viernes, 24 de enero de 2014

Los ricos indignos - Paul Krugman

La realidad de la creciente desigualdad estadounidense es cruda. Desde finales de los 1970, los salarios reales de la mitad de hasta abajo de la fuerza laboral se han estancado o caído, en tanto que los ingresos del 1% de arriba casi se cuadruplicaron (y los del 0,1% de hasta arriba aumentaron todavía más). En tanto que podemos, y deberíamos, sostener un debate serio sobre qué hacer sobre esta situación, el hecho simple –el capitalismo estadounidense, como está constituido actualmente, está minando las bases de la sociedad de clase media– no debería estar abierto a la discusión.
Sin embargo, lo está, claro. En parte, esto refleja la famosa máxima de Upton Sinclair: Es difícil hacer que un hombre comprenda algo, cuando su salario depende de que no lo entienda. Sin embargo, creo que también refleja rechazo a las implicaciones de los números, que casi parecen una invitación abierta a la lucha de clases; o, si se prefiere, una demostración de que la lucha de clases ya está en marcha, en la que los plutócratas están a la ofensiva.
El resultado ha sido una enérgica campaña de ofuscación estadística. En su extremo más crudo, esta campaña se acerca a la falsificación descarada; en el más sofisticado, implica utilizar gambetas para propagar lo que creo que es el mito de los ricos merecedores.
Para tener un ejemplo de la falsificación de facto, no es necesario examinar más allá de una columna reciente de Bret Stephens, en The Wall Street Journal, que primero acusó (equivocadamente) al presidente Barack Obama de cometer un error fáctico, luego procedió a afirmar que la creciente desigualdad no es ningún problema porque todos han estado teniendo ganancias enormes. ¡Vaya, los ingresos del quinto de hasta abajo de la población estadounidense han aumentado 186% desde 1979!
Si esto no le suena equivocado, debería hacerlo: se trata de una cantidad nominal, sin estar ajustada a la inflación. Se puede encontrar la cifra corregida de acuerdo a la inflación en la misma tabla de la Oficina del Censo; allí se muestra que los ingresos del quinto de hasta abajo han caído, de hecho. Oh, oficialmente, al momento de escribir este artículo, el sitio web de The Journal no había corregido este error elemental.
Está bien, así es como se ve la cruda ofuscación. ¿Qué hay con la versión más elegante?
Ya antes he notado que los conservadores parecen obsesionados con la noción de que la pobreza es, básicamente, resultado de problemas de carácter entre los pobres. Quizá esto haya tenido, alguna vez, un grano de verdad, pero en más de las últimas tres décadas, el obstáculo principal al que se han enfrentado los pobres ha sido la falta de empleos en los que se paguen salarios decentes. Sin embargo, persiste el mito de los pobres indignos, al igual que el mito contrario, el de los ricos merecedores.
Esta es la historia: los acaudalados de Estados Unidos son adinerados porque tomaron las decisiones correctas en cuanto a estilo de vida. Se consiguieron solos una buena educación, se casaron y continuaron casados, y así sucesivamente. Básicamente, la afluencia es una recompensa por adherirse a las virtudes victorianas.
¿Cuál es el error de esta historia? Aun en sus propios términos, postula oportunidades que no existen. Por ejemplo, ¿cómo se supone que los hijos de los pobres, o siquiera de la clase trabajadora, consigan una buena educación en una época en la que se da cada vez menos apoyo para pagar colegiaturas que aumentan en forma pronunciada en las universidades públicas?
Sin embargo, lo principal de este mito es que identifica incorrectamente a los ganadores de la creciente desigualdad. A los profesionales oficinistas, aun cuando se casan entre sí, solo les va bien. Los grandes ganadores son un grupo muchísimo más reducido. El movimiento Ocupa popularizó el concepto del “1%”, que es una buena abreviatura de la élite en ascenso, pero, si acaso, incluye a demasiada gente: la mayoría de las ganancias del 1% de arriba se ha ido, de hecho, hacia una élite todavía más reducida, el 0,1% de hasta arriba.
¿Y, quiénes son estos cuantos suertudos? Principalmente, ejecutivos de algún tipo, en especial, pero no solo ellos, del financiero. Se puede argumentar en cuanto a si merecen que se les pague tan bien, pero algo está claro: no llegaron a donde están simplemente por ser prudentes, limpios y sobrios.
Entonces, ¿cómo puede sostenerse el mito de los ricos merecedores? Principalmente, mediante una estrategia de distorsión por dilución. Casi nunca se ve a los apologistas de la desigualdad dispuestos a hablar sobre el 1%, o, a lo más, del 5% de arriba. Pueden sonar a opciones inocentes, pero no lo son porque implican aglomerar a abogados casados con los lobos de Wall Street. La película de Di Caprio con ese título, por cierto, es altamente popular entre los tipos financieros, que elogian al personaje del título, otra pista sobre las realidades de nuestra nueva Era Dorada.
De nuevo, sé que estas realidades hacen que algunas personas, no todos sicarios de la plutocracia, se incomoden, y que preferirían describir un panorama distinto. Sin embargo, aun si los hechos tienen un bien conocido prejuicio populista, siguen siendo hechos, y se deben encarar.
© 2014 New York Times
News Service
El movimiento Ocupa popularizó el concepto del “1%”, que es una buena abreviatura de la élite en ascenso, pero, si acaso, incluye a demasiada gente: la mayoría de las ganancias del 1% de arriba se ha ido, de hecho, hacia una élite todavía más reducida, el 0,1% de hasta arriba.

jueves, 23 de enero de 2014

El verdadero empresario.

Elon Musk - Tesla CEO
El mercader de pasado toma el dinero heredado o de sus amigos banqueros e importa de otro país. Así el hace dinero con sus amigos y sus empleados. Este mercader crea riqueza FINANCIERA, esta riqueza financiera termina generalmente transferida a bancos extranjeros.


El EMPRESARIO INDUSTRIAL del siglo 21, toma el dinero heredado, del banco o que EL hizo y crea una INDUSTRIA. Es decir, tiene una mayor visión. Con el éxito hace MUCHO dinero el, sus amigos y sus empleados y sobre todo, el país se desarrolla.
Si este empresario RE INVIERTE las utilidades en ese país, en sus empleados, paga los impuestos que le corresponden y ademas INNOVA con  ciencia y no con estrategias especulativas, se convierte en una leyenda (y merecidamente millonario).

Todos los empresarios les hablaran del cambio, pero este cambio es uno que ellos odian hacer.

Ensalada Filosófica.


martes, 7 de enero de 2014

La paradoja de la felicidad femenina

Las mujeres tienen un 75% más de probabilidades que los hombres de informar sobre haber sufrido recientemente una depresión. Las mujeres también tienen un 60% más de probabilidades de informar sobre un desorden de ansiedad. Estas claras discrepancias observadas por el profesor de Oxford Daniel Freemen se encontraron en 8 de las 12 naciones que figuraban en las estadísticas. También apoyan un estudio que descubrió que las mujeres afirmaban tener mayores niveles de felicidad que los hombres en los años 60 pero que esa brecha de género hoy se había revertido. ¿A qué se debe el cambio?
clairelehmann
¿Qué quiere decir esto en un momento en que las mujeres son más saludables, están mejor educadas y disfrutan de mayor libertad económica y de más oportunidades de las que tenían hace 35 años? Desde los años 60 se ha convertido en socialmente aceptable dejar los matrimonios infelices. El estigma que existía alrededor de la libre expresión de la sexualidad femenina se ha suavizado. La legislación está ahí para proteger a las mujeres del acoso sexual. Según muchas medidas objetivas, las mujeres en occidente están más liberadas que nunca.

Pese a estas mejoras muchas mujeres son infelices. Freeman, un psicólogo clínico, se dio cuenta de la brecha en la literatura sobre diferencias de sexo en condiciones de salud mental e investigó las encuestas de salud mental tomadas en el Reino Unido, Estados Unidos, Europa, Australia y Nueva Zelanda. Averigüó que las mujeres tienen un 40% más de posibilidades que los hombres de desarrollar desórdenes de salud mental, dándose las discrepancias más claras en la depresión y la ansiedad.
Freeman fue cuidadoso examinando si las mujeres tenían más probabilidades de informar sobre problemas de salud que los hombres o si estaban más dispuestas que los hombres a buscar ayuda. En The stressed sex (El sexo estresado), coescrito con su hermano Jason, y publicado por Oxford University Press, los autores concluyen que aunque estos factores podrían tener un impacto, no explican por sí mismos las diferencias halladas entre géneros.
Muestran que mientras los hombres sufren mayores tasas de abuso de substancias, TDAH y autismo, las mujeres se llevan la peor parte en los desórdenes emocionales, mucho más comunes, y la tasa de estas afecciones está en alza. Parece que la salud mental de las mujeres de hecho es un “gran problema de salud pública”.
Las causas de la enfermedad mental son complejas. No existe un sólo factor que lo explique todo, y los psicólogos mirarán a un conjunto de variables en un intento de entender la etiología. Están implicados factores biológicos, procesos de pensamiento y estructuras sociales. Estilos de pensamientos como la rumición están gravemente implicados en la ansiedad y la depresión, y la genética también juega su papel. Pero Freeman señala que el factor principal que contribuye al declive de la salud mental de las mujeres podría ser realmente el stress.
Las mujeres toman decisiones constantemente sobre cómo parcelar su tiempo de forma más eficaz. Tenemos que hacer juegos malabares con carreras y niños y también con las relaciones y el trabajo doméstico. Dar prioridad a un área siempre lleva a la negación de otras (aunque sea sólo por poco tiempo). Los hombres también se enfrentan a estos desafíos, pero estas negociaciones crean más presión sobre las mujeres. La negociación sin fin de dominios vitales en conflicto pasa factura emocional.
Es interesante que los hallazgos de Freeman fueran anticipados hace cuatro años por un artículo de los economistas Betsey Stevenson y Justin Wolfers, que encontraron que la felicidad de las mujeres había declinado con respecto a los hombres. Analizando datos que se extienden durante 35 años, a lo largo de América y Europa, se descubrió que las mujeres informaron sobre niveles superiores de felicidad en los años 60 y que eran más felices en relación a los hombres. Esta brecha de género ahora se ha revertido, con los hombres siendo el sexo más feliz. Se ha descubierto que el declive en bienestar subjetivo femenino atraviesa tanto clases como razas y sigue siendo cierto para las mujeres de toda edad, con niños y sin ellos.
Los autores de este provocativo estudio evitaron proporcionar respuestas simples a las cuestiones que planteaba su artículo. Pero un declive en 35 años no puede atribuirse a cosas como la genética, la causa debe ser en buena parte ambiental. Algunos dirán que el declive se debe a prejuicios persistentes contra las mujeres, barreras estructurales y opresión patriarcal. Los tradicionalistas podrían señalar que hoy han muerto el cortejo y el romance. Quizás los hombres están disfrutando de una licencia para la irresponsabilidad y la conducta egoísta que no era permisible en el pasado.
Aunque estos factores pudieran haber contribuido, podría ser simplemente que las mujeres se han liberado pero se han estresado. Más oportunidades para tener éxito significa más oportunidades para fracasar. La ansiedad y la depresión a menudo nos golpean cuando sentimos que no damos la talla. Y con tantos dominios en los que sobresalir, no podemos culparnos por sentirnos menos que adecuados por no aspirar a la excelencia en todos ellos. En todas las discusiones sobre el equilibrio entre trabajo y la vida se echa en falta conversar sobre cosas como el cuidado de sí y el tiempo de ocio. Variables importantes como el ejercicio, el sueño, una dieta saludable y conectividad social dejan sitio a la carrera y el trabajo doméstico en la vida de muchas mujeres.
Tras el descubrimiento de que la felicidad era mayor en las mujeres de hace 35 años, quienes hablan en defensa de las mujeres acaso tengan que repensar la obsesión feminista con el poder, el status y la producción económica, y reconsiderar la importancia de otros resultados como la salud y el bienestar. Si las mujeres realmente se están llevando la peor parte de los desórdenes emocionales, tenemos que afrontar algunas verdades difíciles con respecto al por qué.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Los padres son decisivos

La especie humana es la que exhibe mayor “inversión parental”. Solo los humanos tenemos un padre con la función de proveernos de recursos y protección más allá de la infancia y crear lazos generacionales. Pero la “inversión parental” no ha de confundirse con el cuidado o entrega material a los hijos por parte de los padres. En la biología evolutiva, esa expresión denota la inversión diferencial en esfuerzo reproductivo entre machos y hembras de una especie. En la mayoría de las especies, quien realiza la mayor inversión parental es objeto de mayor cortejo y de mayor competencia por el acceso sexual. Normalmente, las hembras.
barbat-600pixEn la mayoría de primates, los machos tienen escaso papel inversor, aunque a efectos globales son un factor decisivo de supervivencia. Para encontrar padres muy comprometidos, hay que buscar entre especies preferentemente con poco dimorfismo sexual –pocas diferencias fisiológicas entre machos y hembras–, monógamas y con una alta confianza de paternidad. Y para eso hay que dejar a los grandes simios y fijarse en los monos, de los cuales los gibones, especialmente los siamang, son los más característicos. Cuando el pequeño gibón tiene tres meses, la madre empieza a perder interés en él y es el padre quien va tomando el relevo. Hasta el punto de que, alrededor del año, la cría busca más su contacto que el de la madre. A partir de aquí, es el padre quien controla sus desplazamientos, su alimentación y su interrelación social. Pero todo esto no va más allá de los dos o tres primeros años. Entre los gibones, ha podido comprobarse que las crías suelen requerir la atención de las madres por su propia iniciativa (hambre, frío, protección…), pero sucede al revés en los padres, que son los que inician el contacto con sus hijos. Los padres gibones suelen ser quienes juegan con los pequeños, cosa que raramente hacen las madres. Estos distintos cometidos pueden darnos algunas claves, aunque hay un salto enorme entre ellos y el ser humano.
Existen indicios de que el cambio “paternal” en los homínidos empezó con el Australopithecus afarensis. Las consecuencias fueron decisivas para los hijos y el grupo en su conjunto. Sin embargo, lo damos tan por sentado que no somos conscientes de hasta qué punto esta figura ha sido importante en la humanización e, incluso, como factor de progreso hacia la prosperidad de las culturas humanas.
Aunque el padre juega un papel clave para asegurar la salud física de sus hijos, también puede ser importante para el desarrollo óptimo de rasgos psicológicos y emocionales considerados primordialmente humanos, tales como la empatía, el control emocional y la habilidad para manejar relaciones sociales complejas. Los padres parecen ser decisivos en el aprendizaje social y el enfrentamiento con dilemas y habilidades más allá de las del puro sustento. Tienen un importante cometido en reforzar las capacidades cognitivas y emocionales de los niños y animarles a afrontar riesgos. Son quienes suelen desafiar a los pequeños y proponerles metas. En su libro Father and Child Reunion, Warren Farrell afirma que los hombres tienen tendencia a hacer de la vida un juego en el que se crean expectativas más altas y más osadas, y que muchos niños necesitan eso. Según David C. Geary, los padres en todas las culturas, quizás porque se preocupan por la futura seguridad financiera de sus hijos, se dedican a preparar a los niños para competir en sociedad. Ofrecen consejos, alientan la excelencia académica y defienden el éxito.
La ausencia del padre en la vida de los hijos, cuando es debida a un abandono (pero no, curiosamente, cuando la madre es viuda), tiene, en la inmensa mayoría de casos, repercusiones negativas que se manifiestan en diferentes planos del ajuste adaptativo: el escolar, el desarrollo cognitivo, los niveles de competencia intelectual, el desarrollo psicosexual y su ajuste psicológico, conductual y social. Los adolescentes son quienes más sufren a corto plazo de inseguridad, soledad y depresión, que pueden mostrarse en forma de fracaso escolar y deterioro en las relaciones con sus compañeros, conducta delictiva, consumo de drogas y vagancia. Durante dieciocho años, Duncan Timms siguió a 15.000 niños nacidos en Suecia en 1953 y los psicodiagnosticó a intervalos regulares. Los que presentaron un grado mayor de disfunción psicológica fueron varones nacidos de madre soltera que crecieron sin padre. Eso en Suecia, donde abundan las barandillas protectoras.
Respecto a las niñas privadas tempranamente de la convivencia familiar con su padre, los efectos a largo plazo implican una menarquia temprana, embarazos y matrimonios adolescentes, maternidad en soltería y altas probabilidades de inestabilidad de pareja. Tener un padre en casa produce efectos positivos en la valoración que hacen las hijas de sí mismas. Según Elizabet Cashdan, las niñas sin referente paterno fiable son más seductoras, se visten de forma llamativa porque “no cuentan con la inversión futura de un hombre” y toman lo que la relación a corto plazo les puede dar. Las mujeres que dan por sentado el interés e inversión de un hombre no exhiben su sexualidad y se deciden a tener relaciones sexuales solo cuando las expectativas de compromiso son altas. Es interesante saber que las niñas que se crían con un hombre que no es su padre maduran antes a causa de las feromonas que ellos emiten; la presencia de feromonas del padre inhibe la madurez pero las de hombres no relacionados biológicamente la acelera. Según Satoshi Kanazawa, el hecho de que un padre poco comprometido o su total ausencia acelere la pubertad es debido a que se registra como un sensor del grado de poliginia de una sociedad. Si hay escasez de mujeres, la pubertad precoz podría ser ventajosa. Según su estudio, los datos disponibles avalan que el grado de poliginia estaría asociado con una disminución de la edad de la menarquia a través de las sociedades, lo mismo que el índice de divorcios (un indicador de poliginia seriada) en sociedades estrictamente monógamas.
Además de todo eso, como afirma Steven E. Rhoads en Taking Sex Differences Seriously, las sociedades monógamas se benefician de una menor violencia cuando alguien se casa y se convierte en padre. Hay estudios sociológicos que señalan que un mismo sujeto a través del tiempo muestra “un gradual y acumulativo” descenso en la conducta criminal si consigue “lazos maritales de calidad”. Según el mismo Roads, son los propios hombres los que declaran que abandonan actitudes delictivas gracias al matrimonio y la paternidad. La causa es la necesidad de proveer para la familia y ser un modelo de conducta para los hijos.
En Estados Unidos, el 70% de los delincuentes juveniles, de los homicidas menores de veinte años y de los individuos arrestados por violación y otras ofensas sexuales graves crecieron sin padre. El impacto de una madre ausente respecto de la variable criminalidad es casi nulo, lo que confirma la especificidad de la figura paterna respecto de la conducta transgresora. La función paterna tiene un rol crítico en instaurar la capacidad de controlar los impulsos en general y el impulso agresivo en particular, es decir la capacidad de autorregularse. La capacidad de controlar impulsos es necesaria para que una persona pueda funcionar dentro de la ley. También lo es la empatía, y esta se desarrolla mejor cuando existe un padre involucrado en la educación de un hijo. No es hablar por hablar. La asociación predictiva entre ausencia del padre y delincuencia es más fuerte que la que vincula el tabaquismo con el cáncer de pulmón y las enfermedades cardiovasculares.
Pero esto no siempre fue así. No es cierto que una familia formada por padre, madre e hijos, en la que el padre provee de recursos y la madre del cuidado de la prole y de la intendencia del hogar haya sido la predominante en la historia humana. Lo que hoy representa el divorcio fue antes la alta mortalidad en el parto, la deserción del cabeza de familia y la violencia. Pero es más que probable que la generalización de la familia nuclear estable, con unos padres muy atentos a la educación y al bienestar de un número controlado de hijos, podría haber sido un factor decisivo en el desarrollo de la sociedad amable, y en el progreso y mejora de nuestra calidad de vida.
Publicado en Letras Libres

lunes, 16 de diciembre de 2013

ENAMÓRATE DE UNA MUJER DE VERDAD

No puedo pedirte que te enamores de una mujer que lee, porque ya alguien lo hizo por mí.
Sin embargo, puedo pedirte que te enamores de una mujer de verdad. Enamórate de una mujer que busque “figuritas” en las nubes. Enamórate de una mujer que sea lo suficientemente valiente para decir que tiene miedo pero que siempre ejecute a pesar de él. Enamórate de una mujer que no mate hormiguitas sólo porque puede, enamórate de la que agarra la hormiguita en la uña y la devuelve a su filita. Eso significa que es buena y capaz de apiadarse de los que no tienen las mismas herramientas que ella.
Enamórate de una mujer que no disimule ni esconda lo inteligente que es. Las que se hacen pasar por brutas son mucho más peligrosas que las que asumen con orgullo lo inteligentes que son. Además, ¿por qué quisieras estar con una mujer que se subestima para cazar un tipo? Enamórate de una mujer que sea abrazable, adorable, querible y cogible. Todas son importantes. Enamórate de una mujer que no se maquille mucho. Son honestas y seguras. Las que se maquillan mucho envejecen más rápido. Enamórate de una mujer que sea Team Mafalda y no Team Barbie.
Enamórate de una mujer que le guste comer. La vida es más divertida comiendo pizza que lechuga. Enamórate de una mujer que le guste la música. No importa que no sea la misma que te guste a ti. La música puede unirlos cuando se distancien, curarlos cuando se enfermen y salvarlos cuando se pierdan. Enamórate de una mujer que sepa cocinar, que le guste lavar platos o que tenga real como para comprar un lavaplatos. Trust me on this one.
Enamórate de una mujer que esté más preocupada por los ceros en sus cheques que en los tuyos. Enamórate de una mujer que te quiera porque la haces reír y no porque le compras cosas. Enamórate de una mujer que respire profundo para calmarse cuando te ve. Enamórate de una mujer que no pueda esconder nada. Enamórate de los ojos que la delaten y que te digan lo que necesitas saber. Enamórate de ella porque le brillan los ojos cuando te ve. Eso significa que está enamorada de ti.
Enamórate de una mujer que hable bastante, para que tú no tengas que hacerlo. La parte fácil es tuya: asiente y sonríe como si tuvieras idea de lo que está hablando. Enamórate de una mujer que te escuche con atención. Enamórate de una mujer que te pueda hacer sentir culpable y genuinamente arrepentido de vez en cuando. Que tenga ese poder sobre ti es el mejor antídoto contra la arrogancia y el orgullo. Enamórate de una mujer que no sepa planchar, para que no pierdan ni un solo momento juntos. Enamórate de una mujer que sepa escribir “noticas” de amor. Las “noticas” reviven las mariposas y hasta pueden mandar un bombazo de sangre al…corazón.
Enamórate de una mujer que le guste bailar. Recuerda que bailar es la expresión vertical de un deseo horizontal. Enamórate de una mujer que piense en otras cosas, que haga otras cosas y que piense en otras personas diferentes a ti. Enamórate de una mujer con hobbies, con intereses, con pasiones. Que no seas sólo tú, para que no te asfixie. Enamórate de una mujer que sepa que el amor tiene que ser libre. El amor obligatorio sólo le hace daño a los involucrados.
Enamórate de una mujer que ame y deje amar. Que sea y deje ser. Enamórate de mí o de alguien como yo, para que no me duela tanto.
Por @ninarancel   |    F: un tipo serio.com