lunes, 11 de julio de 2016

Las leyes de la Física anticipan los divorcios

La Ley de la Termodinámica se aplica al matrimonio. 

Solo con un sobreesfuerzo es posible mantener un relación duradera. Andrea Rodríguez Burbano A la humanidad no deja de preocuparle los entresijos del amor, su durabilidad y, por supuesto, su caducidad. Hay teorías que plantean que este sentimiento dura solo 4 años y otras más optimistas que aseguran que puede durar toda una vida.




 En su afán por hallar nuevas pistas sobre cómo funciona el amor, la comunidad científica plantea un conjunto de pautas aritméticas que, en principio, garantizarían relaciones más duraderas. A través de las ciencias exactas —para ser más precisos la Física y las Matemáticas— los científicos buscan identificar cuánto estamos dispuestos a soportar para lograr que el amor dure más o caso contrario se acabe para siempre. 

En realidad hay una suerte de mecánica de la relación amorosa que se manifiesta a través de una secuencia de intenciones de esfuerzo, las cuales al deteriorarse solo dan lugar a una irremediable ruptura. Estas intenciones de esfuerzo, descritas por el matemático José-Manuel Rey, de la Universidad Complutense de Madrid, establecen que el amor no es suficiente para mantener una relación afectiva, sino el esfuerzo continuado (el óptimo en la ecuación matemática). 

Eso significa que al incrementar el esfuerzo para mantener la relación afectiva, esta tiene más posibilidades de prolongarse. La pregunta es: ¿cuánto empeño y ganas hay que poner para que la relación perdure? Todo indica que el nivel de esfuerzo en un matrimonio es siempre superior al que toda persona desearía. Para el físico ecuatoriano Mario Llerena la unión marital tiene relación con la segunda Ley de la Termodinámica, uno de los pilares fundamentales de la Física. 

Esta ley establece que un sistema bajo ciertas condiciones  tiende a evolucionar hacia el desorden, es decir, nunca se mantiene en el mismo estado, lo cual se puede extrapolar al matrimonio.  “Si usted tiene un vaso con un hielo y lo deja allí, en algún momento empezará a derretirse, porque cambia de estado; evoluciona.

 La unión entre dos personas también es un posible estado y bajo ciertas condiciones la relación empezará a evolucionar y siempre hacia un estado más desordenado que es el divorcio”. Según Llerena es natural que como todo sistema, el matrimonio evolucione hacia un estado de desorden, porque “así funciona el Universo”. 

De acuerdo con las teorías científicas, las parejas que llevan muchos años de matrimonio, tienden a la inercia (propiedad de la Física), lo que significa que siguen juntas por costumbre, pero no hacen nada para cambiar su estado. En Física, la inercia es la propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de reposo relativo, sin cambios. 

Al no esforzarse por cambiar el estado, el desenlace es predecible: la ruptura definitiva (el divorcio) o quizás la indiferencia, pero nunca el bienestar. Esta regla no se puede cambiar y, de hecho, este principio tiene relación con la evolución del tiempo, porque siempre evolucionamos hacia el futuro y no hacia el pasado, como señala este investigador.

 Pero ¿qué ocurre si se aplica un sobreesfuerzo para cambiar ese estado de inercia que consume a muchas parejas? Según Llerena, si las personas invierten tiempo y dedicación para mejorar su relación es posible burlar la segunda Ley de la Termodinámica. Para el ecuatoriano Franklin Aldaz, físico y especialista en Astrofísica, la ventaja del matrimonio es que se trata de un sistema que no comparte energía con otros. “Eso significa que al invertir esfuerzo y energía en llevar un vínculo armónico se pueden conseguir resultados favorables”. 

Aldaz indica que una persona puede mantener la energía del sistema (el matrimonio) para que el orden perdure. Además, este modelo es una aproximación a lo que sucede, día a día, en las relaciones afectivas, pero cree que sería interesante realizar un estudio aún más profundo. Sobre este abordaje científico a un tema tan terrenal como el matrimonio, la psicóloga Cecilia Castelnuovo indica que esta teoría es una buena descripción de lo que supone construir una relación afectiva. “No solo hay que pensar en qué se espera de la relación afectiva, sino también en qué se aporta para que funcione y, en ese aspecto, entra en juego la dinámica de los esfuerzos que sostiene la Física”. 

Según su punto de vista, el error está en pensar que el matrimonio únicamente incluye elementos de bienestar siempre aportados por el otro, una percepción que predispone al fracaso. En la sociedades actuales, está tan normalizado, lo descartable, lo rápido y lo fácil, que a cualquier dificultad las parejas, tiran la toalla. Castelnuovo dice que a la primera ruptura de la burbuja idílica, las nuevas generaciones de parejas abandonan la vida conyugal, lo cual pone en evidencia la incapacidad para enfrentar los momentos conflictivos, porque predomina el individualismo. En ese caso —según Mario Llerena— el matrimonio evoluciona hacia un estado de desorden, pero también hay otro grupo de parejas que mantienen la armonía. 

Castelnuovo dice que también hay parejas que después de años de estar juntas, deciden divorciarse, porque se dieron cuenta, casi al final de su vida, que nunca fueron felices. “Muchas personas mantuvieron la institución matrimonial durante años más allá de la calidad del vínculo. Hay mujeres que toman la decisión de divorciarse, porque se cansaron de mantener una relación no satisfactoria y maltratadora”. Para Alexandra Bravo, la idea de separarse de su esposo, con quien mantuvo una relación durante 15 años, se concretó cuando ambos concordaron que el amor se había terminado. “Luego de un montón de tiempo de estar juntos nos dimos cuenta de que nuestro matrimonio había cambiado. Llegó un momento en que estábamos  juntos físicamente pero separados emocionalmente. A eso había que sumarle la rutina diaria, con demasiados silencios entre nosotros”. 

Alexandra dice que solo hablaban sobre lo que sus hijos querían para el almuerzo, quién los recogería del colegio y quién pagaría el arriendo del mes. En realidad, la mayoría de conversaciones versaban sobre temas logísticos. Si bien Alexandra concuerda en que es necesario esforzarse para que la vida en pareja funcione, también está convencida de que hay un momento en que   el nexo“no da más”, porque se perdió el interés por el otro. Uno de los investigadores que más ha abordado este tema es David Links, quien recrea un mundo donde la aceptación incondicional del amor fuera la regla. En este mundo, la energía en todas sus formas fluiría de forma coherente, sin ningún tipo de resistencia. El amor, descrito de esta manera, sería el estado ideal para la transmisión de la energía que sería suficiente para mantener la armonía. 

Aunque el estudio de las relaciones afectivas tiene su complejidad, los científicos no lo pierden de vista. De hecho son diversas las disciplinas que buscan entender la dinámica del amor y una de ellas es la Neurología. Eduardo Arízaga, médico neurólogo, considera que en las correspondencias de pareja también interviene la química de las emociones. Después del primer año de vivir un amor loco y apasionado —señala Arízaga— este sentimiento disminuye, pero aparece una hormona, conocida como oxitocina, la cual  favorece el apego y elencariñamiento.

 En el hombre y en la mujer hay hormonas del apego que son segregadas por el organismo con mayor intensidad durante las relaciones sexuales. Cuando la oxitocina está presente en niveles muy bajos, las parejas no generan vínculos de apego y la relación puede desembocar en un divorcio. Arízaga precisa, además, que existe un gen que posibilita la aparición de un conjunto de receptores responsables de garantizar la sensación de apego y cariño hacia el otro. Estos receptores están presentes en mayor cantidad en algunas personas que en otras. Al carecer de este gen muchos individuos no generan este sentimiento de apego, lo que evidencia que en el divorcio también intervienen, de forma decisiva, factores genéticos. 

El médico Eduardo Arízaga considera que muchas separaciones se dan después del primer año de matrimonio, porque la imagen idealizada desaparece, cuando la persona que decimos amar se presenta tal como es, con sus virtudes y defectos. (I) Datos Muchas personas se resisten a aceptar que la etapa del enamoramiento terminó y desean  repetir la primera etapa, desbordante de emociones. Cuando esto no ocurre, surgen las primeras dificultades. No es posible vivir un noviazgo eterno. Por esta razón, los matrimonios ‘para toda la vida’ empiezan a ser casi una utopía.  Las nuevas generaciones de matrimonios asumen, en muchos casos, que la relación nunca estará exenta de dificultades.  (I)

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