sábado, 10 de abril de 2010

La ignorancia del que no sabe que no sabe, pero cree que sabe, es la más peligrosa


«Al cabo de mucho ir y venir, Sócrates llega, finalmente, a comprender "...que Apolo no ha querido decir en absoluto que yo soy sabio. Simplemente se ha servido de mi nombre para citarlo como ejemplo, como si hubiese dicho: Mortales, el más sabio de vosotros es aquel que, como Sócrates, reconoce que no tiene saber alguno".

A partir del texto citado podríamos fijar tres grados de ignorancia: a) la del que no sabe. Ignorancia absoluta a la que los latinos llamaban 'nescientia' (no ciencia); b) la del que no sabe que no sabe, pero cree que sabe. Esta ignorancia, la más peligrosa, es la más difícil de erradicar, puesto que, confiada como está de sí misma, se niega a prestar oídos a la verdad; c) la ignorancia que sabe que no sabe y que humildemente aspira al saber. Esta es la ignorancia que define a la sabiduría puramente humana, a la filosofía.

EL METODO SOCRATICO
Toda la obra práctica de Sócrates va a reducirse a convertir a sus conciudadanos a ese estado de honrado reconocimiento de ignorancia en que cada uno se encuentra. Pero, tal reconocimiento no se da sin resistencia. Es preciso, entonces, encontrar la forma de vencer la resistencia a la verdad. En el fondo se trata de una forma de purificación (catarsis). Para ello Sócrates inventa un método que consiste en halagar la ignorancia a tal punto que ésta se muestra y no pueda menos que hacerse visible, incluso ante los ojos de su propia víctima. Y a esto se llega mediante un aparente preguntar inofensivo: 'Oh Gran Juez, que juzgas a los ciudadanos, ateniéndote siempre a lo justo, solamente tú podrás enseñarnos qué es la Justicia... a nosotros, que estamos impacientes por reconocerla y practicarla... ¡Oh Capitán! que tantas hermosas victorias has ofrecido a esta ciudad, dinos, para poder alabar con más razón a ti y al ejército ateniense, ¿qué es la valentía?', etc... Y entonces, el Juez o el Capitán de ejército, se erguían satisfechos, engolaban la voz y se disparaban por cualquier lado y con las más peregrinas respuestas sin lograr siquiera comprender a lo que Sócrates quería conducirlos, es decir, a una Definición real de la Justicia, de la Valentía, etc».

Breve historia de la Filosofía (1997)
[Extracto del libro escrito por Humberto Giannini]

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