Una sensación de desconfianza caracteriza nuestra época; pero ¿Qué es la confianza? Es la fe en alguien o algo, sea una persona o una institución, esa fe que parece no existir en el campo político y que escasea en la vida diaria. La hipótesis de Victoria Camps es que el origen de la desconfianza surge del extremo “individualismo” actual, una forma de vivir instalada en nuestras sociedades a la que le sobra egoísmo y le falta cooperación. Vivimos en una era de desconfianza, egoísta y carente de dimensión moral.
Lo que destaca Camps es que este hiperindividualismo se afirma en la libertad, pero en una visión distorsionada del valor de la libertad. Una visión distorsionada que ha dado forma a un sujeto insensible hacia las necesidades ajenas, que solo se ocupa de sí mismo y no se muestra comprometido con problemas que no le afecten directamente.
No es la versión liberal de la libertad, sino la visión libertaria. Es una idea reduccionista de la libertad que se afirma en el dominio de la sociedad de mercado que habilita a la satisfacción de todos los deseos, sin mayores límites, lo que queda lejos de lo que la filosofía entiende por libertad, en tanto autonomía moral.
Autonomía moral es la capacidad de elegir y tomar decisiones, pero previa reflexión en torno a una pregunta esencial: ¿qué debo hacer? La libertad en sentido moral parte de la convicción de que ser libre es poder decidir cómo vivir, ser libre significa poder elegir, bien o mal, acertar o equivocarse, con una única limitación: aquello que prohíbe hacerle daño a los demás. A esa posibilidad de elegir entre el bien y el mal lo llamamos “libertad”.