jueves, 10 de marzo de 2011

¿Por qué estás tan empeñado en demostrar que Dios no existe?


Ir por la vida creyendo una mentira es algo malo en sí mismo. Normalmente, las personas creyentes, no sólo se limitan a declararlo y luego continúan con su vida, así sin más. La mayoría de ellos pasa parte importante de su tiempo en misa y entrega importantes sumas de dinero en su credo. Esto hace posible, por ejemplo, la construcción de iglesias por todo el mundo. En algunos caso, los montos ascienden hasta un décimo de sus ingresos durante toda sus vidas. Claramente, esto es gran desperdicio de tiempo y dinero si el objeto de culto no existe, sin mencionar la persecución, abusos, conflictos armados y otros hechos sangrientos a través de los siglos instigados en el nombre de las religiones y sus dioses.

En la era moderna, tenemos la habilidad de mirar lejos en nuestro pasado y comparar esas ideas con lo que entendemos hoy. Muchas prácticas que existieron en el pasado ya no existen debido a los entendimientos que han surgido producto del sólido avance de la ciencia. Por ejemplo, las primeras religiones generalmente sacrificaban animales con ciertos propósitos. Esto raramente sucede hoy, dado que la relevancia de tal acto ha sido probada inútil en su efecto deseado. Del mismo modo, la gente raramente realiza danzas de la lluvia para influenciar el clima. Hoy entendemos como son creados los patrones del clima, y que las prácticas rituales no tienen efectos comprobables. Similarmente, la idea de rezarle a un dios por un requerimiento en particular, también ha sido estadísticamente probado tiene cero efecto en un resultado, sin mencionar que la evidencia que podría respaldar a un creador personificado no existe en ninguna manera científica, sino que es derivado de la especulación y tradición literaria histórica antigua.

En nuestro mundo actual ya no es necesario andar por la vida con la actitud nada científica de creer sin pruebas. Mientras la física científica y la tecnología silenciosamente dirigen la mayor parte de la acción, una mayoría de personas alrededor del globo continúan dirigiendo su vida basados en la superstición de la religión y otro mitos, leyendo horóscopos, consultando tarotístas, clérigos, profetas, videntes o filósofos para dirigir sus vidas. Incluso muchos líderes mundiales, responsables del destino de millones, consultan regularmente psíquicos, médiums, astrólogos y toda clase de charlatanes para guiarlos en sus decisiones.

Toda religión no es más que una superstición basada en el mito que no pasa la prueba científica. Todas las concepciones teístas del mundo; Islam, Cristianismo, Judaísmo, Hinduísmo y todas las demás religiones, reclaman que sus propias y cerradas nociones estáticas del mundo son las definitivas e intentan perpetuarlas, cuando, en realidad, no son más que expresiones alegóricas derivadas de la tradición, la mayoría de las cuales son simplemente absurdas en nuestro universo en permanente evolución.
Fuente: El ingenierillo (internet)

lunes, 7 de marzo de 2011

Cuando una mujer elige no tener hijos

Mujer
Cada vez más mujeres eligen voluntariamente no ser madres.
Es un hecho que cada vez más mujeres, tanto en países de altos como medianos ingresos, optan por no tener hijos.
Desde mediados de la década del 2000, las tasas de nacimientos en Europa, Estados Unidos y varios países de América Latina han disminuido.
Y aunque es cierto que los problemas de fertilidad están en aumento, las estadísticas muestran que la mayoría de las mujeres que no tienen hijos han optado voluntariamente por no ser madres.

¿Elección sana?

Hace sólo unas décadas se esperaba que una mujer llegara a la edad reproductiva, se casara y poco después comenzara a tener hijos.
Hoy se tienen muchas más opciones: no casarse y no tener hijos, casarse y tenerlos, tener hijos sin padre, tenerlos con tratamientos de fertilidad, trabajar con hijos y trabajar sin hijos, etre otras.
Según la Oficina Nacional de Estadísticas del Reino Unido, una de cada cinco mujeres en este país elige no ser madre y una de cada tres mujeres con título profesional no tiene hijos.
Si usted no ha querido tener hijos porque no está segura, o ya es muy tarde para tenerlos, o porque su pareja no quiso tener una familia, lo más probable es que cuando atraviese la menopausia tenga un periodo de ‘duelo'. Pero si genuina y honestamente no ha deseado ser madre y está viviendo una vida plena y feliz, no tiene nada de que arrepentirse
Dra. Gail Kinman
En Estados Unidos, el censo nacional de 2009 muestra que el 44% de mujeres prefieren no quedar embarazadas.
La pregunta que agobia a muchos es: ¿por qué?
La respuesta obvia -y la que más molesta a quienes no desean ser madres- es "que son egoístas".
Como un niño requiere atención las 24 horas, ésa parece ser la mejor explicación, porque esas mujeres -dicen los críticos- "quieren sólo dedicarse a sí mismas".
Sea egoísmo o no, el hecho es que cada vez más mujeres viven vidas felices y satisfechas sin hijos.
Pero muchas sociedades, principalmente las que más promueven las políticas pronatales, se resisten a la idea de que las mujeres no quieran ser madres.
"Siempre asumí que tendría hijos, pero cuando me casé inmediatamente algo me frenó", dice Nicki Defago, autora del libro "Childfree and Loving It" ("Sin hijos y feliz").
"Me encanta tener mi propio espacio y pasar dos meses al año viajando. Además, están mi profesión y mis amistades".
"La única desventaja de no tener hijos es que la gente no para de preguntarme por qué no los tengo. Cuando les explico que simplemente no quiero, se vuelven muy hostiles", dice la autora.

¿Proceso natural?

Gráfica de maternidad (SPL)
Se sigue suponiendo que la maternidad es un instinto biológico natural.
Durante mucho tiempo se ha asumido que la maternidad –y la paternidad- es un instinto biológico natural.
Pero los expertos cada vez ponen más en duda esta afirmación y afirman que es probable que el llamado "instinto maternal" sea algo cultural más que biológico.
La respuesta a por qué cada vez más gente opta por no tener hijos "no sorprende de ninguna forma", dice el profesor David Barash, experto en psicología y biología evolutiva de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, y autor del libro "The whisperings within" ("Los susurros internos).
"Porque demuestra la que es quizás la característica más notable de la especie humana: la capacidad para decir 'no'".
"Durante más del 99,9% de su historia evolutiva, los seres humanos no han tenido el lujo de decidir si reproducirse o no: simplemente bastaba con involucrarse en una relación sexual para solucionar ese problema".
"Pero un día ocurrió algo extraordinario en esta escena: el control natal. Y gracias a éste, las mujeres (y los hombres) tuvieron la oportunidad de ejercitar su poder de decisión y, si así lo deseaban, ahorrarse el dolor, riesgo e inconveniencia de tener y criar hijos, y dedicarse a satisfacerse a sí mismos en lugar de satisfacer a la posteridad genética", explica el investigador.
Junto con el control de la natalidad llegó la liberación femenina y la igualdad en la fuerza laboral. Y esto ha impulsado el concepto de que las mujeres pueden "tenerlo todo": carrera, niños y pareja.

Mujeres exhaustas

Pero este "tenerlo todo" ha dejado exhaustas a muchas mujeres.
"Las mujeres jóvenes están comenzando a cuestionar este concepto", dice la doctora Catherine Hakim, socióloga de la London School of Economics.
"Se están dando cuenta de que no necesariamente tienen que aspirar a eso y que pueden elegir su propio estilo de vida".
Mujer profesional
Cada vez más mujeres eligen entre una carrera o una familia.
"Para muchas jóvenes, tener hijos no es la satisfacción máxima".
"Y en lugar de desear una carrera y una familia, están comenzando a optar por una o la otra. Esto ha llevado a la comprensión de que algunas mujeres son más felices sin hijos", añade la experta.
Pero aún con argumentos convincentes como estos, muchos continúan preguntando cómo es posible que una mujer no quiera tener hijos.
"Mucha gente asume que si eres soltera y no tienes hijos es porque no has conocido a tu 'pareja ideal'", le comenta a la BBC Beth Follini, psicoterapeuta y asesora en reproducción del Reino Unido.
"Y si estás en una relación te preguntan: '¿Para cuando el bebé?', o te dicen que 'no sabes lo que te estás perdiendo'. O son tus padres los que ejercen presión porque quieren ser abuelos".
"La fertilidad de una mujer parece ser considerada por muchos como una propiedad pública", dice la psicoterapeuta.
"Y todavía existen muchas suposiciones sobre el papel femenino en la sociedad, y sobre la familia y el tamaño que ésta debe tener", completa.
Sin embargo, para muchas mujeres que no tienen la necesidad biológica de procrear en sus principales años reproductivos, alcanzar su cuarta década de vida podría ser problemático.
Por eso, como afirmaa la doctora Gail Kinman, psicóloga de la Universidad de Bedfordshire, en Inglaterra, la fertilidad no es eterna y por lo tanto ésta es una decisión que no debe ser tomada a la ligera.
"Si usted no ha querido tener hijos porque no está segura, o ya es muy tarde para tenerlos, o porque su pareja no quiso tener una familia, lo más probable es que cuando atraviese la menopausia tenga un periodo de 'duelo'", dice la experta.
"Pero si genuina y honestamente no ha deseado ser madre y está viviendo una vida plena y feliz, no tiene nada de que arrepentirse", concluye.

Homeopatía, ¿por qué es peligrosa aunque no me haga daño?



¿Qué es la homeopatía?














La homeopatía es una pseudociencia de las terapias alternativas a la medicina. Tuvo sus inicios a finales del siglo XVIII y principios del XIX a manos de un médico alemán, Samuel Hahnemann (1755-1843). En esa época la medicina aún se regia en esencia por los principios de Hipócrates yGaleno. Los tratamientos más utilizados del momento eran los purgantes (irritantes del intestino que provocan diarrea), eméticos (sustancias que provocan el vómito) y sangrías (literalmente, provocar al enfermo una hemorragia con intención de depurar la sangre de humores patológicos). En respuesta a estos métodos cruentos, desagradables y peligrosos, la homeopatía ofrecía tratamientos que no ocasionaban ninguna molestia, lo que explica su rápida y espectacular popularización.
¿Pero qué descubrió Hahnemann? ¿En qué se basa la homeopatía?
Hahnemann no descubrió nada. Inicialmente Hahnemann y posteriormente sus sucesores hasta nuestros días establecieron unos principios arbitrarios en los que se basan todos los remedios homeopáticos. Como son pocos y muy sencillos en su formulación, vayamos uno por uno:
- Similia similibus curantur (lo similar cura a lo similar): El primer principio de la homeopatía reza así. Hahnemann dijo que las sustancias en la naturaleza pueden producir síntomas de enfermedades. Si una sustancia provoca síntomas de gripe al ingerirla, entonces esa sustancia será el remedio contra la gripe, pero antes hay que diluirla y agitarla (vaya! pretendía explicar el primer principio y sin querer los he explicado todos). Si quieres curar el dolor de cabeza, encuentra una sustancia que de dolor de cabeza, dilúyela, agítala, tienes el tratamiento. Esta idea no se ha conseguido demostrar jamás. Es una idea arbitraria (no sigue ningún razonamiento lógico), un axioma. Analicemos en más profundidad el resto de principios y tratemos de no dejar ningún rincón sin luz.
- Principio de dilución: Cuanto más diluida esté la sustancia, más potente será. A priori parece contradictorio, ¿no? ¿Entonces por qué Hahnemann lo describía así? la respuesta nos recordará a todos a nuestra más tierna infancia: porque sí.  La homeopatía actual mantiene que los mecanismos no son relevantes ya que sus remedios funcionan (aunque nunca lo hayan podido demostrar).
Para la dilución se toma la sustancia que supuestamente va a curar la enfermedad y se diluye en 100 partes de agua, de esa dilución se toma una gota y se vuelve a diluir en 100 partes de agua, así sucesivas veces. Si observáis un envase de remedio homeopático advertiréis un número junto a una o unas letras, por ejemplo 30 CH. Esto indica la dilución del preparado. Cuánto más alto es el número, más diluido está. Para hacerse una idea gráfica, un preparado de 12 CH equivale a disolver una aspirina en el agua de todos los océanos del planeta. A pesar de ello los homeópatas seguían manteniendo que en sus preparados había sustancia, aunque MUY diluida.

Se verían en apuros más adelante cuando, gracias a la Ley de Avogadro, fue posible calcular cuántas moléculas de sustancia había en una dilución, revelando que en esas bolitas de remedio no quedaba ni una sola molécula de sustancia. Aquí la cosa se les ponía bastante fea para los homeópatas, y fue necesaria la creación de otra idea tan pintoresca como arbitraria: es posible que con tanta dilución el agua ya no contenga sustancia alguna, pero se acuerda de ella. Es decir, el agua tiene memoria y se acuerda de la sustancia que una vez estuvo en contacto con ella.
- Memoria del agua: ¿Por qué? Porque sí. De nuevo

la homeopatía nos intenta convencer de algo sin darnos explicación alguna. Pero, si el agua tiene memoria… se acordará del medicamento… pero también de todas las otras sustancias que habrá tocado en su dilatada existencia. Eso plantea muchos problemas, por ejemplo, cuando uno va al retrete y ve agua, se plantea cosas.

El agua de mar tiene disueltas en muy pequeña cantidad casi todas las sustancias que sepueden encontrar en el planeta. Si los principios homeopáticos fuesen ciertos, un vasito de agua de mar curaría todas las enfermedades conocidas! Y así podemos seguir deduciendo multitud de ideas derivadas de este principio, a cada cual más divertida, te invito a poner la tuya al final de este post, en “comentarios”.
De acuerdo, la homeopatía es inconsistente y contradictoria pero… ¿funciona?
No.
¿Y cómo podemos saber si algún tratamiento, como la homeopatía,  funciona?
Sólo hay una forma de saberlo con suficiente seguridad. Si tomas a un grupo de personas enfermas, por ejemplo con depresión, a la mitad les das un tratamiento (por ejemplo homeopático) y a la otra mitad no les das nada, probablemente observarás que el grupo que recibe tratamiento mejora más rápidamente. No significa que el tratamiento sea eficaz, porque el simple hecho de saber que alguien, que se supone que sabe lo que hace, te da tratamiento, provoca un efecto placebo(sugestión) que conlleva mejoría en una alto porcentaje de pacientes.
Para saber con seguridad que un tratamiento funciona tienes que darle a un grupo de enfermos el tratamiento que quieres demostrar, y al otro una pastilla (si el tratamiento es en pastilla) de igual forma y color, las mismas veces al día y durante el mismo tiempo, pero sin tratamiento real (por ejemplo que sólo contenga azúcar). De esta forma sabrás que si el grupo que realmente recibe un tratamiento mejora, es porque el medicamento es eficaz.
Este experimento bien realizado se denomina ensayo clínico aleatorizado a doble ciego(doble ciego porque ni el paciente ni el médico deben saber quien toma el tratamiento real y quién no hasta el final del estudio, para evitar que se favorezca un resultado concreto).
Para comercializar un tratamiento médico es imprescindible que el laboratorio fabricante haya presentado por lo menos un ensayo clínico aleatorizado que demuestre que el fármaco es eficaz y es mejor que el placebo.
Pues bien, no existe un sólo tratamiento homeopático que haya sido eficaz en un experimento bien hecho. Todos los estudios que se han hecho al respecto, o eran negativos o se ha descubierto que estaban alterados. Luego, bajo ningún concepto es legítimo afirmar que la homeopatía funciona.
Bueno, entonces la homeopatía no funciona, ¿pero por qué es peligrosa?
La homeopatía, al igual que otras muchas pseudociencias que no han mostrado ninguna eficacia pero pretenden curar enfermedades, son potencialmente muy peligrosas.
Cuando una enfermedad se está gestando

en nuestro organismo, es muy común que no nos encontremos bien. Dependiendo de la naturaleza de dicha enfermedad podemos experimentar unos síntomas u otros. Si, pongamos por caso, experimentamos un cuadro de cansancio, disminución del apetito, y pérdida de peso, podría ser simplemente debido a algo que nos preocupa en exceso, pero también podría corresponder al inicio de un Trastorno Depresivo Mayor, o una pneumonia, o incluso un cáncer. Dado que el pronóstico de algunas de estas enfermedades puede ser infausto si no se diagnostica a tiempo, es importantísimo que un médico interprete correctamente los síntomas y haga las pruebas necesarias, a fin de llegar a un diagnóstico correcto e iniciar el tratamiento eficaz (comprobado en ensayos aleatorios a doble ciego) lo antes posible.

Dado que de ello puede depender la continuidad de una vida humana, retrasar este proceso tomando bolitas de azúcar sin una sóla partícula de principio activo, resulta dramáticamente peligroso.
Todo lo que dices parece muy lógico… pero a mí me fue bien!
Dado que el cuerpo humano tiene potencial para resolver sin ayuda muchas de las enfermedades que podemos sufrir, es probable que tomando homeopatía pasemos ese cuadro de malestar (siempre que, desde luego, no sea un cáncer de páncreas), pero las consecuencias son igualmente negativas:

- Si nos recuperamos completamente, aún creeremos más en un falso tratamiento. Te fue bien! (o a tu vecino, o a tu compañera de trabajo) pero la próxima vez tomarás convencido/a algo que no te va a ayudar, y quizá en esa ocasión no sea un simple virus catarral…
- Si es una enfermedad con potencial para

dejar secuelas, por ejemplo una pneumonía atípica, es posible que para cuando nos demos cuenta de lo que tenemos y de que las bolitas de azúcar no funcionan, nos llevemos de recuerdo una capacidad pulmonar disminuida.

- Si es una enfermedad contagiosa, nos habrá dado tiempo a expandirla alegremente a nuestro alrededor. Por ejemplo, la tuberculosis, puede dar como únicos síntoma durante semanas, cansancio y sudor nocturno.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Eternos adolescentes

Todo el mundo sabe que las mujeres maduran mucho más temprano que los hombres. Pero un nuevo libro asegura que, tal y como están las cosas en este momento en las sociedades occidentales, es muy probable que ellos nunca logren crecer. En Manning up, lo que traduciría algo así como 'Volverse hombre', Kay Hymowitz, investigadora del Manhattan Institute for Policy Research, afirma que la aparición de las mujeres en el campo laboral ha hecho que ellos prolonguen su adolescencia indefinidamente. Son tipos entre 25 y 35 años que se divierten en las noches jugando PlayStation con sus amigos, que tienen pósteres de Star Wars en su cuarto, que van al trabajo en bicicleta y que no quieren compromisos sentimentales porque están 'casados' con su carrera. "Viven en un limbo entre la adolescencia y la edad adulta". Y aunque algunos han sucumbido al matrimonio, no necesariamente su estado civil los vacuna contra la inmadurez.

A este limbo ella le llama preadultez, y asegura que la presencia de esta nueva etapa en la vida de las personas está marcando un hito demográfico en Occidente, tal y como lo hizo a comienzos del siglo XX la introducción del término adolescencia, con el que se llamó al fenómeno social de la extensión de la niñez.
No hay duda de que el preadulto sufre el síndrome de Peter Pan, un fenómeno del que se viene hablando desde hace dos décadas. También está claro que de esta situación no se escapa ninguno de los dos sexos. Pero lo novedoso es que, según la autora, entre los preadultos las mujeres hoy llevan la delantera. Ellas son mayoría en las universidades, acumulan mejores promedios, viven más experiencias extracurriculares, tienen mayor confianza en sí mismas y más planes para su futuro. En contraste, los hombres son burdos, se rigen por la ley del menor esfuerzo y tienen poco interés en madurar. "Es una inversión radical de la jerarquía de los sexos -dice-. Uno es flojo, crudo e inmaduro y el otro es inteligente, ambicioso y sólido".

Aunque la autora aclara que no todos son así, para ella hay una preocupante cifra de hombres que están desubicados por esa incursión de las mujeres en el campo laboral y por su determinación en alcanzar una carrera. Dicha situación está acelerando la aparición de muchos más Peter Pan en el sexo opuesto. "El hombre preadulto es como un actor en un drama en el que él solo sabe lo que no debe decir", dice. Agrega que además de competir en un mercado laboral difícil, no puede ser muy mandón ni muy seguro; debe ser sensible, pero no muy paternalista y ser inteligente, pero no arrogante. Sus amigos y consejeros son gente como él, que están en lista de espera para entrar a la edad adulta pero, paradójicamente, viven a gusto en ese limbo.

Aunque muchos explican que el alargue de la adolescencia se debe a que los hombres encuentran más placentero vivir en el 'hotel mamá' que salir a afrontar responsabilidades de la vida, Hymowitz revela que en realidad los preadultos existen debido a cambios profundos en la economía. La primera de estas transformaciones es la idea de que la educación universitaria es crucial para lograr cierta estabilidad económica. El eslogan de la economía del conocimiento, como ella la llama, es que "los buenos puestos son para aquellos que tienen diplomas". Pero obtenerlos lleva tiempo, a veces toda una década, según la carrera. Y así como la adolescencia, la preadultez es un fenómeno de las clases pudientes en las sociedades occidentales. Muchos de ellos, incluso, se van de la casa y viven solos porque tienen recursos para hacerlo.

Y una vez tienen los títulos necesarios para surgir, los preadultos se enfrentan a otro cambio, que es el camino por el mercado laboral, el cual hoy es más laberíntico que antes debido a que la revolución digital ha creado muchos nuevos puestos, creativos y glamorosos, pero también muy competidos. Un estratega de comunicaciones, un microbiólogo genetista, un administrador de capital humano, un desarrollador de aplicaciones o un consultor ambiental, entre otros, no se hacen así no más, sino que requieren de mucha movilización del preadulto entre la universidad y las empresas. "Este grupo trabaja, vuelve a estudiar, viaja, regresa a la fuerza laboral para lograr la satisfacción en su vida profesional. No solo buscan un puesto, sino una carrera", dice Hymowitz. En ese contexto, casarse y tener hijos, que eran los hitos que marcaban el ingreso a la edad adulta, hoy están fuera del panorama de los preadultos, quienes aun a los 30 años todavía se están preguntando qué quieren hacer con su vida.

Lo anterior lleva a otro cambio y es que el guion que los hombres tenían que seguir se ha borrado por completo. En 1970, ellos tenían claro que iban al colegio, luego a la universidad y después se casaban, conseguían un puesto en una empresa, tenían hijos y envejecían. Ese camino los llevaría a la madurez tarde o temprano. Hoy, dice Hymowitz, los preadultos no saben cuál es el próximo paso que hay que dar, sino que cada uno escribe su propio guion, en el que pueden incluir o no casarse y tener hijos. En este nuevo escenario, los hombres preadultos tienen más posibilidades de conocer parejas, lo que a veces lleva a buscar tanto que nunca terminan por definirse del todo por una en especial. Esta falta de guion ha desubicado a los hombres sobre su rol social. El papel antiguo del macho proveedor y protector de la mujer y sus hijos ya no es necesario en el contexto de las mujeres autosuficientes.

En los departamentos de mercadeo de todas las compañías los adoran porque encontraron un segmento de consumo interesante. La cultura de revistas, películas y videojuegos existe gracias a ellos y les está ayudando a promover su estilo de vida descomplicado y sin compromisos. La autora pone como ejemplo la revista Maxim, que es la Playboy de los preadultos. Con artículos tipo 'Cómo hacer que su novia piense que la muerte del gato fue un accidente' o '20 personas con las que odiaríamos tener una cita', los hombres de treinta y tantos ya no se sienten solos. Las películas de Adam Sandler, una de las estrellas más exitosas de Hollywood, están hechas en su mayoría para complacer a la audiencia de hombres preadultos. Lo mismo sucede con series de dibujos animados como South Park, que son exitosas gracias a ellos. Y ni hablar de las consolas de video, que hoy son su mejor estrategia de entretenimiento.

Mientras todo esto sucede, las mujeres preadultas están ocupadas con su profesión y hacen del trabajo el centro de su vida. Quieren ser exitosas e independientes y quisieran casarse con hombres de su talla, exitosos y pilos. Pero no los encuentran y se quejan de ello. Hymowitz enumera una serie de libros y artículos escritos por muchas de ellas que en el fondo se hacen la misma pregunta: ¿dónde están los hombres buenos? La respuesta es que deben estar en sus apartamentos, disfrutando de la vida y del trabajo, sin mayores contratiempos e invirtiendo en productos divertidos. Las mujeres los aguantan por un tiempo, pero cuando a los 35 años su reloj biológico empieza a sonar las alarmas, pues su fertilidad está a punto de acabarse, hacen una crisis. Algunas asumen que ya no tendrán hijos, otras deciden adoptar y, en ciertos casos, las más osadas van a un banco de semen y se hacen un tratamiento in vitro. Todo esto para no tener que lidiar con ese hombre-niño. Según Hymowitz, esas decisiones conscientes de las mujeres solo sirven para que ellos se aferren más a su estado de adolescente permanente. Como dice la autora, "para qué madurar, si nadie los necesita". 

Doctrina de choque, EE.UU.

Aquí va una idea: Quizá Madison, en Wisconsin, no sea El Cairo después de todo. Quizá es Bagdad –específicamente– Bagdad en el 2003, cuando la administración Bush puso a Irak bajo el gobierno de funcionarios elegidos por su lealtad y confiabilidad política, en vez de por su experiencia y competencia.

Como pudieran recordar muchos lectores, los resultados fueron espectaculares de una manera negativa. En vez de concentrarse en problemas urgentes de una economía y sociedad destrozadas, las cuales descenderían pronto a una cruenta guerra civil, esos designados de Bush estaban obsesionados con imponer una visión ideológica de tipo conservador. De hecho, con los saqueadores aún merodeando por las calles de Bagdad, L. Paul Bremer, el representante del gobierno estadounidense, le dijo a un reportero del Washington Post que una de sus máximas prioridades era “‘corporatizar’ y privatizar empresas paraestatales” –en las palabras de Bremer, no del reportero–, así como “alejar a la población de la idea de que el Estado mantiene todo”.

La historia de la Coalición de la Autoridad Provisional, obsesionada con la privatización, fue el elemento central del libro de Naomi Klein entre los más vendidos, The Shock Doctrine, en el cual argumentó que había formado parte de un patrón más amplio. Desde Chile en los años setenta en adelante, sugirió, ideólogos conservadores han explotado crisis a fin de pugnar por una agenda que no tiene nada que ver con resolver esas crisis, y todo con imponer su visión de una sociedad más severa, más desigual y menos democrática.

Lo cual nos lleva a Wisconsin en el 2011, donde la doctrina de choque está plenamente de manifiesto.

En semanas recientes, Madison ha sido centro de grandes manifestaciones en contra de la iniciativa presupuestal dólar gobernador, la cual les negaría derechos colectivos de negociación a empleados del sector público. El gobernador Scott Walker alega que necesita aprobar su iniciativa de ley para lidiar con los problemas fiscales de la entidad. Sin embargo, su embate sobre los sindicatos no tiene nada que ver con el presupuesto. De hecho, esos sindicatos ya indicaron su voluntad de hacer considerables concesiones de tipo financiero, oferta que el gobernador ya rechazó.

Lo que está pasando en Wisconsin, más bien, es una lucha por el poder: un esfuerzo por explotar la crisis fiscal para destruir el último gran contrapeso al poder político de corporaciones y los ricos. Además, esta lucha por el poder va más allá de reventar a los sindicatos. La iniciativa de ley en cuestión tiene 144 páginas de largo, y hay algunos elementos ocultos muy adentro.

Por ejemplo, la iniciativa incluye lenguaje que permitiría que funcionarios designados por el gobernador aplicaran extensas reducciones en la cobertura de salud para familias de bajos ingresos sin tener que pasar por el proceso legislativo normal.

Además está lo siguiente: “A pesar de ss. 13.48 (14) (am) y 16.075 (1), el departamento pudiera vender cualquier planta paraestatal de calefacción, enfriamiento y generación de electricidad o podría contratar a una entidad privada para la operación de cualquier planta de este tipo, con o sin proceso de licitación, por cualquier cantidad que el departamento determine que está en el mejor interés del Estado. A pesar de ss. 196.49 y 196.80, no hace falta una sola aprobación o certificación de la comisión de servicio público para comprar o contratar para la operación de una planta de este tipo, y se considera que cualquier compra de este tipo está en el interés público y que cumple con los criterios para certificación de un proyecto bajo s. 196.49 (3) (b)”.

¿Qué es eso? El estado de Wisconsin es dueño de diversas plantas que suministran calefacción, enfriamiento y electricidad a empresas de servicio público manejadas por el Estado (como la Universidad de Wisconsin). El lenguaje de la iniciativa del presupuesto, en efecto, permitiría que el gobernador privatizara cualquiera o todas estas instalaciones a voluntad. No solamente eso, podría venderlas, sin un proceso de licitación, a cualquier persona que él quiera. Además noten que cualquier venta de ese tipo, por definición, “se consideraría que está en el interés público”.

Si lo anterior le suena como una trampa perfecta para el amiguismo y lucrar excesivamente –¿recuerdan esos miles de millones de dólares faltantes en Irak?–, usted no es el único. De hecho, hay suficientes mentes sospechando que Koch Industries, perteneciente a los hermanos multimillonarios que están teniendo una gran participación en el impulso de Walker en contra de los sindicatos, se sintió obligada a negar su interés en la adquisición de cualquiera de esas plantas de generación de electricidad. ¿Ya se siente usted tranquilo?

La buena noticia desde Wisconsin es que el aumento de la indignación popular – auxiliado por las maniobras de los demócratas en el Senado estatal, quienes se ausentaron para negarles el quórum a los republicanos– ha desacelerado la expulsión forzosa. Si el plan de Walker era impulsar su iniciativa de ley antes de que nadie tuviera una oportunidad de percatarse de sus verdaderos objetivos, ese plan ya fue frustrado. Además, los sucesos en Wisconsin pudieran haberles dado pausa a otros gobernadores republicanos, quienes al parecer están dando marcha atrás respecto de movimientos similares.

Pero no esperen que Walker o el resto de su grupo modifique esos objetos. La privatización y reventar a los sindicatos aún son prioridades del Partido Republicano, y seguirá con sus esfuerzos por meter de contrabando esas prioridades en nombre de los presupuestos balanceados.

© 2011 The New York Times News Service