratones de laboratorio. Deprisa, deprisa fue una polémica y premiada película de Carlos Saura que reflejaba con crudeza la vida sin destino de unos jóvenes delincuentes del extrarradio madrileño, acelerados, violentos, sin rumbo (¿como nuestro mundo?).


La lentitud es tremendamente subversiva: necesitamos ir más despacio para poder vivir

Se conoce como la Gran Aceleración al fenómeno de rápidas transformaciones socioeconómicas y biofísicas que se inició a partir de mediados del siglo XX como consecuencia del enorme desarrollo tecnológico y económico acontecido tras el final de la Segunda Guerra Mundial y que ha sumido al planeta Tierra en un nuevo estado de cambios drásticos inequívocamente atribuible a las actividades humanas, dando lugar a lo que se conoce como era de los humanos o Antropoceno, caracterizada por el enorme crecimiento del sistema económico-financiero mundial, el desarrollo tecnológico y la profunda crisis ecológica y biofísica.

Ante este panorama apresurado, acelerado, necesitamos parar, sosegarnos, reflexionar, determinar fines para la vida buena, tomar perspectiva. En este sentido, la lentitud es tremendamente subversiva. Necesitamos ir más despacio para poder vivir. Mirar, contemplar, recrearse, fijarse en el detalle, caminar y no correr, y hacer camino al andar, en palabras del maestro Antonio Machado.


La razón exige demora

Decía ya hace unos años Carl Honoré que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir, que estamos atrapados en la cultura de la prisa y de la falta de paciencia, en un estado constante de hiperestimulación e hiperactividad que nos resta capacidad de gozo, de disfrutar de la vida.


La prisa es llenarse la vida con actividades febriles que no dejan tiempo para afrontar lo esencial

Como ha explicado brillantemente la psicología, la razón exige demora mientras la prisa nos carga de sesgos y prejuicios. Y aunque nuestro modo de pensamiento rápido pueda resultar adaptativo en muchas circunstancias, la falta de reflexión y de sosiego nos aboca a la irracionalidad y a las malas decisiones. Esto es realmente peligroso en todo en lo que atañe a la determinación de los fines y a la organización de la vida en común. Sesgos como los de disponibilidad, polarización grupal, confirmación, género y raciales, provocan un efecto deformante sobre el juicio humano que conduce muchas veces a un miedo excesivo hacia acontecimientos improbables y, a la vez, una confianza infundada hacia situaciones que plantean un peligro genuino.

La prisa es llenarse la vida con actividades febriles, velocidad, de suerte que no queda tiempo para afrontar las verdaderas cuestiones, lo esencial. Sin embargo, la prisa en la que vivimos no responde casi nunca a que tengamos cosas importantes que hacer con urgencia, sino a los requerimientos de un modo de vida que trata de mantenernos distraídos y ocupados todo el tiempo.
La vida móvil y precaria

Por un lado, los teléfonos móviles y las redes sociales están diseñados para captar nuestra atención el mayor tiempo posible y con la mayor intensidad, a fin de mercantilizar y monetizar esta atención al máximo.

Jonathan Crary lo ha explicado con meridiana claridad: la vida sin pausa fomenta «una cultura vacía de autopromoción y autoabsorción, de una instantaneidad a demanda, de adquirir y tener manteniéndose aislado de la presencia física de otros y de cualquier sentido de la responsabilidad que esta pueda conllevar. El sistema 24/7 también mina la paciencia y la deferencia individuales que son cruciales para cualquier forma de democracia directa: la paciencia de escuchar a los otros y de esperar a que llegue el turno para hablar. El problema de esperar, de intervenir por turnos, está ligado a una incompatibilidad más amplia del capitalismo del 24/7 con cualquier práctica social en la que intervengan el compartir, la reciprocidad o la cooperación».


En su libro 24/7. El capitalismo al asalto del sueño, Crary describe el sueño como el enemigo del capitalismo turboacelerado de nuestra era del Antropoceno. Dormir es subversivo, nos libera de una pléyade de necesidades simuladas y su pasividad intrínseca ocasiona incalculables pérdidas en tiempo de producción, circulación y consumo: «La mayoría de las necesidades en apariencia irreductibles de la vida humana -hambre, sed, deseo sexual y, recientemente, amistad- se han reformulado como formas mercantilizadas o financiarizadas. El sueño plantea la idea de una necesidad humana y de una temporalidad que no pueden ser colonizadas y aprovechadas para alimentar el gran motor de la rentabilidad y, por lo tanto, sigue siendo una anomalía incongruente y un lugar de crisis en el presente global».

Por otro lado, como recordaba mi colega Rosana Triviño, la falta de seguridad y vínculos asociados a la esfera laboral, los turnos y los horarios intempestivos, la incertidumbre, el desajuste entre lo que se demanda que se haga, lo que se recibe a cambio y lo que se desea hacer, provocan una profunda quiebra y angustia vital.

Equivocarse está bien

Es imposible terminarlo todo en nuestras sociedades del rendimiento, da igual si nos proponemos mucho o poco. La impresión de no poder concluir nunca algo satisfactoriamente conduce a un remolino que nos hunde incesantemente. Nos falta tiempo; para todo lo que hacemos, utilizamos menos tiempo y sin embargo tenemos menos tiempo que la generación anterior. Cuanto más nos apresuramos, menos tiempo nos queda. Y el tiempo se convierte en un instrumento de dominación porque hay una insatisfacción constante por el tiempo (supuestamente) desperdiciado.


La impresión de no poder concluir nunca algo conduce a un remolino que nos hunde incesantemente


Esto es lo que pasa con la ciencia y la investigación, como señalaba Manuel Souto en un reciente artículo en The Conversation. La ciencia y la investigación necesitan tiempo para pensar, preguntar, estudiar, experimentar, probar, proponer. Hay que enlentecer los tiempos de la investigación. La ciencia necesita tiempo para indagar y tiempo también para fallar. El error posee un indudable valor epistémico y moral: reconocer los errores, corregirlos y repararlos es el fundamento para el cambio, la innovación y la transformación individual y social. Y es aquello que caracterizaría una racionalidad crítica y modesta (à la Popper), abierta a la pluralidad, la contingencia, el disenso y, en definitiva, al futuro.
El tiempo acelerado

Pero también es lo que pasa con las relaciones personales, que se han acelerado igualmente, primando el fast sex aunque ello lleve a un sentimiento de falta de intimidad y de conexión porque no es posible una fast-track intimacy. Los seres humanos necesitamos conexiones, deseamos intimidad pero las relaciones son complejas y precisan tiempo, trabajo, dedicación y cuidado. Apelar a la tecnología (como hacen algunos desde webs de citas y contactos) es una trampa y un engaño. Y más aún, la gente usa muchas veces sus smartphones para escapar de las demandas de intimidad. Si la primera cosa que usted toca por la mañana y la última por la noche es su teléfono móvil y no a su pareja, hay un problema sobre sus prioridades.

Las facilidades de las que disponemos hoy para comprar, movernos, trabajar, comunicarnos, son micro-liberaciones que constituyen, por otro lado, aceleraciones de un sistema que nos aprisiona más fuertemente. Aquello que parece liberarnos del tiempo y del espacio nos aliena en la velocidad y la prisa. La ilusión de la velocidad es la creencia de que ahorra tiempo. Pero en realidad, la prisa y la velocidad aceleran el tiempo, que pasa más rápidamente, acortando los días. Estar con prisa significa hacer varias cosas a la vez y rápidamente y el tiempo se llena hasta estallar, como en un cajón mal arreglado donde metes un montón de cosas sin orden ni concierto.

Así, que ya saben, caminen, no corran, miren, observen, escuchen, reflexionen, duerman, amen (aunque no sea fácil); la vida es corta como para perderla corriendo con prisa. Nos lo jugamos todo, la vida personal y el futuro del planeta.

Des-pa-ci-to.

(*) Txetxu Ausín, Científico Titular, Instituto de Filosofía, Grupo de Ética Aplicada, Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS – CSIC).

domingo, 22 de mayo de 2022

The Great Simplification - Full Movie

 This 32 minute animation -in 4 Acts - describes the backdrop for The Great Simplification - an economic/cultural transition beginning in the not-too-distant future.

We made this movie, originally as a framing 'teaser' for the new podcast thegreatsimplification.com, but the project....expanded over time. Part 1 describes how our species got to this point, and the role of energy in our economies Part 2 gives an overview of the relationship between energy, technology, money and the environment and how global human society is (currently) akin to a metabolic heat engine Part 3 gives an overview of individual (and aggregate) human behavior tendencies in a novel modern environment and why these dynamics are relevant to our current challenges Part 4 describes how people look at the future wearing different popular lenses, but when wearing a 'systems' lens, it becomes clear that a Great Simplification is soon approaching. There are show notes pinned in the comments and also at thegreatsimplification.com Please subscribe to this channel or the podcast for more content and context about what we can do to meet the future halfway.
Here are show notes and references hosted on the podcast site: thegreatsimplification.com

lunes, 6 de septiembre de 2021

A SELF-FULFILLING PROPHECY: SYSTEMIC COLLAPSE AND PANDEMIC SIMULATION

Ayear and a half after the arrival of Virus, some may have started wondering why the usually unscrupulous ruling elites decided to freeze the global profit-making machine in the face of a pathogen that targets almost exclusively the unproductive (over 80s). Why all the humanitarian zeal? Cui bono? Only those who are unfamiliar with the wondrous adventures of GloboCap can delude themselves into thinking that the system chose to shut down out of compassion. Let us be clear from the start: the big predators of oil, arms, and vaccines could not care less about humanity.

Follow the money

In pre-Covid times, the world economy was on the verge of another colossal meltdown. Here is a brief chronicle of how the pressure was building up:

June 2019: In its Annual Economic Report, the Swiss-based Bank of International Settlements (BIS), the ‘Central Bank of all central banks’, sets the international alarm bells ringing. The document highlights “overheating […] in the leveraged loan market”, where “credit standards have been deteriorating” and “collateralized loan obligations (CLOs) have surged – reminiscent of the steep rise in collateralized debt obligations [CDOs] that amplified the subprime crisis [in 2008].” Simply stated, the belly of the financial industry is once again full of junk.

9 August 2019: The BIS issues a working paper calling for “unconventional monetary policy measures” to “insulate the real economy from further deterioration in financial conditions”. The paper indicates that, by offering “direct credit to the economy” during a crisis, central bank lending “can replace commercial banks in providing loans to firms.”

15 August 2019: Blackrock Inc., the world’s most powerful investment fund (managing around $7 trillion in stock and bond funds), issues a white paper titled Dealing with the next downturn. Essentially, the paper instructs the US Federal Reserve to inject liquidity directly into the financial system to prevent “a dramatic downturn.” Again, the message is unequivocal: “An unprecedented response is needed when monetary policy is exhausted and fiscal policy alone is not enough. That response will likely involve ‘going direct’”: “finding ways to get central bank money directly in the hands of public and private sector spenders” while avoiding “hyperinflation. Examples include the Weimar Republic in the 1920s as well as Argentina and Zimbabwe more recently.”

22-24 August 2019: G7 central bankers meet in Jackson Hole, Wyoming, to discuss BlackRock’s paper along with urgent measures to prevent the looming meltdown. In the prescient words of James Bullard, President of the St Louis Federal Reserve: “We just have to stop thinking that next year things are going to be normal.”

15-16 September 2019: The downturn is officially inaugurated by a sudden spike in the repo rates (from 2% to 10.5%). ‘Repo’ is shorthand for ‘repurchase agreement’, a contract where investment funds lend money against collateral assets (normally Treasury securities). At the time of the exchange, financial operators (banks) undertake to buy back the assets at a higher price, typically overnight. In brief, repos are short-term collateralized loans. They are the main source of funding for traders in most markets, especially the derivatives galaxy. A lack of liquidity in the repo market can have a devastating domino effect on all major financial sectors.

17 September 2019: The Fed begins the emergency monetary programme, pumping hundreds of billions of dollars per week into Wall Street, effectively executing BlackRock’s “going direct” plan. (Unsurprisingly, in March 2020 the Fed will hire BlackRock to manage the bailout package in response to the ‘COVID-19 crisis’).

19 September 2019: Donald Trump signs Executive Order 13887, establishing a National Influenza Vaccine Task Force whose aim is to develop a “5-year national plan (Plan) to promote the use of more agile and scalable vaccine manufacturing technologies and to accelerate development of vaccines that protect against many or all influenza viruses.” This is to counteract “an influenza pandemic”, which, “unlike seasonal influenza […] has the potential to spread rapidly around the globe, infect higher numbers of people, and cause high rates of illness and death in populations that lack prior immunity”. As someone guessed, the pandemic was imminent, while in Europe too preparations were underway (see here and here).

18 October 2019: In New York, a global zoonotic pandemic is simulated during Event 201, a strategic exercise coordinated by the Johns Hopkins Biosecurity Center and the Bill and Melinda Gates Foundation.

21-24 January 2020: The World Economic Forum’s annual meeting takes place in Davos, Switzerland, where both the economy and vaccinations are discussed.

23 January 2020: China puts Wuhan and other cities of the Hubei province in lockdown.

11 March 2020: The WHO’s director general calls Covid-19 a pandemic. The rest is history.

Joining the dots is a simple enough exercise. If we do so, we might see a well-defined narrative outline emerge, whose succinct summary reads as follows: lockdowns and the global suspension of economic transactions were intended to 1) Allow the Fed to flood the ailing financial markets with freshly printed money while deferring hyperinflation; and 2) Introduce mass vaccination programmes and health passports as pillars of a neo-feudal regime of capitalist accumulation. As we shall see, the two aims merge into one.

In 2019, world economy was plagued by the same sickness that had caused the 2008 credit crunch. It was suffocating under an unsustainable mountain of debt. Many public companies could not generate enough profit to cover interest payments on their own debts and were staying afloat only by taking on new loans. ‘Zombie companies’ (with year-on-year low profitability, falling turnover, squeezed margins, limited cashflow, and highly leveraged balance sheet) were rising everywhere. The repo market meltdown of September 2019 must be placed within this fragile economic context.

When the air is saturated with flammable materials, any spark can cause the explosion. And in the magical world of finance, tout se tient: one flap of a butterfly’s wings in a certain sector can send the whole house of cards tumbling down. In financial markets powered by cheap loans, any increase in interest rates is potentially cataclysmic for banks, hedge funds, pension funds and the entire government bond market, because the cost of borrowing increases and liquidity dries up. This is what happened with the ‘repocalypse’ of September 2019: interest rates spiked to 10.5% in a matter of hours, panic broke out affecting futures, options, currencies, and other markets where traders bet by borrowing from repos. The only way to defuse the contagion was by throwing as much liquidity as necessary into the system – like helicopters dropping thousands of gallons of water on a wildfire. Between September 2019 and March 2020, the Fed injected more than $9 trillion into the banking system, equivalent to more than 40% of US GDP.

The mainstream narrative should therefore be reversed: the stock market did not collapse (in March 2020) because lockdowns had to be imposed; rather, lockdowns had to be imposed because financial markets were collapsing. With lockdowns came the suspension of business transactions, which drained the demand for credit and stopped the contagion. In other words, restructuring the financial architecture through extraordinary monetary policy was contingent on the economy’s engine being turned off. Had the enormous mass of liquidity pumped into the financial sector reached transactions on the ground, a monetary tsunami with catastrophic consequences would have been unleashed.

As claimed by economist Ellen Brown, it was “another bailout”, but this time “under cover of a virus.” Similarly, John Titus and Catherine Austin Fitts noted that the Covid-19 “magic wand” allowed the Fed to execute BlackRock’s “going direct” plan, literally: it carried out an unprecedented purchase of government bonds, while, on an infinitesimally smaller scale, also issuing government backed ‘COVID loans’ to businesses. In brief, only an induced economic coma would provide the Fed with the room to defuse the time-bomb ticking away in the financial sector. Screened by mass-hysteria, the US central bank plugged the holes in the interbank lending market, dodging hyperinflation as well as the ‘Financial Stability Oversight Council’ (the federal agency for monitoring financial risk created after the 2008 collapse), as discussed here. However, the “going direct” blueprint should also be framed as a desperate measure, for it can only prolong the agony of a global economy increasingly hostage to money printing and the artificial inflation of financial assets.

At the heart of our predicament lies an insurmountable structural impasse. Debt-leveraged financialization is contemporary capitalism’s only line of flight, the inevitable forward-escape route for a reproductive model that has reached its historical limit. Capitals head for financial markets because the labour-based economy is increasingly unprofitable. How did we get to this?

The answer can be summarised as follows: 1. The economy’s mission to generate surplus-value is both the drive to exploit the workforce and to expel it from production. This is what Marx called capitalism’s “moving contradiction”.[1] While it constitutes the essence of our mode of production, this contradiction today backfires, turning political economy into a mode of permanent devastation. 2. The reason for this change of fortune is the objective failure of the labour-capital dialectic: the unprecedented acceleration in technological automation since the 1980s causes more labour-power to be ejected from production than (re)absorbed. The contraction of the volume of wages means that the purchasing power of a growing part of the world population is falling, with debt and immiseration as inevitable consequences. 3. As less surplus-value is produced, capital seeks immediate returns in the debt-leveraged financial sector rather than in the real economy or by investing in socially constructive sectors like education, research, and public services.

The bottom line is that the paradigm shift underway is the necessary condition for the (dystopian) survival of capitalism, which is no longer able to reproduce itself through mass wage-labour and the attendant consumerist utopia. The pandemic agenda was dictated, ultimately, by systemic implosion: the profitability downturn of a mode of production which rampant automation is making obsolete. For this immanent reason, capitalism is increasingly dependent on public debt, low wages, centralisation of wealth and power, a permanent state of emergency, and financial acrobatics.

If we ‘follow the money’, we will see that the economic blockade deviously attributed to Virus has achieved far from negligible results, not only in terms of social engineering, but also of financial predation. I will quickly highlight four of them.

1) As anticipated, it has allowed the Fed to reorganise the financial sector by printing a continuous stream of billions of dollars out of thin air; 2) It has accelerated the extinction of small and medium-sized companies, allowing major groups to monopolise trade flows; 3) It has further depressed labour wages and facilitated significant capital savings through ‘smart working’ (which is particularly smart for those who implement it); 4) It has enabled the growth of e-commerce, the explosion of Big Tech, and the proliferation of the pharma-dollar – which also includes the much disparaged plastic industry, now producing millions of new facemasks and gloves every week, many of which end up in the oceans (to the delight of the ‘green new dealers’). In 2020 alone, the wealth of the planet’s 2,200 or so billionaires grew by $1.9 trillion, an increase without historical precedent. All this thanks to a pathogen so lethal that, according to official data, only 99.8% of the infected survive (see here and here), most of them without experiencing any symptoms.

 

Doing capitalism differently

The economic motif of the Covid whodunit must be placed within a broader context of social transformation. If we scratch the surface of the official narrative, a neo-feudal scenario begins to take form. Masses of increasingly unproductive consumers are being regimented and cast aside, simply because Mr Global no longer knows what to do with them. Together with the underemployed and the excluded, the impoverished middle-classes are now a problem to be handled with the stick of lockdowns, curfews, mass vaccination, propaganda, and the militarisation of society, rather than with the carrot of work, consumption, participatory democracy, social rights (replaced in collective imagination by the civil rights of minorities), and ‘well-earned holidays.’

It is therefore delusional to believe that the purpose of lockdowns is therapeutic and humanitarian. When has capital ever cared for the people? Indifference and misanthropy are the typical traits of capitalism, whose only real passion is profit, and the power that comes with it. Today, capitalist power can be summed up with the names of the three biggest investment funds in the world: BlackRock, Vanguard and State Street Global Advisor. These giants, sitting at the centre of a huge galaxy of financial entities, manage a mass of value close to half the global GDP, and are major shareholders in around 90% of listed companies. Around them gravitate transnational institutions like the International Monetary Fund, the World Bank, the World Economic Forum, the Trilateral Commission, and the Bank for International Settlements, whose function is to coordinate consensus within the financial constellation. We can safely assume that all key strategic decisions – economic, political and military – are at least heavily influenced by these elites. Or do we want to believe that Virus has taken them by surprise? Rather, SARS-CoV-2 – which, by admission of the CDC and the European Commission has never been isolated nor purified – is the name of a special weapon of psychological warfare that was deployed in the moment of greatest need.

Why should we trust a mega pharmaceutical cartel (the WHO) that is not in charge of ‘public health’, but rather of marketing private products worldwide at the most profitable rates possible? Public health problems stem from abysmal working conditions, poor nutrition, air, water, and food pollution, and above all from rampant poverty; yet none of these ‘pathogens’ are on the WHO’s list of humanitarian concerns. The immense conflicts of interest between the predators of the pharmaceutical industry, national and supranational medical agencies, and the cynical political enforcers, is now an open secret. No wonder that on the day COVID-19 was classified as a pandemic, the WEF, together with the WHO, launched the Covid Action Platform, a “protection of life” coalition run by over 1,000 of the world’s most powerful private companies.

The only thing that matters for the clique directing the health emergency orchestra is to feed the profit-making machine, and every move is planned to this end, with the support of a political and media front motivated by opportunism. If the military industry needs wars, the pharmaceutical industry needs diseases. It is no coincidence that ‘public health’ is by far the most profitable sector of the world economy, to the extent that Big Pharma spends about three times as much as Big Oil and twice as much as Big Tech on lobbying. The potentially endless demand for vaccines and experimental gene concoctions offers pharmaceutical cartels the prospect of almost unlimited profit streams, especially when guaranteed by mass vaccination programmes subsidised by public money (i.e., by more debt that will fall on our heads).

Why have all Covid treatments been criminally banned or sabotaged? As the FDA candidly admits, the use of emergency vaccines is only possible if “there are no suitable, approved and available alternatives”. A case of truth hidden in plain sight. Moreover, the current vaccine religion is closely linked to the rise of the pharma-dollar, which, by feeding on pandemics, is set to emulate the glories of the ‘petro-dollar’, allowing the United States to continue to exercise global monetary supremacy. Why should the whole of humanity (including children!) inject experimental ‘vaccines’ with increasingly worrying yet systematically downplayed adverse effects, when more than 99% of those infected, the vast majority asymptomatic, recover? The answer is obvious: because vaccines are the golden calf of the third millennium, while humanity is ‘last generation’ exploitation material in guinea pig modality.

Given this context, the staging of the emergency pantomime succeeds through an unheard-of manipulation of public opinion. Every ‘public debate’ on the pandemic is shamelessly privatised, or rather monopolised by the religious belief in technical-scientific committees bankrolled by the financial elites. Every ‘free discussion’ is legitimised by adherence to pseudo-scientific protocols carefully purged from the socio-economic context: one ‘follows the science’ while pretending not to know that ‘science follows the money’. Karl Popper’s famous statement that “real science” is only possible under the aegis of liberal capitalism in what he called “the open society”,[1] is now coming true in the globalist ideology that animates, among others, George Soros’s Open Society Foundation. The combination of “real science” and “open and inclusive society” makes the Covid doctrine almost impossible to challenge.

For COVID-19, then, we could imagine the following agenda. A fictitious narrative is prepared based on an epidemic risk presented in such a way as to promote fear and submissive behaviour. Most likely a case of diagnostic reclassification. All that is needed is an epidemiologically ambiguous influenza virus, on which to build an aggressive tale of contagion relatable to geographical areas where the impact of respiratory or vascular diseases in the elderly and immunocompromised population is high – perhaps with the aggravating factor of heavy pollution. There is no need to make much up, given that intensive care units in ‘advanced’ countries had already collapsed in the years preceding the arrival of Covid, with mortality peaks for which no one had dreamed of exhuming quarantine. In other words, public health systems had already been demolished, and thus prepared for the pandemic scenario.

But this time there is method in madness: a state of emergency is declared, which triggers panic, in turn causing the clogging up of hospitals and care homes (at high risk of sepsis), the application of nefarious protocols, and the suspension of medical care. Et voilà, the killer Virus becomes a self-fulfilling prophecy! The propaganda raging across the main centres of financial power (especially North America and Europe) is essential to maintaining the ‘state of exception’ (Carl Schmitt), which is immediately accepted as the only possible form of political and existential rationality. Entire populations exposed to heavy media bombardment surrender through self-discipline, adhering with grotesque enthusiasm to forms of ‘civic responsibility’ in which coercion morphs into altruism.

The whole pandemic script – from the ‘contagion curve’ to the ‘Covid deaths’ – rests on the PCR test, which was authorised for the detection of SARS-CoV-2 by a study produced in record time on commission from the WHO. As many will know by now, the diagnostic unreliability of the PCR test was denounced by its inventor himself, Nobel laureate Kary Mullis (unfortunately passed away on 7 August 2019), and recently reiterated by, among others, 22 internationally renowned experts who demanded its removal for clear scientific flaws. Obviously, the request fell on deaf ears.

The PCR test is the driving force behind the pandemic. It works through the infamous ‘cycle thresholds’: the more cycles you make, the more false positives (infections, Covid-deaths) you produce, as even guru Anthony Fauci recklessly admitted when he stated that swabs are worthless above 35 cycles. Now, why is it that during the pandemic, amplifications of 35 cycles or more were routinely carried out in laboratories all over the world? Even the New York Times – certainly not a den of dangerous Covid-deniers – raised this key question last summer. Thanks to the sensitivity of the swab, the pandemic can be turned on and off like a tap, allowing the health regime to exert full control over the ‘numerological monster’ of Covid cases and deaths – the key instruments of everyday terror.

All this fearmongering continues today, despite the easing of some measures. To understand why, we should return to the economic motif. As noted, several trillions of newly printed cash have been created with a few clicks of a mouse by central banks and injected into financial systems, where they have in great part remained. The aim of the printing-spree was to plug calamitous liquidity gaps. Most of this ‘magic-tree money’ is still frozen inside the shadow banking system, the stock exchanges, and various virtual currency schemes that are not meant to be used for spending and investment. Their function is solely to provide cheap loans for financial speculation. This is what Marx called ‘fictitious capital’, which continues to expand in an orbital loop that is now completely independent of economic cycles on the ground.

The bottom line is that all this cash cannot be allowed to flood the real economy, for the latter would overheat and trigger hyperinflation. And this is where Virus continues to come in handy. If it initially served to “insulate the real economy” (to quote again from the BIS paper), it now oversees its tentative reopening, characterized by submission to the vaccination dogma and chromatic methods of mass regimentation, which may soon include climate lockdowns. Remember how we were told that only vaccines would give us back our ‘freedom’? All too predictably, we now discover that the road to freedom is littered with ‘variants’, that is to say, iterations of Virus. Their purpose is to increase the ‘case count’ and therefore prolong those states of emergency that justify central banks’ production of virtual money aimed at monetizing debt and financing deficits. Rather than returning to normal interest rates, the elites opt to normalize the health emergency by feeding the contagion ghost. The much-publicised ‘tapering’ (reduction of monetary stimulus) can therefore wait – just like Pandexit.

In the EU, for instance, the European Central Bank’s €1.85 trillion ‘pandemic emergency purchase program’, known as PEPP, is currently set to continue until March 2022. However, it has been intimated it might need to be extended beyond that date. In the meantime, the Delta variant is wreaking havoc on the travel and tourism industry, with new restrictions (including quarantine) disrupting the summer season. Again, we seem to be caught within a self-fulfilling prophecy (especially if, as Nobel laureate Luc Montagnier and many others have intimated, variants, however mild, are the consequence of aggressive mass vaccination campaigns). Whatever the case, the fundamental point is that Virus is still needed by senile capitalism, whose only chance of survival depends on generating a paradigm shift from liberalism to oligarchic authoritarianism.

While their crime is far from perfect, the orchestrators of this global coup must nevertheless be credited with a certain sadistic brilliance. Their sleight of hand succeeded, perhaps even beyond expectations. However, any power aiming at totalisation is destined to fail, and this applies also to the high priests of the Covid religion and the institutional puppets they have mobilised to roll out the health emergency psyop. After all, power tends to delude itself about its omnipotence. Those sitting in the control room fail to realise the extent to which their dominance is uncertain. What they do not see is that their authority depends on a ‘higher mission’, to which they remain partly blind, namely the anonymous self-reproduction of the capitalist matrix. Today’s power lies with the profit-making machine whose only purpose is to continue its reckless journey, potentially leading to the premature extinction of Homo sapiens. The elites who have conned the world into Covid-obedience are the anthropomorphic manifestation of the capitalist automaton, whose invisibility is as cunning as that of Virus itself. And the novelty of our era is that the ‘locked-down society’ is the model that best guarantees the reproducibility of the capitalist machine, irrespective of its dystopian destination.

 

Notes:

[1] Karl Marx, Grundrisse (London: Penguin, 1993), 706.

[2] Karl Popper, The Open Society and its Enemies, 2 volumes (Princeton: Princeton UP, 2013).