jueves, 21 de noviembre de 2013

Las increíbles travesuras del doctor Rodolfo Llinás

 – ¿Quieren ver la prueba contundente? –dijo Llinás.
Y después de largas horas de asombrosa conversación y de haber narrado episodios simpatiquísimos e inéditos de su vida, trajo su computador portátil a la mesa, lo encendió, buscó un archivo y puso a rodar un video en el que, en un plano estático, se ven dos vasos, uno al lado del otro.
En el vaso de la izquierda hay un pez dorado (comúnmente conocido como “bailarina”), que se mueve y abre frenéticamente la boca en el agua.
En el vaso de la derecha, en el fondo, hay otro pez dorado, completamente inmóvil. Está en la “nano-agua”, que a primera vista parece normal.
Pronto, en el encuadre, aparece una mano que agarra con una malla al pez que está moviéndose febrilmente en el recipiente de la izquierda, y lo pasa al envase de la derecha. Y en cuestión de segundos, el animalito se va al fondo y se queda quieto como su compañero. Ambos inmóviles, tranquilos, observando.
De la misma manera, a su compañero (el que estaba tan quieto y plácido) lo pasa al recipiente de la izquierda en donde, en cuestión de los mismos segundos que tuvo su predecesor para adaptarse, comienza a moverse tal cual como se movía su camarada, de un lado al otro, abriendo la boca. Respirando.
– ¿Sí ven? Es muy sencillo. Es la mejor prueba que hay y no hay manera de refutarla: el pez que está en el agua normal hace todo lo que hace un pez en agua normal: moverse y abrir su boca para respirar, porque esa es su función. El de la derecha, el que está en la “nano-agua”, simplemente se sienta a descansar, porque aquí mejora su funcionamiento a nivel celular y ya no necesita abrir su bocota ni nada de eso.
Y efectivamente. Ahí está la prueba fehaciente –tan sencilla y tan miedosamente contundente– de que estamos frente a un agua increíble, un líquido excepcional que el mismo científico bogotano ha definido como: “Un nuevo concepto en medicina… Una sustancia que optimiza la vida… Un agua que se podrá tomar o se podrá administrar por vía intravenosa”.
¿Pero de qué se trata este invento? El neurofisiólogo colombiano llegó a la conclusión de que el agua se puede mejorar notablemente, al punto que puede ayudar a prevenir enfermedades causadas por el deterioro celular (cáncer, alzhéimer, etc…), siempre y cuando sea sometida al influjo de una alta concentración de energía, a través de un proceso de “nanotecnología”.
En otras palabras, el más grande científico que ha tenido el país –, que dirigió el programa del grupo de trabajo científico “Neurolab” de la NASA–, logró, luego de largos años de experimentos, que en el agua ocurra un fenómeno llamado “cavitación”, gracias al cual se producen “nano-burbujas” de vacío en las que se inserta el oxígeno (dentro del cristal normal del agua), multiplicando así su capacidad de oxigenación. Toda una revolución.
Sin embargo, muy a pesar de la maravilla que implica su descubrimiento –como sacado de la más intrépida novela de ciencia ficción–, al actual director del departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York no le gusta hablar mucho del tema. De hecho, por ahora prefiere esperar los resultados, en la medida en que acaba de entregar su investigación a la comunidad científica.
Lo que sí hizo, con entusiasmo moderado, fue mostrar el video. Y lo hizo después de una muy personal e íntima entrevista –con ajiaco incluido, que adora y que devora cada vez que viene a Colombia–, en la que reconstruyó los incidentes, las aventuras y las andanzas de su vida.
Una traviesa historia que comenzó en los años treinta, en una singular y pacata ciudad a 2.600 metros de altura, en el seno de una familia de catalanes que llegaron a este país en el siglo XIX y que dejaron en nuestra tierra uno de los cerebros más brillantes que recuerde la República de Colombia: Rodolfo Llinás Riascos (Bogotá, 16 de diciembre de 1934).
Finalmente, ¿costeño, bogotano o catalán?
Sé quién soy y soy catalán. Casi no tengo nada colombiano. La gente piensa que los Llinás somos de Sabanalarga pero, ¿cuánto tiempo duraron en Sabanalarga? Pues dos generaciones. Pero ¿cuánto tiempo duraron en España? A ver, creo que mi apellido tiene más o menos dos mil años. Aquí vino un señor catalán, le pareció fantástico, consiguió mucha tierra y se devolvió. Entonces vinieron los hijos por allá en 1860 y ahí empezó el cuento de que los Llinás eran costeños. Mi abuelo se vino a estudiar medicina a Bogotá y se quedó. Mi papá nació en Sabanalarga, pero se vino a los cuatro años. Yo soy bogotano.
Usted comenzó sus estudios en el Gimnasio Moderno, pero todo parece indicar que no le fue muy bien, ¿o no?
El Moderno fue sumamente interesante. Estaba basado en la visión de Agustín Nieto de un colegio inglés: de saco y corbata. Había muchos profesores extranjeros de una altura impresionante, como el profesor Prat, uno de los caudillos españoles de izquierda, catalán, que hasta tiene plaza en Barcelona. Pero yo fui un estudiante malísimo…
Y por varios colegios, ¿cómo fue su recorrido?
Estuve en el Gimnasio Moderno, en el Cervantes, en el Liceo Francés, en varios. Y siempre con pelotera. Es que enseñaban unas cosas que no entendía y que no eran interesantes. El problema grave es que, como no tenían contexto, entonces no aprendía. Y yo decía “no le jalo”.
¿Qué ejemplo tiene de descontextualización?
La geografía, por ejemplo. Yo no necesito saber los afluentes del río Caquetá. ¿Para qué necesito saberlo? Esos son conocimientos completamente inútiles. Yo aprendí las pocas cosas que sé en mi casa, con mi padre y con mi abuelo.
Siempre habla de su abuelo como su gran influencia. ¿Por qué?
Era famosísimo en la escuela de medicina porque era un profesor del carajo, muy especial, que se botaba al suelo y hacía un ataque de epilepsia, a tal punto que la gente pensaba que tenía epilepsia. Fue también el gerente del hospital de Sibaté. En fin. Las charlas con mi abuelo eran de morirse, una cuestión increíble. Su casa, donde viví, tenía toda clase de recovecos y libros y cosas, y me la pasaba esculcando a ver qué encontraba. Había una puerta con resorte a la que le ponían un dragón de metal para tenerla. Y yo decía: “¿y esta vaina tan rara qué es, que se le mueve la cola y abre la carraca?”. Yo le preguntaba a mi abuelo y simplemente me respondía: “es un pedazo de hierro en forma de dragón, así nació, así es”. Entonces yo me dije: “¡Mmmmm… aquí hay gato encerrado!”, y le hice una investigación al dragón. De tanto mirar, resolví poner un papel en el piso y, al accionar la cola, salió un sello embolsado y ¡ah, qué descubrimiento tan fantástico! Entonces fui y le mostré a mi abuelo y me dijo: “Lo descubriste, mijo. Esto es la vida. Las cosas importantes, las descubres tú, si no las descubres tú, no son tuyas”. Yo tenía cuatro años. Y así fue todo, con discusión diaria a la hora de almuerzo.
Un desarrolladísimo sentido de la curiosidad…
Un día, desde el segundo piso de mi casa, vi como un paciente de mi papá empezó a hacer unas vainas rarísimas: se botó en el suelo, movía las piernas y los brazos y echaba babas. Yo decía: “pero cómo es de mal educado ese pisco”. Entonces mi papá subió y me explicó qué le pasaba: “Mire, mijo, es que hay una cosa que se llama el cerebro y resulta que lo que uno hace, no es necesariamente lo que uno quiere hacer. Es un poquito más complicado y todas esas cosas son propiedades del sistema nervioso”, entonces ahí se armó la grande porque empecé todos los días a preguntar: “¿Y adentro qué hay?, ¿y eso se puede comer?, ¿y cómo funciona?”. Entonces estoy en esta vaina, más o menos, desde los cuatro años: el cerebro y el hecho de la situación biológica.
¿Su papá y su abuelo le explicaban con contexto?
Siempre. “¿Cómo vuela un avión, abuelo?”. Y me decía mi abuelo: “tráeme un cuchillo y un bloque de mantequilla”. Yo se la traje y con el cuchillo me explicó: “Si el cuchillo se inclina hacia arriba, entonces sube, y si lo pongo hacia abajo, entonces baja. Un avión es un cuchillo que corta el aire y que, además, se atornilla en el aire. Entonces es un tornillo con un cuchillo detrás”.
Y mientras tanto, la educación en sus colegios sin contexto…
El primer lugar que estuve fue Migajitas, un colegio de niños chiquitos, a dos vueltas de la casa (carrera Décima con calle 23). Me devolví llorando porque dije que sí sabía leer y no sabía leer. Es que había una pintura de un loro y un tomate, entonces dije: “sí, yo sí sé leer”. Y me dijeron que no y me fui bravo porque me habían insultado delante de todo el mundo. Mi papá me explicó: “Eso no es leer, eso es describir lo que está viendo… es que hay unos garabatos que se llaman letras y las letras juntas hacen palabras…”. Y así.
Finalmente, ¿cómo se educó?
Voy a dar un ejemplo. Todos los domingos íbamos juntos a oír música y, en una caminada de esas, vi que en un edificio había un escudo con una vaina rarísima. “¿Y esto qué es?”, pregunté. “Eso es una letra”, me dijeron. “Pero esa no la conozco”, dije. “Es que es una letra griega que se llama Phi y que representa un valor, que es una constante, y una constante es algo que no cambia; y es muy importante porque es la relación entre el diámetro y la circunferencia de un círculo”, me dijo mi papá. “A ver, explíqueme esa vaina”. Y me explicó. Al final yo concluí: “Entonces solamente hay un círculo”. Con esas palabras, mi papá me abrazó, me besó y me preguntó: “¿y cómo sabes eso?”. Y respondí con seguridad: “Porque es infinita, por la serie, porque tiene características que nunca se repiten”. Es que la conceptología era brutal, de una profundidad y de una sencillez… En cambio en el colegio, que era la cosa más costosa del mundo, me embrutecían con todas estas vainas, sin contextos de nada. Entonces yo era malísimo estudiante.
¿Perdió algún año?
No, yo pasaba, pero es que era dificilísimo. Yo estuve en otro colegio que se llamaba Santa Juana de Arco, y una vez le dije a mi papá: “Yo a ese colegio no voy. A mí lo que sí me gusta es el recreo”. Y la cosa era tan especial en mi casa que el señor me dijo: “Bueno, entonces vaya solamente al recreo”. Así que a las diez de la mañana yo me iba para el recreo y a las diez y media me iba para la casa. Eso era un relajo la cosa más espantosa. Y claro, el resto de los estudiantes en un estado de odio porque, además, a las nueve de la mañana yo cogía mi bicicleta y pasaba por el frente del colegio para comprarme un negro (un bizcocho). Y así fue más o menos un año. Hasta que apareció una profesora de matemáticas que me dio clases de geometría, que no se las daba a nadie más: rectas, triángulos, paralelas, geometría en tres dimensiones, en fin… Siempre hubo, de algún modo, alguien con quien podía dialogar. Pero en las clases normales no fui tan bueno.
Y a todas estas, ¿qué hay con la educación religiosa que, como a todo bogotano de la época, también le debió tocar?
La estructura religiosa me parecía horrible. Me llevaban a misa y qué olor tan terrible. Había unas procesiones y resulta que uno de niño se fija en cosas que la gente no ve: cómo el cura insulta a los monaguillos, por ejemplo. ¡Qué susto! Mi mamá me decía: “hombre, Rodolfo, tienes que ir a la iglesia porque si no te llevan al infierno”. Y yo le respondía: “No estoy muy seguro”. Entonces me decía que a su virgen, que no recuerdo cómo se llamaba, le rezaba y ella le hacía milagros. Y yo le decía: “Tú le rezas a una piedra en forma de Virgen. ¿Por qué no le rezas directamente a Dios”. Entonces, con calma, me decía: “Es que Dios está muy ocupado y ella intercede. Entonces uno le reza y ella va y trata de conquistar a Dios para que haga las cosas”. A mí todo eso me sonaba como “rarón” y le dije: “Que venga un cojo sin pierna, que le rece a la virgen, y que le salga la pierna. Entonces ahí sí vamos a hablar de milagro”. Yo tenía como nueve años.
¿Cuál fue la gran discusión con sus padres? ¿Cuándo dijeron sus viejos: “aquí sí hay que tener un límite”?
Mi padre era muy estricto, pero era suficientemente inteligente para entender que simplemente yo era un alma libre. Yo a todo decía: “Sí, pero vamos a ver, eso hay que negociarlo”. Y mi mamá, pues, era fantástica. Me hacía el cuarto en todo. Una familia muy sana, con una vida muy buena y muy querida.
¿Es cierto que armaba y desarmaba todo?
Por la curiosidad. A la vitrola de mi papá, que era con manivela, le puse unas llantas con un dispositivo. Entonces paseaba por ahí, por toda la casa.
¿Cuál fue el regalo que más disfrutó en su niñez?
El Tesoro de la Juventud, de la empresa W. M. Jackson. Eran veinte libros, una especie de enciclopedia donde estaba todo. Entonces yo estudiaba física y química, porque estaba muy bien explicada.
¿Es cierto que aprendió inglés en dos patadas?
A los once años, estuve unas vacaciones en los Estados Unidos, en New Orleáns. Ahí aprendí. Yo nunca tuve problemas con el idioma.
¿Practicó deportes?
Judo, esgrima y tenis. Nunca hice deporte en equipo. Es que eso con otra gente es gravísimo, porque le echan la culpa a uno. Y no, yo gano o pierdo solo, y no tengo que echarle vainas a nadie. Yo era muy buen esgrimista.
¿Siempre supo que iba a ser médico?
No. Pero es que me dejaron hacer muchas cosas, incluidas cirugías a los perros en mi casa. Yo tenía unos quince años, y ya tenía laboratorio en la parte de abajo de la casa: aparatos, centrífuga, químicos y toda clase de cosas. Nosotros teníamos una camada de 12 perros daneses a los que había que cortarles las orejas. Con mi amigo Eduardo Rueda les pusimos algodones con cloroformo, pero los pobres no quedaban tan anestesiados. Así que… quedaron con una oreja más larga que la otra…
¿Es cierto que apenas salió del colegio montó una fábrica de alarmas?
Sí, con mi papá nos pusimos a hacer alarmas. Dijimos: “le vendemos las alarmas a la compañía de seguros y las compañías ponen la alarma y, a la personas que tengan alarma, pues le cobran un poquito menos”. Y fuimos a las compañías de seguros y sí; fuimos al banco y nos prestaron la plata. Entonces hicimos muchas alarmas, pero empezaron los problemas porque se activaban con nada. Una vez pasó un tren y se activaron todas las de las casas. A mí me tocó salir corriendo de la escuela de medicina a apagar alarmas. Y hasta ahí llegó.
¿A qué más le jaló?
Yo me fui a Suiza a un laboratorio y allá me puse a hacer amplificadores de alta fidelidad. Hicimos unos aparatos fantásticos, impresionantes. Entonces le dije a mi papá: “¿Por qué no hacemos motores?”. Cuando volví a Colombia, montamos los motores y nos pusimos a hacer las primeras camisas para motores hechas en Colombia… A los tres meses nos devolvieron todos los motores. El material no aguantó… Y hasta ahí llegó.
Todo esto al mismo tiempo que estudiaba medicina.
Sí, claro. Y electrónica, que prácticamente era la misma vaina.
En medio de todos esos experimentos, ¿cuál fue para lamentar?
Cuando fui al laboratorio en Suiza aprendí a poner electrodos profundos en el cerebro. Entonces lo repliqué en Colombia con gatos, pero resulta que los gatos colombianos no son como los gatos suizos, que son buenos tipos y se dejan. No, el gato colombiano es de pelea. Les ponía anestesia y se le ponían electrodos en la cabeza y los estimulaba eléctricamente. Yo iba a hacer la tesis sobre estimulación cerebral y necesitaba hacer los experimentos. Eso fue en 1958 y, la verdad, me fue divinamente.
¿Cuál fue su famoso episodio con los muertos en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana?
Pues que no sabíamos cómo eran los músculos. Y mirando los libros yo dije: “No, esta vaina no. No entiendo un carajo”. Estaba en el primer año de anatomía en la Javeriana y le dije a mi amigo Alberto: “¿Por qué no disecamos nosotros dos un cadáver?”. Así que ahí estaba el señor Alcibíades, que era el celador, a quien le dijimos: “¿Por qué no nos deja entrar una noche que vamos a hacerle la disección a un muerto”. Y nos dejó las ventanas abiertas. Así que fuimos con otro compañero a estudiar anatomía en el anfiteatro. Buscamos uno que estaba medio sobado, le faltaba una mano y una pierna. Y bueno, sacamos los instrumentos y pelamos al muerto. En una esquina, dejamos la piyama del pisco y nos pusimos a sacar músculo por músculo: “este debe ser el bíceps, este debe ser tal”. Desarmamos el muerto y a las seis de la mañana sólo quedaban los huesos y las tripas, que ya no nos interesaban. Y nos fuimos para la casa.
Y pusieron el grito en el cielo…
Al día siguiente, la escuela de medicina estaba en duelo. Dijeron que se cerraba la escuela porque acababan de violar la santidad del recinto. “¡Una profanación!, ¡esto fue un ritual de misa negra!, ¡se metieron quién sabe qué diablos!, ¡hay que pedirle al nuncio el permiso del Papa para hacer un exorcismo, porque quién sabe qué hicieron!”. Y preguntaron: “¿alguien sabe algo?”. Y yo levanté la mano y dije: “si. Fui yo. Como no podía aprender la anatomía, entonces diseccioné este muerto”. Y me dijeron: “¿entiende lo que hizo?”. “Pues claro, el pisco estaba muerto y lo van a enterrar y, pues antes de que lo entierren, pues yo le eché una miradita”. Entonces se armó la grande y me dijeron: “¿Con quién más estaba?”, y se pararon todos los alumnos. Entonces Nicolás Buendía nos dijo: “ustedes están expulsados de la escuela de medicina y no van a poder ser médicos”. Y yo dije: “No es tan fácil. Yo pido audiencia, porque ustedes enseñan anatomía para gente estúpida y por eso es que nadie sabe anatomía”. Santacoloma y Barrientos, los médicos profesores de anatomía, estaban hechos unos tigres y opinaron: “gravísimo lo de estos muchachos, no le tienen respeto a nada”. Y yo reviré: “pues respeto a los muertos no hay que tenerlo porque, hasta hace muy poco, se los estaban comiendo los antropófagos”. Afortunadamente, después del debate, se llegó a la conclusión de que efectivamente podíamos seguir en medicina pero con castigo. El castigo fue que debíamos responder preguntas de anatomía todos los días. Y claro que aprendí anatomía como el carajo.
Usted es un experto en el cerebro. ¿Cuál fue el primer cerebro humano que tuvo en sus manos?
En Norteamérica. Yo era un macho para esa vaina. Corté muchos cerebros y los disequé.
¿Cómo se estudia el cerebro?
El estudio de la neurociencia es experimental y es teórica. Se divide en dos partes: una es la fisiología, que es cómo funciona. Y la otra es la anatomía, que es cómo está hecho. Yo había aprendido anatomía muy bien; la otra situación que me interesó, muy desde el principio, es qué tan raros somos los humanos. Lo primero que hice fue fisiología comparada, es decir, un gato qué tan diferente es de nosotros, y un ave qué tan diferente, y un pez, y un pulpo… Y eso no estaba escrito. Esa vaina había que inventarla. La situación es: ¿cómo es el cerebro de una mosca comparado con el cerebro nuestro?, ¿cuáles son las instrucciones básicas?, ¿cómo prefiere moverse inteligentemente un animal? Por eso empecé haciendo electrofisiología en gatos. Y luego hice un libro de electrofisiología comparada. Yo llegué de Estados Unidos y yo sabía muchas cosas. Entonces era sumamente interesante porque yo le daba en la ‘jeta’ al que quisiera.
A sus 32 años, usted ya era jefe de un departamento médico en Minnesota. Era obvio que ya lo reconocían cono una eminencia. ¿O no?
Yo llegué y rápidamente me reconocieron. Allá dije: “nos vamos para el zoológico a buscar animales”. Entonces hicimos un trabajo de anatomía y fisiología comparada… Y yo tenía plata, y me querían muchísimo, y les dije: “sigan así y les traigo un elefante”. Entonces pude entender cómo funciona el sistema neurológico comparadamente.
En 1976 usted llegó a ser jefe del departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York. ¿Es cierto que sorprendió a todos con un cerebro?
Pues sí. Es que era la llegada de un joven colombiano a semejante cargo y quería hacerles entender por qué estábamos ahí. Así que en un carrito de ruedas puse un plato con un cerebro tapado con una tapa redonda. Todos los médicos me miraban. Cuando lo destapé, les dije: “Esto es lo que quiero ser, esto soy, esto somos y por esto estamos aquí”.
¿Cuál es el problema más complicado al que se ha enfrentado?
El sistema nervioso, absolutamente. Yo en los veranos trabajo en la sinapsis gigante del calamar…
¿Sinapsis gigante del calamar? Por favor, explíquese.
El calamar tiene un sistema nervioso que es diferente del nuestro anatómicamente, como circuito; pero que es muy similar al nuestro cuando se refiere a las células de las que está hecho. Entonces, una célula nerviosa se conecta con otra célula nerviosa y es lo que se llama una sinapsis, que es una unión química. El sistema nervioso funciona porque el potencial de acción estimula y pasa una señal que es todo o nada, como una clave morse, digamos; cuando llega al final, tiene que comunicarse con la próxima célula, y ese estímulo se convierte en una secreción química que es rapidísima. Yo la estudié, tengo el libro y esa vaina ya es clásica desde hace varios años. El tema es que se llama sinapsis gigante porque es suficientemente grande que se puede ver, se puede sacar, se pueden meter muchos electrodos. Ahí hice una cantidad de experimentos que nunca se habían hecho. La visión sináptica es clásica, está en todos los libros.
¿Y a qué se dedica en los inviernos?
En el invierno trabajo en ratones, ratas, peces, cocodrilos, gatos, simios y en hombres. Mejor dicho, a cualquier cosa que se mueva hay que echarle ojo. Creo que no ha habido animal para el que no haya trabajado. Incluidos los insectos. Pero va más allá, porque, por ejemplo, yo quería entender cómo funciona la actividad motora del cerebelo. Entonces empezamos a subir, fuimos a la espiral y subimos hasta la corteza. Entonces hay que ir a la geometría funcional y, por ende, hubo que hacer unos trabajos de matemáticas durísimos: una vaina que se llama geometría compleja de tensores. Entonces hicimos la teoría funcional tensorial del sistema nervioso, que todavía la están entendiendo. Eso siempre está demorado. En veinte años se podrá explicar.
¿Qué le queda por entender?
Hay una sola cosa que me queda por entender y esa es la naturaleza de la subjetividad. Es que eso es muy difícil, todavía. Más o menos sé por dónde es, pero faltan algunos puntos básicos.
Sobre el misterio del sentir…
No hay misterio. Solo algo desconocido. Yo sé qué hace la luz en el ojo y el sonido en el sistema auditivo, pero lo que no sé es qué pasa en las células para que sientan. ¿Cuál es la reacción que produce sentir? Las pruebas que he hecho son de una belleza increíble, porque todas las sensaciones son logarítmicas.
Usted ha dicho que está cerca…
Si, ya huelo la sangre.
¿Cómo programa sus días?
Yo trabajo de noche, por lo cual regreso a la casa a la una de la mañana, depende del experimento. Entonces llego a la universidad a las nueve de la mañana…
¿A qué horas se despierta?
A las seis. Leo y escribo. Después me voy para la universidad. Por la mañana hago un poco de administración y por la tarde y noche, experimentos.
¿Cómo lidia con la realidad?
A la realidad no hay que tenerle miedo. Si no se le tiene miedo, la realidad a uno lo quiere. Si uno le tiene miedo a la realidad, la realidad la hace pistola a uno.
¿Toca el chelo?
Tengo un chelo, pero no nos queremos. Me está esperando hace como 30 años.
Se sabe que usted es un amante de la música clásica y el jazz. ¿Tiene personalidad de coleccionista de música?
Me gusta mucho la música y tengo una colección brutal de música. CD, acetatos, de todo… Por ejemplo, yo tengo unas cosas brutales, como el disco que hizo Benny Goodman con Béla Bartók y Joseph Szigeti: el trío para clarinete, piano y violín. Szigeti tocó el violín, Bartók el piano y Goodman el clarinete. Pues Goodman me lo regaló y yo tengo el disco original de esa vaina. ¿Ah?
Las artes son fantásticas. ¿Cree en la fantasía?
Borges me parece fantástico, porque pensamos del mismo modo. Yo pienso que la vida es medio sueño. Entonces siempre se está soñando. Los colores, por ejemplo, no existen. A ver: Cervantes creó el Quijote, entonces, de pronto, el Quijote podría preguntarse ¿quién es Cervantes? Está es una situación que Borges crea muy bien.
¿Soñamos?
Yo solamente creo que el sistema nervioso lo que hace es soñar de dos modos: de noche, basados en las memorias y las invenciones; y de día, basados en los sentidos. Nosotros somos un estado en sueño modulado por los sentidos. Un estado onírico modulado por los sentidos.
¿Le debe gustar el cine de Fellini?
Fellini, Bergman, Truffaut, Almodóvar… El cine me parece fantástico.
¿En su casa de Massachussetts –que tiene en la entrada, pintado como una valla, un inmenso cuadro de su amigo Carlos Jacanamijoy– se encuentra el telescopio privado más grande de Estados Unidos?
Si. Lo hice yo. Tengo que encontrar un planeta nuevo para cada uno de mis nietos y uno para mi mujer.
¿Qué es la curiosidad?
Si es para aprender algo, es casi erotismo.
¿Usted se podría definir como un rebelde?
Me defino con lo más sencillo que hay que es decir la verdad.
¿Defina su trabajo?
Yo, en mi vida, nunca he trabajado honestamente. El trabajo honesto es el que uno hace, pero no quiere hacer. Lo demás es divertirse. Y yo me divierto mucho.
¿Acepta o ha aceptado algún tipo de espiritualidad?
No. Eso sería negar lo que es y explicar lo que no es.
Usted les ha dado duro a las religiones. ¿Qué opina de la religión católica?
Es la multinacional más poderosa y antigua del planeta, con más de 2.000 años. Es el terrateniente más grande del mundo y mueve algo así como 70 trillones de dólares.
¿Le preocupa la muerte?
La muerte la conozco desde chiquito: apagan la luz y ya. Nos morimos todas las noches. De la muerte no hay salida, así que no hay que preocuparse por lo que no tiene remedio. Y además yo voy a ser el único que no voy a saber que me morí. Los demás que se quedan, sí lo van a saber. Pobrecitos.
La pregunta obligada: ¿es verdad que reinventó el agua? ¿Es verdad que su “nueva” agua podría cambiar el curso de la medicina?
Sí. Sé exactamente cómo funciona y qué hace.
¿Cómo dio con ella?
Por instinto. Estaba en otra vaina y me encontré con la idea. Entonces dije: “esto hay que investigarlo”.
Y es tan asombrosa como parece.
Es brutal y de una sencillez aterradora. La situación es muy sencilla: esta agua funciona como agua, pero funciona como un acarreador de energía que no había aparecido en la tierra, porque no hay suficiente gravitación. Entonces, el agua, cuando cae, tiene una cierta velocidad y no puede ir más rápido. Cuando choca, se forman burbujas, pero las burbujas no pueden ser más pequeñas que la cantidad de energía que tienen. Entonces lo que se ha hecho con esto es que se han hecho burbujas muchísimo más pequeñas, poniéndole una enorme cantidad de energía al agua. Es casi que un motor de propulsión a chorro. Entonces esta agua tiene oxígeno adentro y tiene propiedades que la biología no conocía, porque son burbujas que nunca había visto. Se meten por las membranas. Tienen unas propiedades físicas increíbles.
¿Es el agua de la vida?
Si no nos dejan respirar, nos morimos en tres o cuatro minutos, porque el ATP (adenosín trifosfato) se terminó. Entonces lo que hace esta agua es optimizar el ATP. Y resulta que la mayoría de las enfermedades son por falta de ATP. Es agua que optimiza.
¿Cuándo se da el anuncio oficial?
Ya terminé el papel (texto de investigación) y ahora mismo lo voy a mandar a publicar. Y una vez que lo acepten, le cuento el cuento a todo el mundo. La verdad es que todo el mundo está a la expectativa.
¿Cuál es el proceso de aceptación?
Pasar por todo el proceso científico. Un asunto de tres meses.
¿Patentó la idea?
No. Yo no le jalo a eso. Eso es de la compañía Revalesio.
¿Le van a hacer pruebas definitivas?
Sí. Se va a hacer un estudio clínico con Tecnoquímicas, en cinco ciudades de Colombia, con personas con derrames cerebrales. Ahí se va a demostrar todo.
¿Y usted está tomando “nano-agua”?
Claro. Yo tomo esa vaina sin problemas desde hace un año. Y mi señora más que yo.
¿Y ha visto resultados en sí mismo?
No, no. Es que no da resultados si uno no está mal. Es que esto es optimización. Y si usted está muy cerca a estar óptimo, entonces no hace nada. Pero en cuanto a optimización, las cosas que hemos visto son increíbles. Y van a cambiar ideas muy básicas sobre la medicina y muy básicas sobre biología. Ahora hay que demostrarlo.
¿Sería su obra mayor?
Si funciona, sí, definitivamente. Y sé que funciona. Un señor importantísimo, que es el dueño de la escuela de medicina, me dijo hace poco: “Doctor, es que tenemos un problema con esta agua. Y necesito que usted, que es nuestro científico número uno, me ayude a ver si esto funciona o no”. Entonces yo le dije a mi señora: “vaya y cómpreme dos peces dorados y me los trae en una bolsa”. Les voy a demostrar que esto sí sirve. Y lo hice con un experimento de una simplicidad y de una claridad que no hay nada que hacer. ¿Quieren ver la prueba contundente?

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Ciencia y eurocentrismo

“Creo cada día con mayor fuerza que el hombre no se gobierna por sus ideas o su cultura. Imagino un fatalismo del medio, de la herencia y de las taras fisiológicas.” – Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)

¿Por qué la ciencia no está en todas partes? Dicho de un modo más preciso, ¿por qué la Ilustración radical, el proyecto de la libertad filosófica (libertas philosophandi), es un fenómeno europeo? Explicar las diferencias individuales es relativamente sencillo: el trabajo científico necesita individuos que caigan en el extremo del espectro cognitivo. Pero es algo más complicado dar razón sobre por qué algunas culturas dan la bienvenida a la ciencia y otras no.

Creo que nadie ha explicado mejor esto que Peter Frost.

A lo largo del pasado milenio, los europeos occidentales han creado un ambiente social donde el individuo está liberado en buena medida de los lazos de parentesco y etnicidad. Dado que el estado ha impuesto el monopolio en el uso de la violencia, hay menos necesidad de confiar en la parentela para salvaguardar la vida y la propiedad de uno. Para eso ya está el gobierno. En otras muchas sociedades, sin embargo, el estado es algo mucho más reciente y a menudo extraño. La identidad colectiva todavía es lo más importante, y en tiempos de vacas flacas los lazos personales y de amistad importan poco. Tus amigos reales son tu “sangre”. En todo caso, la amistad real no trata sólo de actividades recreativas. También trata de arriesgar la vida por otro. 
La identidad colectiva triunfa sobre la búsqueda de la verdad. Sólo cuando el individuo es libre de la colectividad la verdad puede aplicarse igualmente a todo el mundo, sean amigos o enemigos

La ciencia cognitiva actual llega a una conclusión convergente cuando alerta sobre la dificultad de pensar objetivamente en medio de identidades necesitadas de protección.

La sugerencia de Frost puede resultar ofensiva, dado que la mente liberal piensa en la filosofía radical como un proyecto universal, un nuevo Evangelio, y en la Ilustración como una “fase” necesaria en la evolución cultural de las sociedades. Además, tiene razones para pensar así, ya que el ethos de la ley y el ethos de la ciencia es el mismo. En ambos casos se trata de descubrir "leyes" y aplicarlas a todo y a todos “sean amigos o enemigos”.

Con permiso de Needham, la ciencia libre y la filosofía radical sólo ha prosperado verdaderamente en sociedades individualistas, un individualismo que se habría substanciado en hábitos matrimoniales diferentes, en una mayor libertad de las mujeres y un relajamiento institucional de las presiones corporativas. Esta filosofía radical habría florecido primero en las ciudades estado griegas y más tarde en las urbes europeas del siglo XVI, sede de la “revolución” científica. Sin estados fuertes las bibliotecas siempre corren el riesgo de ser quemadas. Con fuertes intereses colectivos el genio individual siempre corre el riesgo de ser torturado.

El pegajoso problema de la “ciencia española”, el “drama” español e ibérico, como se atreve a llamarlo Israel, tambien parece tener que ver con obstáculos nacionales a este individualismo europeo, aunque no seamos tan diferentes como nos deleita pensar (lo ha explicado también Joseph Perez).

"Zonas de pensamiento"

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El secreto del deseo en una relación

El deseo muchas veces es opuesto al amor. El deseo se vive como prohibido, y eso lo vivimos como erótico, en muchas ocasiones. ¿Cómo se vive el deseo y cómo se vive el amor? ¿Son opuestos?¿O se complementan? Esther Perel una psicóloga belga especialista en sexualidad explica en la charla de Ted Talks que cuando entra el romanticismo en la pareja parece haber una crisis del deseo. Es la primera vez en la humanidad que queremos experimentar la sexualidad a largo plazo, no solo porque queremos reproducirnos si no, porque queremos experimentar placer.
El sexo más allá de lo biológico....

Todos los animales tienen sexo, pero los humanos somos los únicos que tenemos vida erótica. Lo que significa que podemos utilizar la imaginación humana. Somos los únicos que pueden hacer el amor durante horas, tener orgasmos múltiples sin ni siquiera hacerlo, solo imaginándolo. Queremos experimentar la sexualidad a largo plazo, ¿es eso compatible con el deseo?

¿Qué sostiene el deseo y porqué es tan difícil mantenerlo?

Con la intención de sostener el deseo existe el anhelo de reconciliar dos necesidades humanas: por un lado la seguridad y por otro lado la pasión. En un opuesto tenemos la seguridad, el pertenecer, el hogar, en el otro,  tenemos la necesidad de aventura, de lo inesperado, de lo misterioso, y de la  sorpresa. Queremos juntar amor con pasión. Antes el matrimonio era una cuestión de acompañamiento y de formar una familia. Pero ahora además queremos que nuestra pareja, nos dé compañía, nos dé un sentimiento de pertenencia, sea nuestro mejor amigo y a la vez nos dé novedad, pasión y espontaneidad. Vivimos en continuos opuestos entre deseo y seguridad. En el deseo no hay cuidado, no hay necesidad. El cuidado es un potente antiafrodisíaco.
¿Cómo se relacionan el amor y el deseo?

Crisis de deseo es igual a crisis de nuestra imaginación. Si hay un verbo que combina con amor es tener, y si hay un verbo que combina con deseo es querer. En el amor queremos tener, queremos cercanía, pero en el deseo no queremos volver a los lugares que ya hemos visitado. Queremos nuevos lugares, alguien al otro lado al que podamos visitar, de manera espontanea.

La psicóloga Esther Perel pregunta a los grupos: ¿En qué momento encuentras más atractiva a tu pareja? Las respuestas se dividen en 3 grupos diferentes: El primer grupo responde que encuentra más atractiva a su pareja cuando entra en contacto con su habilidad, de imaginarse con su pareja. El segundo grupo responde que es más deseable cuando ve a su pareja radiante y segura.La mayoría de las respuestas tenían relación con el volver a imaginarse con esa persona, tenían relación con el poder imaginarse a esa persona de forma misteriosa. El misterio no es viajar a nuevos lugares sino verlo con nuevos ojos, y así cuando veo a mi pareja por su cuenta veo a esa persona y por momentos tengo un cambio de percepción y estoy abierta a los misterios que viven al lado mío. En el tercer grupo responde que encuentra más atractiva a la pareja cuando hay novedad. La novedad no se trata de nuevas posiciones, ni de un repertorio de técnicas. Novedad quiere decir, según Esther Perel preguntarse: ¿Qué partes tuyas vas a mostrar?

El sexo es un lenguaje no solo es un comportamiento. El sexo...¿Es un lugar que usas para expresarte? ¿Es un lugar para rendirte al placer? ¿Es un lugar para ser agresivo?

Para saber qué aspectos mantienen el deseo hemos de saber primero qué cosas nos apagan el deseo. La mayoría de respuestas tienen que ver con:  no me gusta mi cuerpo, no he tenido tiempo para mi, cuando siento que no tengo derecho a querer, cuando siento que no tengo derecho a recibir placer, cuando tengo baja autoestima, cuando las cosas no me salen bien....

¿Qué aspectos mantienen el deseo en una pareja?
1.  Entender que el deseo es una forma de estar vivos, conectar con la energía vital que todos tenemos.
2.  La paradoja entre amor y deseo es que aquellos aspectos del amor que nos agradan (protección, preocupación, responsabilidad ) por otro lado sofocan el deseo.
3.  El deseo viene con una serie de ingredientes que no siempre favorecen el amor ( celos, poder, travesuras, dominación).
4.  La mente erótica no es políticamente correcta.
5.  El deseo viene con una cierta capacidad de egoísmo que nos sirve para conectar nuestro propio yo en presencia del otro
6.  El principio del deseo es la necesidad exploratoria, de curiosidad y de conocimiento. 
7.  Tener mucha intimidad sexual propia y en pareja.
8.  Entender que hay un espacio erótico que pertenecen a cada uno de ellos.
9.  La estimulación erótica no es algo que se haga en cinco minutos.
10.  Responsabilidad y deseo solo pelean.
11.  Las parejas eróticas también entienden que la pasión aumenta y disminuye, por lo que saben cuando resucitarla.
12.  El mito de la espontaneidad constante se cae. 
13.  Sexo comprometido= sexo intencionado, con voluntad, intencional.
14.  Sexo= presencia. 

Podéis ver la conferencia completa debajo de éste artículo, con subtítulos en español.


Por: Adriana Reyes

Psicoterapeuta Integradora.

lunes, 28 de octubre de 2013

¿Quieres reprogramar tu mente y ser feliz? Tienes que saber qué es “la memoria dependiente del estado”

"LA MEMORIA DEPENDIENTE DEL ESTADO" ES PROBABLEMENTE LO MÁS IMPORTANTE QUE DEBERÍAS DE SABER DE TU CEREBRO Y SEGURAMENTE LO MÁS ÚTIL. SER CONSCIENTE DE CÓMO LAS MEMORIAS, QUE SE CONVIERTEN EN SISTEMAS OPERATIVOS, SE FORMAN SEGÚN EL ESTADO EN EL QUE NOS ENCONTRAMOS, ES EL PRIMER PASO PARA EDITAR, REPROGRAMAR Y TRANSFORMAR NUESTRA MENTE.

braincomputer

saber es recordar“, Platón.
Las condiciones espaciales, fisiológicas y neurales en las que nos encontrábamos cuando primero procesamos cierta información son determinantes en cómo codificamos esa información–es decir, en la formación de una memoria. Esto es importante porque de manera muy básica lo que constituye nuestra personalidad no es más que una asociación de recuerdos, un entrar y salir a ciertos estados mentales que son en suma bloques de memoria, que se presentan (acaso ilusoriamente) como una unidad. Lo que soy en este momento puede considerarse la suma de todas las cosas que he sido, es decir, de todas las memorias que he almacenado, pero de manera más sucinta y específica lo que soy en este momento es la relación entre lo que estoy viviendo en el presente –la música que estoy escuchando, la horas que dormí, los fármacos o la comida que consumí, el ambiente en el que me muevo y los pensamientos que evocan– y las otras veces que he vivido una situación similar (que consumí las mismas sustancias, que me moví por el mismo ambiente, etcétera). Esto es lo que se llama “memoria dependiente del estado”.
¿Alguna vez te ha pasado que cuando bebes alcohol, tomas una droga, estás con cierta persona o escuchas una canción recuerdas algo que de otra forma te era inaccesible? O incluso, ¿que cuando estás con alguien o tomas cierta sustancia entras en un estado mental,  a una faceta de tu personalidad que resulta remota o extraña cuando no te encuentras bajo estas condiciones? Esto se debe a que la memoria, su evocación e implementación de su estado mental relacionado, depende de las condiciones en las que se formó. Al formarse, la memoria cobra una especie de neurosello distintivo, un “cóctel de neurortransmisores de la casa“:
Normalmente en la formación de la memoria el patrón específico de excitación presente en el cerebro en el momento del aprendizaje se vuelve un componente integral de la información almacenada. La representación neural de este patrón específico de excitación depende del patrón de actividad generado por los sistemas de acetilcolina, catecolamina y serotonina. Es este estado idiosincrático de patrón cerebral único, presente en el momento de la formación de la memoria, que debe de ser reproducido, o al menos aproximado, en el momento del recuerdo para que la información almacenada sea elaborada.(Zornetzner, S.F.)
Los terapeutas e hipnotistas Milton Erikson y Ernest Lawrence Rossi, autoridades en la investigación de la “memoria dependiente del estado”, documentan casos en los que se vuelve patente que la memoria está ligada a un estado neural específico. En uno de ellos un grupo de voluntarios que estudió para un examen bajo los efectos del alcohol obtuvo mejores resultados cuando presentó el examen bajo los mismos efectos, a diferencia de cuando lo hizo sobrio. Otro estudio mostró que si bien la cafeína permite que estudiantes pasen más tiempo memorizando el material de un examen, al menos de que se presente ese examen en un estado cafeínico similar, el tiempo de estudio no suele mejorar su memoria.
Un caso típico para entender la memoria dependiente del estado es aquel en el que de repente nos encontramos en la cocina sin saber para que hemos ido ahí (brevísmos vórtices interdimensionales de la sinápsis). Una breve amnesia nos posee y tenemos que tomar un tiempo para recordar qué era lo que queríamos, a veces regresar al lugar dónde estabamos antes. Esto suele ser consecuencia de que antes de entrar a la cocina estábamos en la computadora, escuchando música sentados. Al entrar a la cocina una serie de factores cambiaron: la luz, nuestra postura, nuestro ritmo cardiaco, nuestra respiración el sonido, etc… todos los cuales están ligados a una cierta fase de memoria. (Se ha demostrado que, por ejemplo, una postura anatómica abierta, expansiva –ejemplo de dominación entre los mamíferos–, inmediatamente reduce el nivel de cortisol e incrementa la testosterona, cambiando evidentemente nuestro estado mental). (No es del todo descabellado pensar que para recordar cierto poema debemos de paranos de puntas y tocarnos la oreja). Phillip Farber, en su libro Brain Magick, nos recomienda un ejercicio práctico para familiarizarnos con esto: después de despertarte intenta recordar tus sueños exactamente en la posición en la que te encontrabas cuando dormías; otro día levantate inmediatamente después de que te despertartaste e intenta recordar tus sueños sentado en una silla. ¿Cuál es la diferencia?
Lo anterior nos ayuda a entender cómo el proceso de codificación de información ocurre, de manera permanente, y siempre ligado al estado en el que nos encontramos. La memoria es el pegamento de nuestra existencia, mayormente entrópica, y en sus nodos conectivos: la determinación de cómo experimentamos esa existencia. Ernest Lawrence Rossi escribe:
La naturaleza fundamental de toda experiencia fenomenólogica es dependiente-al-estado. La aparente continuidad de la conciencia que existe en la vida cotidiana es en realidad una ilusión precaria hecha posible por las conexiones asociativas que existen entre pedazos de conversaciones y la orientación de nuestras tareas, etc. Todos hemos experimentado las amnesias instantáneas que ocurren cuando nos vamos demasiado por una vía tangente por lo que “perdemos el hilo del pensamiento” o “olvidamos lo que ibamos a hacer”, etc. Sin estos puentes asociativos que conectan los flujos mentales, la conciencia se desmoronaría en una serie de estados discretos con poca contigüidad como resulta aparente en nuestra vida onírica.

Trauma, Hipnosis y Dependencia
operatebrainLa memoria dependiente del estado es uno de los rasgos característicos de la hipnosis, una vez que una persona deja de estar hipnotizada no recuerda lo que le sucedió durante ese estado de “trance”, pero cuando vuelve a ser hipnotizada suele recordarlo. En el caso de la hipnosis, también llamada amnesia reversible, se hace claramente notable el nivel de disociación presente entre nuestra mente inconsciente y nuestra mente consciente. Pero esta disociación ocurre ordinariamente creando un bloque que separa la mente consciente de la mente inconsciente y que separa también a cada estado mental, con sus particulares características neurológicas, de cada otro estado mental, con sus diferentes características neurológicas. La memoria es una forma moderada y socialmente aceptada de la posesión (la información, sugería McLuhan, es espíritu).
El uso terapéutico de la hipnosis tiene como fin revertir el cerebro al estado en el que se formó el trauma para resignificar el evento traumático y reconsolidar una nueva memoria. Esto es lo que se conoce como “resíntesis interna”, en palabras de Milton Erikson, el padre de la hipnosis moderna. El trauma es un momento de hipnosis espontánea, cuando se detona cierto estrés un individuo regresa a través de la memoria a un momento previo de gran estrés. Cuando estamos deprimidos regresamos a otros momentos en los que hemos estado deprimidos, evocando situaciones similares, conectando memorias –la depresión tiene un fuerte componente de obsesión, es un aspecto de un diálogo interno que se narra a sí mismo un pasado recurrente. Inmodificable en tanto no evoquemos otro modelo de memoria operativa.
La memoria dependiente del estado es una de las principales razones por las cuales nos volvemos dependientes a ciertas sustancias, las cuales en realidad no son adictivas fisiológicamente. Muchas veces usamos ciertas sustancias para detonar procesos creativos, para tener sexo, para socializar o para evitar ciertas sensaciones desagradables. El problema, por ejemplo, de utilizar la marihuana para escribir (o el tabaco, en mi caso en este preciso momento) es que nuestra mente asocia la creatividad y el flujo de pensamiento propio de un estado que favorece la escritura con el consumo de una sustancia y las características neurológicas que emegen. Esto hace que el aprendizaje que hemos logrado al poner en práctica el “modo mental de escritura” y las memorias que hemos formado, ciertas palabras o construcciones verbales, quizás una cierta agilidad verbal asociativa o incluso un ritmo (“los mejores momentos de nuestra historia escribiendo”), nos sean mucho más fáciles de acceder cuando estamos fumando marihuana (a veces acompañada de un tipo de música o de algún otro factor ambiental) –y en algunos casos, si no estamos utilizando esa sustancia simplemente no podemos acceder a ese modo mental y a todas las memorias (operandi) que conlleva.
Ernest Lawrence Rossi teoriza que momentos de alto estrés y shock, al mismo tiempo codificando estas experiencias e impidiendo el funcionamiento de mecanismos de adaptación apropiados, llevan a “la génesis de muchas de las disfunciones de mente-cuerpo, típicamente llamadas problemas psicosomáticos”. Un momento de gran estrés puede ser el origen de una enfermedad; una enfermedad puede ser el recuerdo inconsciente de un momento de estrés, que la mente y el sistema endócrino convierten en un mecanismo de defensa repetitivo, pese a que la amenaza o el estímulo para la reacción ya no se encuentra ahí, de esta manera desgastando el sistema inmunológico. Es particularmente cruel este mecanismo, nos agazapamos en nosotros mismos, cerrándonos al mundo, generando cortisol y noradrenalina, porque así aprendimos a defendernos, pero justamente esta acción es la que sigue lastimándonos. Proyectamos una película psicoconductual, como a la que sometían los agentes a Alex Dellarge en la película Naranja Mecánica, pero, a diferencia del legendariodroogie, nadie nos obliga a observar esa lacerante cinta. Somos nosotros mismos los que dirigimos las imágenes, proyectando nuestra memoria y confundiéndola con una implacable realidad actual inalterable.
El poder de la hipnosis para sanar experiencias traumáticas tiene que ver con la capacidad de colocarnos en un estado de conciencia alterado –algo que también podría decirse de sustancias psicodélicas como la ayahuasca– en el que revivimos una memoria con gran intensidad, hasta el punto de que algunos sujetos presentan condiciones fisiológicas casi idénticas a las que vivieron cuando se formó la memoria. Al entrar en un estado de relajación profunda podemos suprimir los estímulos externos que nos distraen e impiden concentrar en un substrato de información específica; al penetrar la profundidad de nuestra mente inconsciente accedemos a una cantidad de información descomunal, que nos sugiere que el cerebro humano es un poderoso aparato de grabación (algunos sujetos bajo hipnosis llegan a recordar grandes cantidades de datos o pueden describir minuciosamente un evento que sucedió hace décadas). Es la labor del hipnotista reprogramar esa memoria, resignificarla y así liberar al sujeto de la carga que arrastra la experiencia. No puede hacer esto sin que antes el sujeto sea capaz de recordar esa experiencia. Al revivirla el sujeto puede vivir otra experiencia muy distinta  y quedarse con una nueva impronta (como bien saben los historiadores, el pasado siempre se puede modificar, especialmente cuando hay un nuevo vencedor). 

Memoria, Magia y Felicidad
how-to-operate-300x300Si bien la memoria, las características de su formación, tiene una cualidad determinante en cómo nos conducimos, hasta el punto de que puede ser un precondicionamiento casi fatídico (la infancia es destino, se dice), lo mismo puede usarse para programar nuestro cerebro para obtener beneficios, como pueden ser estados mentales de gran conciencia y felicidad. Como descubrieron algunos psiconautas como Tim Leary y John Lilly, el cerebro humano en muchos aspectos se comporta como una computadora, albergando programas mentales o biosoftwares. Lo que nos define, al menos en el calor del momento, es la memoria que tenemos operando. Y si bien es prácticamente imposible controlar todas las condiciones externas que detonan ciertas memorias, con un poco de disciplina es posible editar nuestras memorias, limpiar nuestros discos duros y actualizar el contenido de nuestra biocomputadora para que los estados que se suceden evoquen memorias felices, creativas y de menor estrés –y tener una mayor cantidad de RAM disponible, una mayor ligereza funcional. Como suele ser el principio rector en todo trabajo psicoanalítico, el primer paso tiene que ver con hacer conscientes nuestras memorias traumáticas, las improntas y complejos formados durante ciertos estados mentales. (“Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”, escribió Jung, un destino que somete a nuestra voluntad).Una vez que descubrimos que la sensación de depresión que nos oprime en realidad es el resultado de una serie de condiciones –actos, sustancias, personas, ambientes– que detonan un conjunto de memorias, nos es más fácil distanciarnos de esta sensación. Por una parte podemos soltarnos y relajarnos cuando sabemos  que no necesariamente somos nosotros los que estamos deprimidos o somos depresivos, sino que la depresión es algo que nos suecede cuando hacemos o experimentamos ciertas cosas (y así yo no soy esa depresión o ese estado mental). Y entonces podemos escoger sentir esa depresión, como una sensación más, sin apretar demasiado o asfixiarnos, para que fluya y cumpla su curso natural o cambiar las cosas que la producen. Por otro lado podemos empezar a resignificar y transformar esa memoria para que ya no genere el mismo efecto –a recablear nuestro cerebro y formar loops de retroalimentación positiva.
En realidad lo que nos sucedió no es algo que existe de manera objetiva e inmutable, su existencia está dada por la forma en la que lo recordamos. La negatividad de un fenómeno, su estrés, su herida, existe en tanto a que tenemos una impronta que la asocia negativamente. El factor que tiene mayor influencia en la cualidad asociada a un evento o fenómeno es la última vez que evocamos esa memoria. Si reforzamos (o en algunos casos debilitamos) una memoria recordándola de una manera distinta consistenemente podemos modificarla casi en su totalidad (recordar es sinónimo de recablear). Así podemos afirmar, asimilar y aceptar algo que nos dolió mucho y hacernos menos susceptibles no sólo a esos estados que detonan ciertas memorias (que ya son otras) sino también a nuevos estados que podrían tener un alto potencial de estrés. La clave parece ser tener conciencia de que nuestro organismo es un ente que constantemente está formando memorias (todo está siendo grabado) y que más importante que lo que nos sucede es cómo codificamos aquello que nos sucede. “La experiencia no es lo que te sucede, es lo que haces con lo que te sucede”, decía Aldous Huxley. Entramos aquí a la dimensión de la memoria activa, conciencia programativa, a la velocidad del instante: meditación en movimiento de la realidad como una constucción perenne en co-elaboración entre nuestra mente y los fenómenos que experimentamos. Se abre la posibilidad de una profunda liberación, ya no somos víctimas de lo que nos sucede (lo cual es incontrolable): la memoria también depende de nuestra voluntad. Nos convertimos en cirujanos de nuestro inconsciente, reesciribimos nuestra sombra, y al hacerlo nos permitimos la posibilidad de la magia: que nuestras intenciones, que la información que entretenemos en nuestra mente pueda hacer lo que queremos que haga. From bit to it.
Imagina que estás haciendo algo, especialmente algo que te cuesta mucho trabajo. ¿Puedes notar cómo al hacerlo se instala una memoria, un sistema operativo, relacionado a las otras veces que haz hecho ese mismo acto y en las que has fallado? Si logras detectar el surgimiento de ese recuerdo, que es un algoritmo, un procedimiento, puedes decidir simplemente no correrlo…utilizar otro, evocar un recuerdo de otra situación en la que lograste resolver algo complejo. Seguramente, entonces, estarás generando los neurotransmisores que favorecen la realización de ese trabajo (beneficiándote de tus mejores settings). El aprendizaje, ligado indisociablemente a la memoria, también es dependiente del estado. 
Phillip Farber en su libro Brain Magick, sobre ejercicios de magia, invocación y reprogramación, sugiere que ya que cada estado mental-mnemónico tiene una base de datos asociada, debemos de explorar nuevos estados “los cuales pueden revelar informacion oculta”, un nuevo arrecife coral de data rutilante debajo de nuestros ojos. El practicante de magia se sirve de explorar de manera empírica la mayor cantidad de estados mentales a los que pueda someterse de manera consciente, intentando no formar apegos, desde la perspectiva del observador, para así conocer la amplitud del espectro de su mente y posiblemente descubrir habilidades insospechadas.
*    *    *
La felicidad, o al menos un bienestar predominante, puede ser cableada al cerebro. Cualquier cosa, en realidad, puede ser programada –siempre que haya suficiente espacio en la memoria. “Las neuronas que se encienden juntas, permanecerán conectadas” (en inglés  la frase es mejor: “neurons that fire together, wire together”). Este es el adagio de la neurociencia que sintetiza la memoria dependiente del estado. “Es un dicho clásico, aceptado ampliamente porque es verdadero”, dice el neuropsicólogo Rick Hanson, autor de Hardwiring Happiness: The New Brain Science Of Contentment, Calm and Confidence. Entre más tiempo las neuronas se enciendan, entre más de ellas se enciendan, y lo hagan con más intensidad, más se cableará esa fuerza interior –esa felicidad, gratitud, esa sensación de confianza, de éxito, de sentirse amado y amable”. Hanson señala que no pasamos el suficiente tiempo disfrutando y  codificando las experiencias positivas para que se impriman en nuestra estructura neural –cuando investigaciones muestran, por ejemplo, que las relaciones duraderas requieren de un promedio de cinco veces más interacciones positivas que negativas para cimentarse. El cerebro está acostumbrado a buscar amenazas para sobrevivir y defenderse. “Merodear y detenerse en lo positivo mejora la codificación de estados mentales pasajeros en características neurales duraderas… La clave aquí es: estamos tratando de hacer que las cosas buenas entren en nosotros. Y esto sigifica convertir las experiencias positivas que se suceden en memorias emocionales duraderas”. En otras palabras, no sólo te comas el chocolate que te gusta,  saborea el chocolate y permanece unos segundos disfrutando ese aftertaste, que puede ser la inscripción de una memoria en tu código… y el inicio, el diablo-dios está en los detalles, de una vida feliz.
Hanson señala que existen investigaciones científicas que sustenan su teoría de la felicidad como un reforzamiento de la memoria positiva.  Y esta misma técnica es la más usada en la programación neurolingüística donde se suele pedir a las personas que viajen a “su lugar feliz” y se llenen de él. Resulta quizás un poco simplista –en el tenor de piensa positivo y sé feliz–, cargado de una reduccionismo moral que divide toda experiencia en buena o mala. Algunos de nosotros quisiéramos también probar largamente experiencias de otros colores, sabores grises o contenidos emocionales inclasificables, abstractos y de alta complejidad. De cualquier forma, de la mano de la conciencia de la memoria como dependiente del estado, tenemos una base teórica y una técnica para poder poner en práctica una serie de recursos de autoprogramación. Quizás más importante que la utópica felicidad –los helados de vainilla con topping de cereza o las sonrisas infinitas– es saber por qué somos así. “Feliz quien conoce las causas invisibles”, escribió el poeta Virgilio. La mayoría de esas causas invisibles están en nuestra mente inconsciente. Para conocerlas sólo hay que saber recordar. 
Twitter del autor: @alepholo