lunes, 27 de julio de 2015

“La religión no es el motor de la moral sino el freno que ha ralentizado su desarrollo”

Daniel Dennett, filósofo y científico cognitivo


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A Daniel Dennett (Boston, 1942) le gusta parecerse a Charles Darwin. Este filósofo evolucionista ha dedicado toda su vida a pensar por qué somos como somos y por qué pensamos como pensamos. Su trabajo ha recibido numerosos galardones que lo han situado como uno de los filósofos de la ciencia contemporáneos con más influencia internacional. Pero si le dan a escoger, prefiere colarse en una charla de ciencia que en una de filosofía.
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Núria Jar |  | 24 julio 2015 08:00
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Daniel Dennet, durante su última visita a Barcelona / SINC
Daniel Dennet, catedrático de filosofía y director del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (EE UU), es uno de los filósofos de la ciencia más destacados en el ámbito de las ciencias cognitivas. En esta entrevista con Sinc, desgrana sus ideas sobre la conciencia, la intencionalidad, la religión y la moral.
Muchas veces le preguntan sobre el significado de la vida. ¿Por qué responde que el secreto está en encontrar algo más importante que uno mismo y dedicarse a ello?
Hay personas que desconocen el sentido de la vida. Podría ser porque están demasiado centradas en ellas mismas y son egoístas. Es obvio que la manera de ser feliz y tener una buena vida es ayudar en algo. Lo que sea. Algo bueno. Traer algo de bondad al mundo te hará feliz a ti y a otros. Ya sea dedicándote a la ciencia, salvando el medio ambiente o protegiendo cualquier cosa, la arquitectura o los peces. Siempre hay un montón de cosas que hacer y que son necesarias. ¡Vaya y haga alguna!
"Somos la única especie que tiene causas. Algunas pueden ser absurdas o erróneas, pero es el precio de ser humano"
Existe gente que dedica toda su vida a una causa y se focalizan tanto en ella que otras pasan a segundo plano, como tener hijos. ¿Por qué no todos los humanos cumplimos con nuestro propósito biológico?
Somos la única especie que tiene una perspectiva que no empieza ni termina con tener hijos. En otros animales la reproducción es la máxima. Lo que hacen está condicionado por eso y luchan por oportunidades de apareamiento. Todos los animales se esfuerzan para reproducirse. Por supuesto que nosotros también tenemos esos impulsos en nuestros genes. No estaríamos aquí si no los tuviésemos. Pero debido a que tenemos lenguaje y cultura contamos con otra perspectiva. Hay otras cosas aparte de la descendencia por las que vale la pena trabajar, morir, o vivir: la justicia, la verdad, el arte, la belleza, la religión, el comunismo…  Lo que sea. Somos la única especie que tiene causas. Algunas pueden ser absurdas o erróneas, pero es el precio de ser humano.
En su caso ha dedicado toda su vida a la filosofía. Como pensador evolucionista viaja por todo el mundo dando charlas sobre Charles Darwin. De hecho se parece bastante a él…
Es más bien por accidente. Tengo barba desde el año 1967, por lo que no me parezco a Darwin hasta hace relativamente poco. Hubo una época en la que me parecía a Rasputín. Así que no lo hice a propósito, aunque estoy contento de parecerme a Darwin.
Usted convive con filósofos y científicos. ¿Cómo combina los dos mundos?
No todos mis amigos son académicos, pero muchos de mis mejores amigos son científicos. He aprendido mucho de ellos. Después de dedicarme unos 30 años a la filosofía no creo que haya mucho más que aprender de mis colegas. Claro que siempre hay algo más pero no me interesa tanto como la ciencia. Si me dieran a escoger entre una charla de ciencia o filosofía, preferiría ir a una conferencia de un científico porque aprendería algo que antes no sabía, algo que también pasa con la filosofía pero en contadas ocasiones.
La ciencia y la filosofía aún se preguntan si los seres humanos tenemos libre albedrío. Usted mismo lleva años pensando sobre ello.
Durante miles de años mucha gente ha pensado que el libre albedrío depende del determinismo, como si se tratara de una flojera de la física. Opino que es un error, porque no importa si el determinismo o el indeterminismo son ciertos. En realidad lo que queremos es tomar decisiones causadas por nuestras razones, basadas en lo que hemos aprendido. Lo último que queremos es que la naturaleza juegue a los dados o a la ruleta rusa mientras nosotros actuamos. Si hago algo quiero que esté causado por mi intención, se deba a mi deliberación y que a su vez esté causada por las pruebas fácticas que haya recolectado. No quiero que la aleatoriedad intervenga en este proceso.
"A veces simplemente hay que dejar de pensar y actuar. Yo no quiero ser como Hamlet que piensa todo el rato"
¿Y cuándo debemos dejar de pensar?
A veces simplemente hay que dejar de pensar y actuar. Yo no quiero ser como Hamlet que piensa todo el rato. Una decisión es como lanzar una moneda: tengo que dejar de reflexionar y actuar. Hay momentos en los que todos corremos riesgos, hablamos de boquilla y esperamos estar en lo certero. Esta es la única aleatoriedad que necesitamos en nuestro comportamiento, y no se trata de una ausencia de determinismo sino de dejar al cerebro que decida por ti cuando no tienes un motivo concreto. Todas mis decisiones son producto de mi cerebro, todo es biología porque todo pasa en mi mente.
¿Cómo encaja la competencia moral en todo esto?
Si mi cerebro funciona bien entonces soy moralmente competente, y aquí es donde se encuentra el libre albedrío. Tomaré buenas decisiones sin obsesiones, fobias o cualquier otra cosa que me inhabilite. Hay muchas maneras en que mi cerebro es menos aceptable como sistema de control, si alguna de ellas me afecta no tendré libre albedrío.
"Todas mis decisiones son producto de mi cerebro, todo es biología porque todo pasa en mi mente"
Usted ha hablado mucho sobre religión. ¿Cómo influyen las creencias en la competencia moral?
No tienen nada que ver. La competencia moral es un ideal, algo así como las buenas prácticas. Mucha gente llega a ellas a través de la religión, que solo es una contingencia. Después de todo, la moral actual es bastante diferente de la moral del Antiguo Testamento, nadie quiere vivir como hace miles de años. Encontramos ofensiva la esclavitud, por ejemplo. La religión no es el motor de la moral sino el freno que ha ralentizado su desarrollo. Aunque se actualiza poco a poco, casi hemos convencido a los católicos de que no hay ningún problema con la homosexualidad. Ellos no nos guían, nos siguen. Y esto pasa con todas las religiones.
¿Es optimista respecto al futuro?
Lo soy. El mundo es mucho mejor y un sitio más moral en este siglo que a principios del siglo XX. Creo que progresamos. Pienso que el mundo es más seguro y menos violento, aunque todavía podemos hacer mucho daño.

domingo, 21 de junio de 2015

Los padres únicamente nos convertimos en visitadores y proveedores de dinero


Coparentalidad es una organización de la sociedad civil que reúne a 45 divorciados, quienes luchan por seguir participando en la crianza de sus hijos. Denuncian que la legislación no los ampara.

Foto: John Guevara / EL Telégrafo
Foto: John Guevara / EL Telégrafo
Foto: John Guevara / EL Telégrafo
Foto: John Guevara / EL Telégrafo
Foto: John Guevara / EL Telégrafo
Foto: John Guevara / EL Telégrafo
Redacción Sociedad
Hace 2 años que Richard Ponce no ve a sus 3 hijos. Posiblemente hoy tampoco lo haga. “No creo que fui un padre perfecto, tuve muchos errores como todos porque soy humano, pero nunca hubo maltratos. Los extraño mucho, recuerdo cuando hacíamos deberes juntos, salíamos al parque. Yo era un niño más con ellos”, rememora.
Richard se reúne cada 15 días con otros padres que sufren una situación similar a la suya. La organización no sexista Coparentalidad Ecuador - Primero Somos Padres, que está por constituirse como fundación, los recibe. Está conformada por 60 personas, entre abuelos, abuelas y madres, 45 de ellos son papás. Ahí reciben asesoría legal, cuentan sus casos e idean proyectos que busquen concienciar sobre la necesidad de que los hijos crezcan en un ambiente de paz, en donde no se rompan los vínculos afectivos y se promueva la responsabilidad compartida.
Hace 30 meses que Richard firmó el divorcio. Su pareja se volvió a casar, pero él no lo ha podido hacer porque su lucha está enfocada en rehacer el lazo con sus hijos. Estuvo un mes en prisión por no pagar 2 meses de pensión alimenticia, también perdió su empleo.
“Un día mi expareja me preguntó si quería ver a mis hijos, le dije que sí. Fui a la hora pactada. Estaba conversando con unos amigos hasta esperar a mis hijos, pero solo salió la mamá con la policía y me apresaron. Caí como un niño”, dice.
Richard reconoce que debía cancelar la pensión, pero también siente enojo porque su expareja lo aleja de sus hijos. “¿Cómo le voy a depositar si no sé nada de ellos”, se cuestiona.
Mario Ramos también se divorció y afirma que su vida dio un giro de 180 grados cuando su hija empezó a rechazarlo.  “Luego de las investigaciones de los peritos judiciales llegaron a la conclusión de que mi hija padecía del síndrome de alienación parental SAP (...) estaba siendo influenciada por la madre y familiares maternos”, revela.
Lleva 1 año y medio que no puede verla. “Pese a que mi hija padece del SAP, las autoridades y jueces no hacen nada por impedir este maltrato psicológico”, argumenta.
Santiago Villareal, director nacional de Coparentalidad Ecuador, explica que este tipo de casos son  comunes. “Como organización fomentamos el diálogo para que haya una mediación efectiva, también para que los padres y madres tengan claro el rol que cumplirán en la vida de sus hijos y depongan actitudes por el bienestar de ellos”, explica el profesional, quien tras su divorcio  lucha por permanecer el mayor tiempo con su hija.  
Cita los artículos 83 y 69 de la  Constitución del Ecuador que detallan que el cuidado de los hijos es una tarea compartida y que ambos, papá y mamá, están obligados a criarlos, incluso en casos de separación. “En ninguna parte dice el padre que pierda la custodia de sus hijos se convertirá únicamente en visitante y proveedor. Lo que pedimos es igualdad y una verdadera equidad”, sostiene Santiago.

Vacíos y trabas en la legislación

El abogado Miguel Laguna si bien reconoce que hay casos de irresponsabilidad de los padres con el cuidado de sus hijos, también coincide con la demanda que plantea Santiago. Dice que varios artículos en el Código de la Niñez y Adolescencia favorecen más a las madres.
Por ejemplo el artículo 129 de este Código provee la participación  de la madre y del padre en la alimentación del menor.
Este texto dice también que solo se fiscaliza al padre, pese a que existen muchos casos en los que la madre trabaja. “Se debería plantear una fiscalización. El Código no prevé eso, no hay un control del dinero que el padre deposita a favor del hijo. Los padres únicamente nos convertimos en visitadores y proveedores de dinero (...) El gasto de ese dinero solo queda en la buena fe de la madre ”, cuestiona.  
Laguna detalla que el respeto al régimen de visitas estipulado en el articulo 125 del Código tampoco se cumple. “La normativa dice que se puede dictar el apremio personal  (cárcel) para la madre que incumple una resolución de visitas, pero no se ejecuta. A los jueces les tiembla la mano, pero no sucede lo mismo cuando un padre debe 2 meses de pensión de alimentos. Inmediatamente dictan el apremio personal sin mucha investigación”, sostiene.
Existe una tabla específica que plantea el valor que se debe cancelar por pensiones alimenticias. Hay 3 niveles de acuerdo al sueldo del progenitor. Laguna explica que cuando un abogado asiste a las audiencias, regularmente ofrece pagar el 50% de la deuda y el resto prorratearlo a 12 meses, pero en ello también hay reparos. “Lo que sucede es que el juez ordena pagar todo cuando hay una resolución de la Corte de Justicia que acepta la forma de pago prorrateada”, dice.
Para evitar todo este calvario, Santiago cree que las acciones preventivas son indispensables. Como vocero de la organización cree que antes de que una pareja vaya a mediación, la primera instancia debería ser una orientación y charla a los progenitores donde se hable de temas de alienación y manipulación parental y de los futuros problemas que esto genera en el menor. “De esta  manera se puede evitar el litigio”, dice muy convencido.  
El caso de Wilson Brito, miembro también de Coparentalidad, brinda esperanza a todos los padres de la organización porque pese a que está en proceso de divorcio, él y su expareja han logrado mantener una relación de amistad pensando en el bienestar de sus hijas. “Ambos depusimos actitudes negativas y ahora las cosas están más relajadas. Hemos limado asperezas (...) Tengo visitas sin limitación y puedo estar presente en la vida de mis hijas”.

Daño psicológico a futuro          

La psicóloga Yadira Medina destaca la importancia de fortalecer los lazos afectivos. “Si cortamos el vínculo con el padre solamente porque nuestra relación con él no ha sido satisfactoria, consciente o inconscientemente estamos utilizando a nuestros hijos como objetos de venganza. Esto puede generar inestabilidad emocional y conducirlos a afrontar situaciones más complicadas con el tiempo”, apunta.
La experta explica que antes se enfocaba a la madre como la figura más importante en la vida del niño, pero hoy  sobresalen estudios en los que se destaca el papel fundamental del padre. “Cuando crecen con una figura paterna, los  niños son más estables, independientemente de si sus padres viven juntos o separados.
El padre puede generar al involucrarse en la crianza de sus hijos el afecto, la confianza y la contención emocional que ellos necesitan para crecer felices”, puntualiza. (I)

Pocas empresas dan más días de licencias a padres

El artículo 152 del Código de Trabajo otorga 10 días de licencia por paternidad cuando el parto ha sido normal y 5 días más cuando el parto ha sido por cesárea.
En el Día del Padre, el portal de empleos Multitrabajos.com realizó una encuesta sobre paternidad y beneficios a más de 100 gerentes de recursos humanos de importantes empresas.
La mayoría de gerentes consultados aseguró que no otorgaría más días de paternidad (ver infografía).
El 68% de los encuestados aceptó que en su empresa no brindan beneficios especiales para los padres, como horarios flexibles, guardería o jardín de infante, entre otros servicios que les servirían de gran ayuda. (I)

sábado, 20 de junio de 2015

Thomas Piketty, la nueva estrella de la economía mundial


  • 7 mayo 2014
Thomas Piketty
El libro tiene unas 650 páginas, fue publicado en inglés el 10 de marzo, trepó al puesto número uno de la lista de best sellers de Amazon en Estados Unidos en abril y su impacto ha sido comparado con el que tuvo Adam Smith en el siglo XVIII, Karl Marx en el XIX y John Maynard Keynes en el XX.
Elogiado por los premios Nobel de Economía, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, encomiado por el influyente editor del diario Financial Times, Martin Wolf, y analizado en profundidad por el semanario The Economist. "Capital in the 21st Century", del economista francés Thomas Piketty, contiene un duro ataque al capitalismo y un rasgo que considera inherente a su funcionamiento: una creciente desigualdad que tarde o temprano será "intolerable".
El mensaje recuerda (al igual que el título de la obra) las predicciones de Karl Marx sobre el inevitable antagonismo entre una minoría cada vez más rica y una mayoría cada vez más relegada.
No en vano The Economist apodó a Piketty "el moderno Marx", pero entre las sorpresas de este supuesto heredero del autor de Das Kapital y el "Manifiesto Comunista" está el hecho de que fue recibido simultáneamente por la Casa Blanca y el Fondo Monetario Internacional para que explicara sus tesis.
En su reseña para The New York Review Paul Krugman buscó sintetizar el interés que despierta el libro.
"Presenta un nuevo modelo que integra el concepto de crecimiento económico con el de distribución de ingresos salariales y riqueza. Cambiará el modo en que pensamos sobre la sociedad y la economía", escribió Krugman.

R contra G

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Piketty ha sido apodado "el moderno Marx".
Piketty no es el primero en hablar del crecimiento de la desigualdad. El tema ha sido tratado por diversos autores, desde Joseph Stiglitz hasta el coreano Ha-Joon Chang, y mencionado como uno de los grandes desafíos de nuestra época por dirigentes políticos mundiales, comenzando por el mismo Barack Obama.
La diferencia es que Piketty revoluciona el análisis histórico con una comparación que abarca desde comienzos de la revolución industrial en el siglo 18 hasta nuestros días.
Según Piketty el crecimiento de la desigualdad es inherente al capitalismo porque la tasa de retorno o rendimiento del capital (R: rate of capital return) es superior a la tasa de crecimiento económico (G: rate of economic growth), relación resumida en la versión en inglés del libro como "R > G" (R mayor que G).
Piketty analizó la evolución de 30 países durante 300 años como explicó a The New York Times.
"Si uno analiza el período desde 1700 hasta 2012 se ve que la producción anual creció a un promedio de un 1,6%. En cambio el rendimiento del capital ha sido del 4 al 5%", indicó Piketty al diario.
La consecuencia de este proceso es que a la larga el mismo crecimiento económico se ve afectado. En otras palabras, Piketty ataca de frente la idea de que la distribución de la riqueza económica es secundaria a la creación de la misma.

Los 25 años dorados

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El investigador francés analiza en su libro el crecimiento de la desigualdad en el mundo.
Esta tesis choca de frente con la premisa de la economía neoclásica (basada en Adam Smith y David Ricardo) que considera que la distribución de la riqueza es un tema secundario del crecimiento y que en "economías maduras" (desarrolladas) la desigualdad se reduce naturalmente.
Esta tesis se basaba en la llamada curva de Kuznets que postulaba que si bien las economías eran muy desiguales en la primera etapa de la industrialización, se volvían más igualitarias con el tiempo por virtud de un proceso de maduración intrínsico, resultado del crecimiento.
Kuznets desarrolló esta hipótesis en los años 50 y 60 al mismo tiempo en que el capitalismo gozó de sus "25 años dorados" (1947-1973) en los que el crecimiento rondó el 4,5% anual.
Según Piketty este período es una excepción debida a factores históricos aleatorios e institucionales.
"La gran crisis de 1914-1945 con la destrucción de capital por la inflación, las dos guerras mundiales y la Gran Depresión, sumado a cambios institucionales, como la creación del Estado de Bienestar, revirtieron un poco el proceso de creciente desigualdad que veíamos desde la revolución industrial", señaló a The New York Times.
En otras palabras, con laissez faire la tendencia natural es a la desigualdad. Por el contrario, la intervención de la historia, que afecta el rendimiento del capital y su inversión (guerras mundiales), y la del estado (redistribución) pueden torcer esta tendencia.
En su "Historia del siglo XX", el recientemente fallecido historiador Eric Hobsbawm aporta otro ángulo que lleva a la misma conclusión: “Una de las ironías del siglo XX fue que la Revolución de Octubre, que tenía como objeto la eliminación del capitalismo, terminó salvándolo al obligarlo a reformarse y planificar su economía con políticas redistributivas como el New Deal, escribía el historiador británico a principios de los 90.
Con la caída del Muro de Berlín, el capitalismo volvió a sus viejas raíces del laissez faire, hoy rebautizadas como neoliberalismo.

Críticas

El libro de Piketty ha sido criticado desde dos perspectivas.
Desde la derecha se ha reconocido la "extraordinaria maginitud de los datos acopiados y comparados", pero se ha disentido con la tesis principal y con la "pobreza" de los remedios propuestos.
El semanario The Economist sintetizó en su última edición las críticas.
"Muchos piensan que Piketty se equivoca al creer que el futuro será como el pasado, el siglo XXI como el XVIII y XIX. Otros agregan que, en realidad, es cada vez más difícil obtener una buena rentabilidad del capital invertido. Y además la mayoría de los super-ricos de hoy ha conseguido su riqueza gracias a su esfuerzo y no por herencia", señala el semanario.
Desde una perspectiva de centro izquierda, también se ha criticado a Piketty porque su tesis se mantendría dentro de los límites de la economía "neoclásica".
El autor de "Post Keynesian Economics: Debt, Distribution and the Macro Economy", el académico estadounidense Thomas I. Palley señala que esta limitación hace posible "cambiar algo para que no cambie nada", vieja técnica del gatopardismo.
"Piketty suministra una explicación de la creciente desigualdad en el marco neoclásico y centra el problema en la diferencia entre la rentabilidad del capital y el crecimiento. Este esquema neoclásico le hace enfocar el tema impositivo como el remedio sin prestar atención a las estructuras del poder económico", señala Palley.

¿Hay alternativas?

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El impacto de Piketty ha sido comparado con el que tuvo Adam Smith en el siglo XVIII.
En una cosa todos coinciden: la desigualdad ha crecido en las últimas tres décadas.
Segun The Economist hoy el 1% de la población tiene un 43% de los activos del mundo: el 10% más rico maneja el 83%.
El mensaje de Piketty es que esta situación va a continuar a menos que se pongan en marcha una serie de medidas progresistas globales como un impuesto del 80% a la riqueza (no solo al ingreso).
Más allá si este remedio forma parte del esquema neoclásico como critica Palley, dado el poder de lobby de los grandes capitales y, en muchos casos, su directo manejo de la cosa pública (la política económica de Barack Obama ha estado en manos de exbanqueros de Wall Street), resulta bastante improbable que se pueda llevar adelante.
El mismo Piketty no es particularmente optimista.
"Los niveles de desigualdad en Estados Unidos hoy son similares a los que había en Europa a comienzos del siglo XX. La historia nos enseña que este nivel de desigualdad no es positivo para el crecimiento económico o la democracia. La experiencia de Europa en el siglo XX no nos hace ser muy optimistas. Los sistemas democráticos no pudieron responder de manera pacífica y la situación solo se solucionó después de dos guerras mundiales y violentos conflictos sociales. Esperemos que esta vez sea diferente", señala Piketty.

domingo, 14 de junio de 2015

Matthieu Ricard. "Hay que dejar de pensar en uno mismo, que es lo que nos vuelve miserables"


Monje budista, fotógrafo y escritor, el hijo del reconocido filósofo ateo Jean-François Revel defiende la capacidad de los seres humanos para entrenar la mente en busca de la felicidad
Por   | LA NACION
Dos días antes del terremoto en Nepal, el francés Matthieu Ricard, monje budista de la tradición tibetana, intérprete del Dalai Lama, fotógrafo y escritor, dejó su monasterio en Katmandú para visitar a su madre de 92 años en Francia. El azar puso a resguardo su vida, pero los temblores sacudieron a su monasterio en Katmandú, desde donde junto a otros 600 monjes, médicos y voluntarios organiza la asistencia que su organización, Karuna, brinda a través de 20 clínicas en Nepal, la India y en el Tíbet.
Ricard hubiese preferido estar allí, pero en menos de una semana en Francia pudo recolectar un millón de dólares para la reconstrucción de Nepal. Su prédica espiritual es bien conocida en Europa y los Estados Unidos, donde sus libros, El monje y el filósofo (una conversación con su padre, el filósofo ateo Jean-François Revel), El arte de la meditación y, el más reciente, La revolución altruista, son best sellers con alto predicamento.
Su pasado cientificista, como biólogo molecular del Instituto Pasteur, lo empujó en el año 2000 a participar de una ambiciosa investigación neurocientífica en los Estados Unidos y en Europa que, al día de hoy, continúa midiendo los efectos que la meditación y el entrenamiento mental producen en el cerebro. El de Ricard -moldeado en su infancia por los círculos intelectuales parisinos y luego por la práctica budista- exhibió el nivel cerebral más intenso de ondas gama, vinculadas a estados de bienestar, medido en la historia de las neurociencias. Desde entonces, lo llaman "el hombre más feliz del mundo". De eso habló ayer en el Primer Encuentro de Felicidad, organizado por Green Tara en el Malba: de su propio derrotero hacia el bienestar y sobre cómo entrenar una mente feliz. Pero antes, conversó con la nacion.
-¿Cómo llega un PhD, discípulo de un Premio Nobel, a convertirse en monje?
-Culminaba mis estudios sobre Escherichia coli cuando quise irme a vivir al Himalaya para aprender de los grandes maestros budistas. Vi en ellos modelos de vida perfectos. Luego, fue natural convertirme en monje: cultivar la sabiduría, meditar en las montañas y llevar una vida despojada de servicio. Cuando uno más profundamente se transforma, mejor puede servir a los otros.
-¿Cómo disipó la tensión entre ciencia y religión?
-La ciencia investiga la naturaleza de la realidad con rigor y el budismo es una ciencia de la mente, de la iluminación, basada en la ley de causa-efecto y en la relación de uno con el universo. Ése es un acercamiento empírico a la realidad, con lo cual hay tensión. Miramos lo mismo: cómo entrenar la mente para ser más conscientes y lograr el equilibrio emocional. El cerebro cambia estructuralmente y en sus funciones si uno entrena la mente.
-¿Y cómo se entrena la mente para ser feliz?
-Cultivando el altruismo, innato o no; llenando nuestro espacio mental con amor y compasión se bajan los niveles de cortisol. Día tras día, hay que entrenar el cerebro con pensamientos positivos y dejar de pensar en uno mismo, que es lo que nos vuelve miserables. La forma científica de hablar de meditación es la de cultivar habilidades cognitivas. La felicidad nunca es una sola cosa. Supone estimular otras habilidades: la libertad, el coraje, la fuerza interior, el amor, la compasión, la amabilidad incondicionales. Si uno alimenta su mente con pensamientos de odio, se convierte en una persona cruel. Si hace lo opuesto, verá que en un mes la neuroplasticidad del cerebro habrá cambiado. Meditar es educarse y es clave. Hay que entender que la empatía sólo informa sobre la situación de otros; la compasión motiva a llevar bienestar a los demás. Y no porque el dolor ajeno nos angustie.
-Pero vivimos en un mundo egoísta...
-Ésa es una falsa creencia que banaliza el bien común. Mire Nepal: la gente se ayuda y lo hace en todas las catástrofes. Es erróneo suponer que se puede construir la propia felicidad de forma egoísta. Hoy somos todos interdependientes. En el plano personal, uno experimenta una profunda sensación de bienestar cuando desarrolla el amor altruista; también será percibido positivamente por otros. A nivel global, ¿cuáles son los desafíos para lograr el bienestar? En el corto plazo, la mejora económica. En el mediano, el de la calidad de vida. Y en el largo, la preservación del medio ambiente. El único concepto que sirve para construir un mejor mundo a futuro para todos es tener mayor consideración.El altruista trabajará para una economía más equitativa; el compasivo se preocupará por los temas sociales, y ambos trabajarán en pos de lo que no llegarán a ver.
-¿No le parece utópico?
-No. La crueldad y la violencia están presentes, pero no son determinantes. Si uno observa la mente en profundidad, ve que detrás de la amabilidad y de la crueldad, está la conciencia, que no está condicionada y sólo puede ser moldeada por las construcciones mentales. Todo depende de cómo uno entrena la mente y cómo elabora y enfrenta sus emociones. Si en cada ser humano hay dos lobos: uno amable y otro que quiere exterminar al primero, ¿cuál prevalece? El que uno alimenta. La revolución de la compasión llegará y el altruismo, que es benevolencia, será su consecuencia. El concepto que exportaremos al nuevo siglo será el de cooperación.
-¿En qué basa esa creencia?
-Hoy valoramos más al otro que en el pasado. Asimilamos un conjunto de valores (derechos humanos, de la mujer, del niño) a los que hemos ido asomando a lo largo del tiempo. Genéticamente somos los mismos que en el pasado sometían a otros como esclavos. Lo que nos diferencia hoy es la cultura y la conciencia.
-Un escritor español suele decir que "si Dios realmente existe, no es un caballero"...
-En el budismo, no tenemos ese problema: no es Buda responsable de los problemas terrenales. Hay una bondad básica en el ser humano, que puede salirse de cauce, por eso hay que entrenarla. Pero ése es un viejo dilema, la Teodicea, que culpa al libre albedrío; una excusa graciosa. Mi padre escribió que reconciliar el mal con la existencia de Dios es como poner agua fría y caliente en un mismo caño. No funciona así.
-¿Cómo funciona?
-Somos 7000 millones de personas que debemos convivir en armonía con otros 1,3 millones de especies, aceptando que el mal existe y educando al cerebro en hacer el bien frente a todo ser vivo. Por eso sugiero que la meditación, como entrenamiento, se incluya desde el jardín de infantes, vaciándola de enseñanzas religiosas. Debería dejar de ser vista como algo exótico para entenderla como una técnica eficaz.