jueves, 16 de junio de 2011

Alain Touraine: "El único movimiento importante en Europa es la xenofobia"

En su libro "Después de la crisis", el sociólogo francés asegura que de forma extraordinaria Europa se quedó  sin actores sociales ni políticos. "Es la manifestación desesperada de una izquierda abandonada y engañada" dice sobre los indignados.


Premio Príncipe de Asturias 2010 de Comunicación y Humanidades, el sociólogo francés Alain Touraine (Hermanville-sur-Mer, 1925) es un profundo conocedor de la sociedad industrial y el mundo del trabajo. En su último libro, Después de la crisis (Paidós), analiza las transformaciones sociales que germinan tras la crisis económica y financiera desencadenada a partir del 2007.

La economía mundial da signos de recuperación. ¿Es eso realmente la salida de la crisis?
En el plano puramente económico, no hemos salido verdaderamente del estancamiento. En Estados Unidos, la capacidad de creación e innovación es tan importante que se puede hablar de elementos de arranque. Pero en Europa, el único país que está saliendo es Alemania, donde han tenido la inteligencia de mantener la sociedad industrial. La situación en Francia, en Italia, no es brillante. En España, hay un 21 % de paro... Y hay tres países en situación difícil. ¿Se puede hablar de salida de la crisis con los casos de Grecia, Irlanda y Portugal?

Pese a todo, la situación no es tan dramática como la que se produjo tras el crack del 29.
Ciertamente, hemos evitado 1929. Hemos conseguido, pese a las dificultades, hacer algo para salvar la zona euro. Y los países europeos, salvo excepciones, han entendido que encerrarse, cerrar las fronteras como propone en Francia Marine Le Pen, sería una catástrofe, que abandonar el euro no es una solución. Hemos evitado lo peor. Pero no se puede decir que las cosas se han recuperado. Y esto pasa en un mundo que está en pleno crecimiento: América Latina, India, Corea, China... incluso África.

¿La hegemonía mundial se está desplazando con la crisis?
El gran fenómeno es el desplazamiento hacia los países nuevos. Es el hecho más importante. Los americanos han perdido mucha influencia, pero los europeos todavía más. Hoy no cabe imaginar a Europa como un elemento fundamental de la economía mundial. No hemos salido, no salimos, de la crisis porque no podemos salir sin un cambio cualitativo, profundo, cultural, político, social... y estamos muy lejos. Abordamos pequeños problemas con enormes dificultades.

¿Es un declive inevitable?
Nada es inevitable. Aunque hay que entender que salir de la crisis implica cambiar de visión, cambiar de paradigma, de representación de un tipo societal nuevo. Lo que es extremadamente difícil. En el siglo XIX, en Europa –Inglaterra aparte– el pensamiento industrial tuvo muchas dificultades para imponerse.

No encontramos el camino...
En Europa, y esto es algo extraordinario, han desaparecido los actores sociales y políticos. En la derecha no hay nada nuevo.El único cambio es la penetración de las ideas de la extrema derecha. El único movimiento importante hoy en Europa es la xenofobia. Y la izquierda está en retroceso. El problema fundamental es que los actores de la sociedad industrial han desaparecido y no han sido reemplazados. La extrema derecha es un contra-actor. Estamos en un continente sin actores. En un mundo vacío donde no hay grandes movimientos sociales. En la Europa de los últimos años había movimientos de cierta importancia, vinculados a la deslocalización industrial, al cierre de empresas. Después del inicio de la crisis en 2007 se terminó, porque la gente está en una situación mucho más difícil.

Usted habla en su libro del silencio de las víctimas de la crisis. ¿A qué lo atribuye?
No tengo respuestas suficientes. Pero es el problema más importante. La gran cuestión son los dominados, el pueblo, los trabajadores. Las fuerzas de oposición ya no son los trabajadores.

En España han roto ese silencio los indignados.
La ausencia de respuesta de los países europeos a la crisis ha comportado una crisis política. Los electores, sobre todo los jóvenes instruidos, tienen la conciencia de que se encuentran frente a un vacío político. En varios países, y no sólo en España, ha habido movimientos parecidos de ruptura. No se trata en absoluto de revolución, sino de la conciencia de no estar ya representados. El movimiento español parece una manifestación desesperada de una izquierda abandonada y engañada. Estos movimientos reclaman con urgencia nuevas proposiciones del sistema político. Es la ausencia de propuestas para salir de la crisis la que causa la indignación.

Si ya no son los trabajadores la principal fuerza de oposición, ¿quién puede serlo?
Ésa es la gran cuestión... Se puede responder de tres maneras. Se puede decir, de entrada, que en este mundo global la única respuesta con sentido debe ser mundial, es decir, ecologista. Aquí hay una capacidad de acción incontestable. La segunda es la respuesta a la mundialización. Pero los altermundialistas, que se han movilizado formidablemente, no tienen ningún asidero político. Es un movimiento de opinión que no deviene movimiento político. En tercer lugar, yo había formulado la hipótesis, que se ha revelado errónea, de que entre las principales fuerzas estaría el feminismo. No se ha producido.

sábado, 11 de junio de 2011

Adolescentes experimentan vida sin electrónicos por 6 meses

AP | NUEVA YORK
  • Susan Maushart (2 i), con sus hijos Anni, Sussy y Bill comparten un juego de mesa en Perth, Australia. Ella escribió un libro sobre su experiencia de desconectarse por 6 meses.Fotos
Susan Maushart (2 i), con sus hijos Anni, Sussy y Bill comparten un juego de mesa en Perth, Australia. Ella escribió un libro sobre su experiencia de desconectarse por 6 meses.
Susan Maushart vivió el sueño de todo padre moderno: Desconectó a sus hijos adolescentes.

Durante seis meses, Maushart quitó la internet, la televisión, los iPods, los celulares y los juegos de vídeo. El fantasmagórico brillo de las pantallas dejó de iluminar la sala de estar. Los aparatos electrónicos ya no sonaban por la noche, como "grillos maléficos". Y ella dejó de llevar su iPhone al baño.

El resultado de lo que Maushart llama "El Experimento" fue una inmersión en la vida real.

Como Maushart explica en un libro publicado en Estados Unidos y llamado "The Winter of Our Disconnect" (El invierno de nuestra desconexión), ella y sus hijos redescubrieron placeres simples, como juegos de tablero, libros, viejas fotos, cenas familiares y escuchar música juntos, en lugar de cada uno conectado a su propio iPod.

Su hijo Bill, un adicto a los juegos de vídeo, llenó su tiempo libre tocando saxofón. "Cambió Grand Theft Auto por las obras de Charlie Parker", escribió Maushart. Bill dice que El Experimento fue meramente la chispa, y que él habría vuelto a la música tarde o temprano. Sea lo que haya sido, él se dedicó tan seriamente al saxofón que cuando se acabó la veda electrónica, vendió su consola de juegos y ahora estudia música en la universidad.

La hija mayor de Maushart, Anni, estaba menos "conectada" y leía más que sus hermanos, así que su transición fue la más fácil. Sus amigos pensaron que la prohibición era "cool". Cuando necesitaba computadoras para hacer las tareas escolares, iba a la biblioteca. Incluso ahora, pasa tiempo sin conectarse a Facebook.

La hija menor de Maushart, Sussy, fue la que tuvo mayores dificultades. Maushart había decidido permitir el uso de internet, TV y otros aparatos electrónicos fuera de la casa, y Sussy inmediatamente adoptó esa opción, tomando su laptop y mudándose con su padre —el ex esposo de Maushart— por seis semanas. Cuando regresó a la casa de su madre, se pasaba horas hablando por el teléfono de línea fija.

Pero la privación electrónica tuvo su impacto de todas formas: Las calificaciones de Sussy mejoraron considerablemente. Maushart escribió que sus hijos "se despertaron lentamente del estado de cognitus interruptus que había caracterizado muchas de sus horas de vigilia, y se volvieron mejores pensadores".

Maushart decidió desconectar a la familia porque los muchachos —de 14, 15 y 18 años cuando comenzó El Experimento— no sólo usaban los medios, "vivían en ellos".

"No se acordaban de la época antes del correo electrónico, o los mensajes instantáneos, o Google", escribió.

Al igual que muchos adolescentes, no podían hacer sus tareas escolares sin escuchar música, actualizar sus páginas en Facebook e intercambiar mensajes instantáneos". Las niñas se habían vuelto "meros accesorios de su propio perfil en las redes sociales, como si la vida real fuese un ensayo con vestuario para la próxima actualización".

Maushart admite haber sido tan adicta como sus hijos. Neoyorquina de nacimiento, vivió en Perth, Australia, cerca de su ex esposo, y curaba su nostalgia con podcasts desde Estados Unidos. Su mayor reto durante El Experimento fue "abandonar la falsa ilusión de avestruz de que enterrar la cabeza en información y entretenimiento de mi país era tan bueno como estar allí".

Maushart comenzó El Experimento con una medida drástica: Cortó completamente la electricidad durante unas pocas semanas, usó velas en lugar de bombillas, tomó duchas frías y comió alimentos guardados en hieleras. Cuando se acabó el apagón, Maushart esperaba que la reacción de aprecio por la electricidad suavizaría la transición de sus hijos a la vida sin Google ni celulares.

Como resultado de El Experimento, Maushart hizo un cambio importante en su propia vida. En diciembre, se mudó de regreso a Longs Island, Nueva York, con Sussy. Por supuesto, la mudada perpetuó la necesidad de Maushart de vivir en dos lugares a la vez: Mantuvo su trabajo como columnista de un diario australiano y está "viviendo en Skype", porque sus otros dos hijos se quedaron en Australia estudiando la universidad. Irónicamente, la internet alivio la transición a Estados Unidos para Sussy, que usó Facebook para establecer amistad con niños en su nueva escuela antes de llegar.

Maushart entiende que vivir totalmente desconectado por seis meses no es algo realista para la mayoría de la gente. Pero alienta a las familias a desconectarse periódicamente. "Una forma de hacerlo es establecer un día a la semana sin pantallas. No como castigo, sino como algo especial", dice. "No hay un niño en el planeta que no preferiría jugar un juego de tablero que sentarse frente a su computadora".

La prensa globalizada en entredicho

Por Germán Uribe*




OPINIÓNSi algo ha venido diluyéndose a una velocidad vertiginosa en el entorno de nuestras vidas, ello es la fidelidad a la verdad.

Si algo ha venido diluyéndose a una velocidad vertiginosa en el entorno de nuestras vidas, ello es la fidelidad a la verdad, particularmente por parte de quienes ejercen la función de informar, es decir, por parte de los periodistas que son los verdaderos proveedores de noticias en el espectro mediático que hoy por hoy está alcanzando la categoría de poder definitorio en la sociedad de estos comienzos del siglo XXI.
La globalización le ha insuflado una vida tan irresistiblemente dinámica a los medios de comunicación y le viene aportando un impulso tan arrollador y sorprendente, que hace de estos ya no un cuarto sino casi un primer poder, extremadamente peligroso si se observa que ha inspirado al cada vez más reducido número de poderosos propietarios de medios a construir primero, y luego a creerse, un contenido informativo que asimilan como la única verdad de la que disponen pueblos y gobiernos para encauzar sus vidas, sus políticas y su futuro.

Es probablemente un nostálgico pero condenable retorno a la época aristocrática griega durante la cual eran los poderosos quienes determinaban en donde estaba lo verdadero, y en donde lo falso.

Juan Linares, en Semana.com (04/03/2011), nos pinta un cuadro estremecedor aunque fidedigno al respecto:

"Así el periodismo, que antes era una especie de servicio social, hoy defiende al capitalismo globalizado a través de siete grupos multimedia que controlan el 70% de los medios de comunicación mundial. Estas siete corporaciones: Fox News, Time Warner, Disney, Sony, Bertelsmann, Viacom y General Electric, controlan la TV, los satélites, las agencias de noticias, las revistas, las radios, los periódicos, las editoriales, la producción cinematográfica, la conexión a Internet, la distribución de películas, etc. Estos siete fantásticos son los que marcan la agenda de la guerra o de la paz en los países petroleros, les dictan las “nuevas ideas” a nuestros gobernantes e imponen sus valores culturales a nuestros pueblos."

Para muestra, el más reciente botón: Libia. Y los botones que seguramente vendrán: Siria, Irán, Yemen, Pakistán, ¿Venezuela?.

Y el mismo Linares, haciendo mención al tema de verdad y periodismo, dice que la verdad es la " piedra fundacional sobre la cual se asienta el periodismo". Debió decir más bien "sobre la cual está obligado a asentarse el periodismo", puesto que más adelante puntualiza que esa "verdad" periodística pertenece "al censo de las palabras sospechosas", dicho por nosotros ahora, no solamente sospechosa, sino difusa y desteñida y en un alto porcentaje simplemente desaparecida.

Si tenemos en cuenta la definición -muy aproximada- de objetividad periodística como aquella coincidencia entre la realidad y su escrupulosa descripción, sabemos de antemano que estamos hablando de materia extraña a los mandamases de los medios y sus subalternos comunicadores, porque mientras estos continúen aferrados a la práctica de la interpretación como la regla que domina la información, ni la sinceridad, ni la objetividad, ni el derecho a las noticias veraces, ni el interés de la comunidad, podrán salir bien librados.

Alguien hablaba recientemente de los riesgos que corría la prensa no tanto por los avances de la Internet que viene engulléndolo y agitándolo todo, como por la insistencia para que la objetividad -reclamo medular en este tema- permanezca como el prurito de la misión periodística. Decía el extravagante aunque gracioso analista que la objetividad hacía del periodismo algo vacío y frio, restándole la pasión innata al vértigo noticioso y dejando a los diarios y a los medios en general "sin sangre y sin alma". Vaya, vaya, manera desvergonzada ésta de buscar rentabilidad en un trueque entre el uso y abuso de la verdad y el rating o las tiradas millonarias que generen espléndidos beneficios económicos a los patrones y "señores" de la industria mediática.

Habría que notificarlo de una vez: la verdadera enfermedad del periodismo contemporáneo no es el manipuleo que se permite "sufrir" por parte de las ideologías. Ni tampoco de manera exclusiva su rendida pleitesía al poder político y a las recurrentes "versiones oficiales". Ni su alienación en los rendimientos económicos. Ni siquiera sus turbios conceptos éticos. Ni la sobradez con la que a menudo se muestra fungiendo como la dueña y señora de la "verdad" -su verdad, sí, en su delirio quizás, pero no la verdad nuestra- que, poco a poco y de manera casi imperceptible, ha venido convirtiendo en propiedad privada.

No. La verdadera enfermedad del periodismo de nuestros días es su
desprecio por la objetividad.

Pienso que lo único que puede hacer prevalecer la verdad y rendirle tributo a la objetividad en el fangoso mundo actual del imperio y la tiranía mediática, es la pasión amorosa -personal e individual- por el periodismo y el culto por su función social que seguramente anida en el alma y la inteligencia de numerosos honestos periodistas dispersos ellos por todo el el mundo.

Finalmente, "entredicho", dice el Diccionario de la lengua española, Wordreference, uno de los más visitados de la Internet, es la "duda que recae sobre algo o alguien, especialmente sobre su honradez o veracidad". He allí descrito en dos términos críticos mi punto de vista sobre la actual supremacía mediática, engendrada por la inagotable audacia del capitalismo y convenientemente globalizada para favorecer sus intereses.

guribe3@gmail.com 

martes, 7 de junio de 2011

Reducción de pobreza, logro y desafío del gobierno de Rafael Correa en Ecuador


Prensa Latina   

Reducir los índices heredados de pobreza en Ecuador, donde estaba en el 2006 más de la tercera parte de la población, es uno de los importantes avances logrados por la Revolución Ciudadana que lidera el presidente Rafael Correa, y sigue siendo hoy su mayor desafío. 

Con casi cinco millones en condición de pobreza, que representaban en el 2006 el 37,62 por ciento de los ecuatorianos, la reducción an 2010 de tal indicador al 32,76 por ciento significó en cuatro años sacar a 700 mil personas de ese estado.

Afirmar que cada vez hay menos pobres en Ecuador no significa desconocer una realidad que incluye todavía a casi tres de cada 10 personas, pero la reducción de 4,9 puntos porcentuales en cuatro años y de 7,6 puntos en la zona rural, es un avance considerable.

Así se refleja en el libro "100 logros de la Revolución Ciudadana" presentado este martes por René Ramírez, secretario nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades) en el cual precisa que la extrema pobreza cayó de 16,89 por ciento el 2006 a 13,9 el 2010.

Las cifras demuestran también que en estos cuatro años los pobres de Ecuador son menos pobres, pues la distancia entre el ingreso de una persona pobre con respecto a la línea de pobreza disminuyó del 8,5 por ciento al 6,8 por ciento entre marzo de 2007 y marzo de 2011.

Para ayudar a los más desprotegidos de la sociedad por debajo de la línea de pobreza, el Bono de Desarrollo Humano (BDH) pasó de 1,1 millón de beneficiarios en marzo de 2006 a 1,8 millones en marzo del 2011, y aumentó de 15 a 35 dólares mensuales.

El 67 por ciento de los actuales beneficiarios del BDH son madres solteras (un millón 197 mil), un 28 por ciento adultos mayores (503,5 mil), un cuatro por ciento personas con discapacidad (70,2 mil) y un uno por ciento menores de edad con discapacidad (20 mil).

Las zonas rurales, tradicionalmente las más excluidas, han visto descender la pobreza de manera significativa, y su porcentaje respecto a la Población Económicamente Activa (PEA) agrícola bajó de 59,57 por ciento el 2006 a 50,09 por ciento el 2010.

En estos cuatro años el gobierno ha entregado 700 mil créditos a ecuatorianos anteriormente excluidos para que sean dueños de sus pequeños negocios y el crecimiento de la recaudación de impuestos para beneficio social creció un 79 por ciento entre 2006 y 2010.

Sin dudas es mucho aún lo que falta por hacer para lograr la equidad y justicia social que proclama la Constitución de 2008, pero por ese camino avanza la Revolución Ciudadana bajo la dirección del presidente Rafael Correa.

Prensa Latina, junio 1 de 2011.

La ciencia es siempre provisional

«El camino por el cual la ciencia llega a sus ideas es enteramente diferente del de la teología medieval. La experiencia ha mostrado que es peligroso partir de principios generales y proceder deductivamente, por los principios puedes ser falsos y porque el razonamiento basado en ellos puede ser falaz. La ciencia parte no de amplias presunciones, si no de los hechos particulares descubiertos por la observación o el experimento. De un cierto número de tales hechos se llega a una regla general, de la cual, si es cierta, los hechos en cuestión son otros tantos casos. Esta regla no se afirma positivamente, pero se acepta al empezar como una hipótesis de trabajo. Si es correcta, ciertos fenómenos no observados hasta entonces tendrán lugar en ciertas circunstancias. Si se encuentra que se producen, la hipótesis se confirma; si no, debe ser descartada y hay que idear una nueva. Establecer que muchos hechos se ajustan a la hipótesis no la hace cierta, aun cuando al final no pueda llegar a ser pensada como probable en alto grado; en este caso es llamada una teoría más que una hipótesis. Un cierto número de teorías diferentes, cada una construida directamente sobre hechos, uede llegar a ser la base de una hipótesis nueva y más general de la cual, si es verdadera, las demás infieren. A este proceso de generalización no se le puede poner límite. Mientras que en el pensamiento medieval los principios más generales eran el punto de partida, en la ciencia constituyen la última conclusión —es decir, última en un momento dado, aunque expuesta a convertirse en un caso de una ley aun más amplia en una etapa posterior.

El credo religioso difiere de la teoría científica porque pretende encarnar una verdad eterna y absolutamente cierta, mientras que la ciencia es siempre provisional, esperando que tarde o temprano haya necesidad de modificar sus teorías presentes, consciente de que su método es lógicamente incapaz de llegar a una demostración completa y final. Pero en una ciencia avanzada, los cambios requeridos son generalmente sólo aquellos que sirven para proporcionar mayor exactitud; las viejas teorías conservan su utilidad mientras se trate de aproximaciones toscas, pero fallan cuando se hacen posibles algunas nuevas observaciones minuciosas. Además, las invenciones técnicas sugeridas por las viejas teorías quedan como prueba de que han tenido hasta cierto punto una especie de verdad práctica. La ciencia favorece así el abandono de la investigación de la verdad absoluta, y la sustitución de ella por lo que puede llamarse verdad “técnica”, categoría de verdad que corresponde a toda teoría que pueda emplearse con éxito en invenciones y en la predicción del futuro. La verdad “técnica” es una cuestión de grado; un teoría de la que brotan más invenciones y predicciones de éxito, es más verdadera que la que da origen a menos. El “conocimiento” deja de ser un espejo intelectual del universo y llega a convertirse en mera herramienta práctica en la manipulación de la materia. Estas implicaciones del método científico no eran visibles a los pioneros de la ciencia, que aunque practicaban un nuevo método de buscar la verdad, aun concebían la verdad misma tan absoluta como sus oponentes teológicos.

Existe una diferencia importante entre concepción medieval y la de la ciencia moderna en lo que respecta a la autoridad. Para los escolásticos, la Biblia, los dogmas de la fe católica y (casi igualmente) las enseñanzas de Aristóteles estaban fuera de toda duda; el pensamiento original, y aun la investigación de los hechos, no deben sobrepasar las fronteras inmutables asignadas a la audacia especulativa. Si hay pueblos en los antípodas, si Júpiter tiene satélites, y si los cuerpos caen a una velocidad proporcional a su masa, eran cuestiones que había que decidir no por la observación, sino por la deducción de Aristóteles o las Escrituras. En conflicto entre teología y la ciencia venía a ser un conflicto entre la autoridad y la observación. Los hombres de ciencia no piden que las proposiciones sean creídas porque alguna autoridad importante ha dicho que son verdaderas; al contrario, apelan, a la prueba de los sentidos y sostienen tales doctrinas cuando creen que están basadas en hechos patentes a todos los que hacen las observaciones necesarias. El nuevo método logró inmenso éxito, tanto teórico como práctico, hasta el punto de forzar gradualmente a la teología a acomodarse a la ciencia. Los pasajes inconvenientes de la Biblia fueron interpretados en forma alegórica o figurada; los protestantes transfirieron el asiento de la autoridad en la religión, primero, de la iglesia y de la Biblia sólo a la Biblia y luego al alma individual. Se llegó a reconocer poco a poco que la vida religiosa no depende de declaraciones respecto a cuestiones de hecho, por ejemplo, la existencia histórica de Adán y Eva. De este modo la religión, rindiendo las avanzadas, trataba de preservar intacta la ciudadela —queda por ver si con éxito».

Religión y ciencia (1934)
[Extracto del libro escrito por Bertrand Russell]

miércoles, 25 de mayo de 2011

Experiencias extracorporales (o no) Por qué el cerebro nos engaña

Las experiencias sobrenaturales son fruto de las
 alucinaciones visuales y auditivas que sufre nuestro cerebro.
En el año 1955, mientras realizaba una operación de epilepsia, el neurocirujano canadienseWilder Penfield estimuló una zona del cerebro de su paciente que le provocó un sobresalto. “Estoy abandonando mi cuerpo”, aseguró el sujeto mientras el médico estimulaba eléctricamente su giro angular. Aquella fue la primera demostración de que muchas de las impresiones supuestamente paranormales que experimentan algunas personas tienen una base neurológica que puede explicar el fenómeno. Décadas de experimentos y estimulación cerebral han llevado a los neurocientíficos a identificar las zonas del cerebro y los procesos que entran en acción durante una de estas experiencias. Abducciones, encuentros demoníacos, auras y demás experiencias místicas pueden tener una explicación científica algo más prosaica pero no menos fascinante. Éstas son algunas de las respuestas que da la neurociencia.
Estoy en el techo”
“Si nos estimulan la corteza parietal derecha con un electrodo (mientras estamos despiertos y conscientes)”, escribe el prestigioso neurocientífico V. S. Ramachandran, “por un instante parecerá que flotamos cerca del techo y veremos nuestro cuerpo abajo”. La experiencia de abandonar el propio cuerpo no sólo está asociada con las vivencias cercanas a la muerte, el consumo de algunas drogas como la ketamina o situaciones extremas como las que viven los pilotos de caza, también ha sido recreada en el laboratorio. La clave está en estimular una zona concreta del hemisferio derecho del cerebro conocida como giro angular.
Siguiendo los pasos del pionero Wilder Penfield, el neurólogo suizo Olaf Blanke, del Hospital Universitario de Ginebra, ha comprobado los efectos de la estimulación de esta zona en alguno de sus pacientes. En diciembre del año 2000, una mujer de 43 años llamada Heidi entró en el quirófano del doctor Blanke para tratar de encontrar una solución a su epilepsia. Como en otros muchos casos, los médicos colocaron decenas de electrodos en su cerebro y los fueron activando alternativamente hasta llegar al giro angular. La mujer se detuvo entonces y les dijo a los doctores que se encontraba en el techo del quirófano y que veía su propio cuerpo desde allí arriba. “Estoy en el techo”, exclamó, “estoy mirando hacia abajo, a mis piernas. Les veo a los tres”.
En el año 2007, The New England Journal of Medicine publicó una experiencia parecida a cargo de médicos británicos y holandeses. Una mujer de 63 años aquejada de tinnitus (un ruido persistente en el oído) reportó que estaba saliendo de su cuerpo cuando los electrodos estimularon su giro angular, y que se encontraba a sí misma desplazada 50 centímetros por detrás de su cuerpo y un poco a la izquierda. Las experiencias duraban alrededor de 17 segundos y se descartó cualquier efecto placebo.
¿Qué sucede durante estos breves períodos de tiempo en que uno se siente fuera de su cuerpo? Los científicos aseguran que estas áreas del cerebro están directamente relacionadas con la percepción que tenemos de nosotros mismos, la orientación y el equilibrio vestibular. Una estimulación del giro angular derecho puede alterar esta percepción y provocar esta especie de ilusión de encontrarse fuera de uno mismo. ¿Y las personas que lo experimentan sin estimulación “artificial” de la zona? “Una explicación del fenómeno”, escribe Sandra Blakeslee en su libro “El mandala del cuerpo” (La liebre de marzo, 2009), “es la alteración en el flujo sanguíneo. Grandes arterias convergen cerca del giro angular dentro de nuestro cerebro. Si algo comprime esta área, nuestras sensaciones corporales pueden llegar a desorientarse. Podemos llegar a sentir que nuestro cuerpo está flotando sobre la mesa de operaciones o la escena de un accidente de tráfico”.
Una luz al final del túnel
James Whinnery es cirujano de la Marina estadounidense y lleva desde los años 70 realizando pruebas con pilotos de cazas. Para ello utiliza una centrifugadora con un brazo de 15 metros y una pequeña cabina que gira a toda velocidad y simula las fuerzas G que tienen que soportar los pilotos durante el vuelo. Durante los últimos veinte años, Whinnery ha sometido a la prueba a más de 500 pilotos para estudiar el fenómeno conocido como “black out”, el momento en que el cerebro de los pilotos empieza a quedarse sin oxígeno, se produce la visión de túnel y terminan perdiendo el conocimiento. De los 500 pilotos, al menos 40 vivieron la experiencia de salir de su propio cuerpo y algunos relatan experiencias parecidas a las cercanas a la muerte.
Durante las pruebas, los pilotos han llegado a alcanzar hasta 12G durante unos instantes, cerca del límite que les provocaría la muerte. Cada desmayo dura un promedio de entre 12 y 24 segundos y los pilotos relatan experiencias parecidas a las que otros compañeros han vivido alguna vez en vuelo: verse fuera del avión, sentado en un ala, o colocados junto encima de la cabina mientras se ven a sí mismos desde arriba. Entre el 10 y el 15% relatan experiencias similares a las cercanas a la muerte, con la característica luz al final de un túnel.
Esta experiencia tan común entre las personas que han sobrevivido a un accidente grave aún no tiene una explicación oficial, pero son muchos los indicios que apuntan a que la respuesta está en el cerebro. Algunos investigadores, como el doctor Richard Strassman, de la Universidad de Nuevo México, aseguran que la glándula pineal segrega un alucinógeno natural llamado Dimetiltriptamina (DMT) que produciría la experiencia del túnel y las visiones. Otros, como el doctor Birk Engmann, de la Universidad de Leipzig, aseguran que la ausencia de riego sanguíneo (anoxia) está detrás del carrusel de visiones que se desatan en el momento que precede a la muerte. La sensación placentera o de euforia, también descrita por los pilotos antes de los desmayos, se atribuye a la segregación de sustancias como la dopamina o la serotonina, aunque aún no está claro cuál es la respuesta exacta que está detrás de todos estas experiencias.
La doctora Willoughby B. Britton, de la Universidad de Arizona, ha hecho un estudio que plantea una tesis aún más atrevida. Para su experimento tomó a 23 sujetos que habían tenido una experiencia cercana a la muerte y un grupo de control sin experiencia ni ningún tipo de estrés post-traumático. Tras escanear sus cerebros mientras dormían, descubrió que los patrones de sueño de unos y otros eran muy diferentes y encontró que una parte significativa (hasta un 20%) de los que habían visto la luz al final del túnel mostraban el mismo patrón en el lóbulo temporal que los enfermos de epilepsia y mayor actividad en la zona asociada con las vivencias místicas y religiosas. En su opinión, estas diferencias son significativas e indican que la diferencia de actividad en el lóbulo temporal tiene que ver con las alucinaciones generadas durante las experiencias cercanas a la muerte.
¿Auras? ¿Energía? No, sinestesia
Si hacemos caso a los parapsicólogos, parece que los seres humanos caminamos por la vida irradiando un halo de “energía vital” a nuestro alrededor que ellos conocen como “aura”. Aparte de que la existencia del alma o de los “chakras” no se sostiene empíricamente, la ciencia empieza a encontrar otras posibles explicaciones a la percepción del fenómeno en algunas personas, relacionadas con una propiedad del cerebro conocida como sinestesia. El grupo de investigación de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Granada lo define como “una facultad poco común que tienen algunas personas, que consiste en experimentar sensaciones de una modalidad sensorial particular a partir de estímulos de otra modalidad distinta”. Es decir, personas que ven una letra o una nota musical y la asocian automáticamente a un color, entre otras sensaciones.
Un estudio publicado en 2004 por el doctor Jamie Ward, de la Universidad de Londres, documentaba el caso de una paciente capaz de identificar auras de colores sobre las personas debido a un caso de sinestesia emoción-color. A pesar de que ella no creía tener ningún tipo de poder sobrenatural, identificaba las personas a las que conocía con un color determinado y esta respuesta emocional le hacía ver un “aura” alrededor de ellos cuando los tenía frente a sí. Algunos neurocientíficos se plantean si este modo de sinestesia no puede estar detrás del fenómeno conocido durante siglos como aura. De este modo, lejos de tener que ver con vagas energías y espíritus indetectables, el aura tendría su origen en una peculiaridad del lóbulo parietal de algunas personas.
En cualquier caso, cada vez que se ha sometido públicamente a prueba la supuesta capacidad de uno de los autoproclamados “detectores de auras” los resultados han dado la razón a los escépticos. El mago James Randi llevó a uno de estos individuos a su programa y no fue capaz de asociar correctamente las personas que se escondían detrás de un biombo con sus respectivos halos energéticos. En otros casos, los supuestos videntes no han sido capaces de saber siquiera que lo que se escondía detrás del biombo no era una persona sino un maniquí.
Íncubos, abducciones y falsos recuerdos
Algunas de las experiencias esotéricas más conocidas tienen como protagonistas a los llamados “visitantes de dormitorio”. Criaturas demoníacas que poseen nuestro cuerpo, alienígenas que nos secuestran en mitad de la noche y nos someten a todo tipo de pruebas o vejaciones. Afortunadamente, si usted ha tenido una de estas experiencia parece casi descartado que sufra un trastorno mental grave. Lo que indica la ciencia es que casi con total certeza ha sido víctima de un episodio de “parálisis del sueño” y de una alucinación hipnogógica.
Mientras dormimos, nuestro cuerpo queda parcialmente paralizado, entre otras cosas, para evitar sobresaltos innecesarios y que nos pongamos a dar pedales si soñamos que estamos subiendo el Tourmalet. En ocasiones, en este estado “hipnogógico”, la persona recobra momentáneamente la conciencia y sigue paralizado durante un buen rato. En este estado entre la vigilia y el sueño se producen alucinaciones bien documentadas en los laboratorios del sueño. La persona no se puede mover y siente que la trasladan o que seres imaginarios la secuestran y manipulan. Aunque la víctima asegura estar despierta y recordar todo lo que sucedía a su alrededor, los experimentos demuestran que buena parte de los sujetos ni siquiera abre los ojos.
Estas alucinaciones han sido interpretadas de diferente manera en función de la época y la cultura. Durante siglos, en Europa, las víctimas de este fenómeno hablaban de visitas de íncubos y súcubos, o de brujas que les llevaban a volar en plena noche. En China se interpreta como la visita de un fantasma inoportuno, en Nigeria es un “demonio en tu espalda” y en Turquía es una criatura que se sienta en el pecho y roba la respiración. En la sociedad occidental, al cambiar los parámetros culturales, se cree que muchos de los testimonios de supuestas abducciones alienígenas no son más que una reinterpretación de este mito causado por la parálisis del sueño y por el fenómeno de los “falsos recuerdos”.
Jesucristo en una tostada
La evolución de nuestro cerebro le ha llevado a desarrollar algunas características muy peculiares pero esenciales para nuestra supervivencia. Por un lado tiende a recopilar los fragmentos de información y a completar los huecos, y por otro es especialmente bueno en el reconocimiento de caras. Éstas y otras características explican un fenómeno conocido como “pareidolia”, el que lleva a algunas personas a distinguir la cara de un santo en las humedades del techo o los ojos y la boca del hombre en la Luna. Es decir, vemos caras o patrones reconocibles donde sólo hay estímulos al azar.
Nuestra capacidad para juntar información e interpretarla puede habernos proporcionado una ventaja evolutiva. Para explicarlo, siempre se pone el ejemplo del hombre primitivo que ve varias manchas amarillas tras un matorral y cuyo cerebro decide interpretar que detrás hay un tigre: es probable que el que no reuniera la información a tiempo no consiguiera que sus genes llegaran muy lejos. Por otro lado, la capacidad para reconocer caras frente a cualquier otra disposición geométrica en el espacio, se ha comprobado sistemáticamente en los bebés y tiene un componente innato.
De acuerdo con la neurociencia, el fenómeno psicológico de la pareidolia está detrás de experiencias paranormales tan variadas como las apariciones marianas, la visión de ovnis o las experiencias con fantasmas. Como sucedía con las visiones de dormitorio, tendemos a interpretar estos sucesos en función de unos patrones culturales que ya tenemos y que el cerebro utiliza a modo de filtro. Este tipo de ilusiones no son solo visuales, sino también auditivas. El famoso experimento del psicólogo Christopher French, que en España emula con gran éxito el periodista Luis Alfonso Gámez, consiste en reproducir un fragmento al revés de una canción de Led Zepelin ante un auditorio. Cuando el experimentador da unas pautas para interpretarlo en términos satánicos, nuestro cerebro ya no puede dejar de oírlo.
Todos estos fenómenos, y muchos otros, empiezan a ser aclarados a la luz de la neurociencia y otras ramas experimentales. Aún queda un largo camino por recorrer, pero el conocimiento de nuestro cerebro permitirá algún día conocer perfectamente los mecanismos que nos llevan a extremos como la visión de alienígenas, fantasmas y a generar todo tipo de supersticiones. Hasta entonces, no podemos más que agarrarnos a lo que dicen los experimentos y los hechos que se pueden probar en un laboratorio. Si existe algo real fuera de nuestras propias imaginaciones, sin duda se investigará. Hasta entonces habrá que descartar todo aquello que se mueve en esa difusa frontera que separa nuestras creencias de las alucinaciones.

lunes, 23 de mayo de 2011

New Scientist: Religion is irrational, but so is atheism/Thou shalt

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Ensalada Filosófica. 

Why are some people religious and others atheists? Do we really know what we mean by atheism? Here is a very paradoxical clue
IN THIS space a year ago, Lois Lee and Stephen Bullivant called for a science of “non-religion”. They provided evidence against the idea that more education leads to less religious belief, which they call the “Enlightenment assumption”, and argued that we know little about why we have the beliefs we do (6 March 2010, p 26).
I agree. The origins of our beliefs are more mysterious than the Enlightenment assumption holds. Besides specific studies of education and religiosity, we also have a wealth of evidence showing the impact of unconscious biases on our thinking, which demonstrate the human mind is less rational than many of us would wish. The implication is that explaining religion or atheism is less a matter of explaining what goes wrong in otherwise rational minds and more a matter of explaining how different environments affect universal cognitive mechanisms.
But what, precisely, are we to explain? I spent 2008 researching atheism in the US, UK, Denmark and online. I found a great diversity of “atheisms”, from a lack of belief in God to a lack of belief in all supernatural agents to a moral opposition to all religions. So how is a science of all this to proceed? I think we need to get past the terms themselves and focus on patterns of thought and behaviour.
Two phenomena leapt out at me in 2008. The first was the large number of people lacking belief in all supernatural agents. This phenomenon is interesting both because of the universality of religious beliefs, and because of work by cognitive scientists of religion such as Pascal Boyer at Washington University, St Louis, and Jesse Bering at Queen’s University, Belfast in the UK. This suggests such beliefs are well-supported by pan-human cognitive mechanisms. These mechanisms range from our tendency to detect agency in our environment to an unconscious assumption that we are always being watched by some supernatural agency.
The second phenomenon was moral opposition to religious beliefs and values. For many, religions are not just factually wrong but morally harmful and to be opposed. This phenomenon is interesting not only because of current controversies concerning religion and public life but because it raises fascinating questions about how moral judgements arise from both pan-human intuitions and particular socio-cultural environments. I have my own terms for these distinct phenomena: I call the lack of belief in the existence of supernatural agents “non-theism” and the moral opposition to religious beliefs and values “strong atheism”. The majority of Danes are non-theistic; few are strong atheists.
While distinguishing between the two is important, it is only a first step towards explaining these patterns of thought and behaviour. The next step is to notice patterns in their distribution. Not only do we find more non-theism and strong atheism in some places, but we even find, at least in the west, that they are negatively correlated. Denmark and Sweden, for instance, have the highest proportion of non-theists but very little strong atheist sentiment or activity. The US, however, has a very low proportion of non-theists but significant levels of strong atheism.
Why? In a word: threat. That is, I believe the distributions we see in levels of non-theism and strong atheism can be explained by the effects of threatening stimuli. Let’s take non-theism first. We have compelling evidence from Pippa Norris and Ronald Inglehart in Sacred and Secular that nations with high existential security, that is the perception that one’s life, well-being and society are secure, exhibit less religious belief and behaviour. But we also have good reasons to doubt the common explanation of this pattern, that religion provides comfort and becomes more convincing in trying times.
Anthropologically, societies in existentially insecure environments actually believe in very non-comforting supernatural agents. In contrast, the most comforting religious ideas, such as New Age spirituality or hell-less Christianity, flourish in the affluent west. Psychologically, we have little to no evidence that our minds will believe in something just because it would be comforting to do so.
So how do we explain the link between existential security and non-theism? Rather than a “comfort” theory, evidence supports a “threat and action” theory. We have an abundance of evidence from psychology and anthropology that feeling under threat increases commitment to in-group ideologies, whether they are religious ideologies or not.
Threats also increase the motivation to participate in religious communities to obtain material benefits. For example, in many contexts, religions are the only game in town for social insurance. Finally, we have evidence that from prayer to psalm recitation, threats increase superstitious behaviour. Increased commitment, participation and superstitious behaviour are all actions, not just words, that testify to religious beliefs.
How important are such actions in producing theism? Crucial. Work by Joseph Henrich from the University of British Columbia in Vancouver, Canada, myself, and others suggests that humans believe the statements of others to the extent that they back those statements with actions. That is, rather than believing everything authority figures say, we believe to the extent that they “walk the walk” and not just “talk the talk”. The implication is that if parents and others believe in supernatural agents but do not show these beliefs through attendance, self-sacrifice, rule obedience and/or emotional displays, they will find their children sceptical of these beliefs and their society less theistic.
This is what happened in Scandinavia in the 20th century as governments instituted extensive welfare policies for ethnically homogenous populations. Fewer economic and social threats meant less religious action and, in the span of a generation, levels of theism fell. The US, on the other hand, instituted comparatively weak social welfare policies for a more divided population. Consequently, it saw little decline in theism.
But what of strong atheism? Counter-intuitively, while I think that a lack of social and economic threat produces non-theism, I believe that higher levels of threat to a particular vision of society help produce strong atheism. Strong atheism is not the absence of an in-group ideology but the defence of one: modern secularism.
Many scholars, including philosopher Charles Taylor in A Secular Age, have documented the emergence of a new vision of western societies in the wake of the Protestant Reformation and the growth of modern nation states. Societies were no longer seen by most of their citizens as kingdoms under God but as societies of mutual benefit in which citizens use their rational minds to cooperate and improve their lives. When religions stood in the way of this by denying individual liberty and pleasure and by asserting that the purpose of life should be transcendent rather than earthly well-being, religions themselves became anti-social and even immoral.
We can partially explain strong atheist sentiment and activity as the result of religious threats to this secular vision of society. Supporting evidence is chronological and geographical. Chronologically, we find Sam Harris writingThe End of Faith as a response to 9/11; strong atheists in the US picking up Richard Dawkins’s The God Delusion and joining atheist groups after the re-election of George W. Bush; and many Danes joining the Danish Atheist Society after the Muhammad cartoon controversy.
Geographical evidence can be seen in the contrast between the US and Denmark. In the US, where many Christian conservatives make no secret of their desire to govern by “Biblical” principles, we find hundreds of atheist organisations and thousands of people expressing the view that religion is immoral and to be combated through argument. In Denmark and Sweden, with little threat of politicians governing by religious principles, we find fewer atheist organisations and, in organisations that do exist, much less activity.
My account is based on both qualitative and quantitative evidence, but it requires further research. An overall point can be made, however. Our beliefs, behaviours and moral sentiments are not simply the result of dispassionate reason. As psychologists and anthropologists have argued for some time, to understand them involves considering something we might call “human nature” as well as the particular socio-cultural contexts in which people live. This is as true for explaining atheism as it is for religion.